Origen, tiempo y una clara vocación gastronómica

Durante mucho tiempo, el vino blanco ha cargado con la etiqueta de bebida ligera, estival, reservada a los aperitivos y las terrazas. Un trámite en la copa, vaya. Una injusticia. El tinto acaparaba la atención en los restaurantes, en las grandes mesas y en las conversaciones de los entendidos (y de los aspirantes a serlo). Pero el paisaje —también el climático— se está moviendo y con él nuestra manera de disfrutar en la mesa. Las vendimias se adelantan, los veranos son cada vez más largos y en España se empieza a mirar al vino blanco con otros ojos.
Esta nueva sensibilidad hacia los blancos con carácter tiene un reflejo perfecto en Rueda con el nuevo vino verdejo de Ramón Bilbao, que actualiza lo que se espera de un blanco español. En esa apuesta se incluye también la renovación del packaging, con una etiqueta más sofisticada y contemporánea, pero el verdadero cambio está dentro de la botella. El nuevo verdejo es un vino con vocación gastronómica, nacido de una crianza sobre lías finas durante seis meses que lo dota de una complejidad poco habitual en esta variedad. Es un vino capaz de acompañar una comida de principio a fin.
Estructura y sabor
El trabajo de los enólogos de la bodega busca escapar de la expresión más previsible del verdejo para construir un vino con mayor profundidad y presencia gastronómica. La crianza se realiza en cuba, utilizando materiales como el hormigón y el acero inoxidable, que respetan al máximo la expresión varietal. «La estructura, untuosidad y volumen sedoso en boca provienen de una meticulosa crianza sobre lías finas de verdejo durante seis meses», explica Sara Bañuelos, enóloga de Ramón Bilbao Rueda. El resultado se aleja de esa homogeneidad tropical y fermentativa habitual en la región. En nariz aparece una fruta compleja e intensamente aromática, a la que acompaña un guiño herbáceo muy ligado a la variedad, con el hinojo como nota especialmente reconocible. En boca, la crianza se traduce en estructura, untuosidad y un volumen sedoso que acaricia el paladar.
Ese carácter, menos evidente y más complejo que el de la mayoría de los verdejos, es lo que lo convierte en un compañero natural de la mesa. No es un vino de fondo, para beber solo; pide un plato que lo acompañe. Su equilibrio entre la acidez, el volumen y la expresión aromática le permite adaptarse tanto a un pescado a la brasa como a un arroz meloso o a un queso curado, todos ellos platos que piden algo más que un blanquito ligero. Se trata de un vino pensado para el momento en que la comida y el vino se convierten en protagonistas encuentran el equilibrio entre sí.
Esencia del lugar
La razón de ser de este vino está en la tierra de la que nace. La bodega cuenta con 60 hectáreas de verdejo y sauvignon blanc en Rueda, entre las que destaca Finca Las Amedias, una parcela plantada en 1999 —el resto del viñedo es de 2016— situada a 770 metros de altitud. Este dato no es menor. La acción del viento mantiene la uva en perfecto estado todo el año y contribuye a preservar un frescor aromático que después se reconoce en la copa. A estas virtudes se suma la variedad de suelos que dialogan con la uva y dotan al vino de la expresión de su origen.
Esta conexión con la tierra se puede vivir más allá de la copa. Como extensión de la visita a la bodega, Ramón Bilbao propone una experiencia gastro en formato picnic. A tan solo una hora de Madrid, es un plan ideal en primavera, verano y otoño. En el almuerzo se disfruta de una selección de productos gourmet de proximidad. Se sirve entre las vides e invita a sentir el viñedo desde dentro para recuperar algo excepcional: una conversación relajada, alrededor de la mesa, en el lugar en el que el vino empieza.
Disfruta de un consumo responsable. No compartas este contenido con menores de 18 años.
Source link