Es de los mayores detonantes de trastornos mentales

La conversación pública en torno al consumo de drogas entre los más jóvenes suele centrarse en las consecuencias inmediatas, como los accidentes de tráfico o los comportamientos de riesgo. Sin embargo, profesionales del ámbito de la psicología y la salud mental, como la psicóloga Carla Chachi, advierten de un peligro mucho menos visible pero de efectos irreversibles: la interacción entre la herencia genética y el consumo de sustancias como detonante de graves patologías psiquiátricas.
«¿Sabéis cuál es uno de los mayores desencadenantes de los trastornos mentales? El consumo de drogas», señala una psicóloga al analizar el impacto del consumo en edades tempranas. La experta lamenta la falta de concienciación en el sistema educativo respecto a este problema: «Me parece supermal que esto no se enseñe en los colegios nada más entras».
La «lotería» de la genética
El punto de partida del riesgo radica en la variabilidad genética individual. Toda persona nace con una determinada carga biológica cuya composición exacta desconoce por completo. «Tú y todos nacemos con una predisposición genética. Es decir, tú naces con unos genes que no sabes cómo son y no sabes qué alteraciones tienen», explica la especialista, quien añade que «la genética es una lotería; no sabes lo que te va a tocar y, peor aún, no sabes lo que te ha tocado».
A menudo, esta vulnerabilidad biológica permanece latente a lo largo de toda la vida sin manifestarse, a menos que intervenga un elemento externo que actúe como catalizador. «Muchísima gente puede tener esa predisposición que ante un detonante se activa, y que como no hay ningún detonante grave, pues nunca se llega a activar (…). O puede que te ocurra algo, ese disparador haga clic y de repente desarrolles un trastorno mental», advierte. La psicóloga aclara que no se refiere a episodios leves o transitorios, sino a diagnósticos severos: «No te estoy hablando de una poquita de ansiedad; te estoy hablando de una esquizofrenia, te estoy hablando de una bipolaridad».
La vulnerabilidad del cerebro en desarrollo
Entre los factores que pueden desencadenar estas patologías —como traumas infantiles o situaciones de estrés extremo—, el consumo de sustancias químicas ocupa un lugar predominante, especialmente durante la etapa de desarrollo cerebral. «El consumo de cannabis, es decir, marihuana, en la adolescencia es uno de los mayores disparadores», afirma la profesional.
El motivo de este impacto desproporcionado radica en la maduración neurológica. Existe un periodo crítico que abarca desde la pubertad hasta el inicio de la edad adulta: «Hay una cosa que se llama la ‘ventana crítica’, y es en la adolescencia, que va básicamente desde los 12 años hasta los 25. Porque hasta los 25 tu cerebro no se acaba de formar del todo. Entonces, como sigue siendo una plastilina, cualquier cosa que le hagas le afecta 8.000 veces más».
Un cambio de enfoque en la prevención
Frente a las campañas informativas tradicionales centradas en los peligros colaterales del consumo, los expertos abogan por reorientar el mensaje hacia la prevención de la salud mental a largo plazo. Se trata de trasladar a los jóvenes una comprensión real de los riesgos a los que se exponen al consumir sustancias durante la fase de desarrollo.
«El mensaje a la gente joven no debería ser «las drogas son malas porque puedes conducir peor o asumes más riesgos». Las drogas son malas porque, como tengas una predisposición genética… es que no sabéis lo que es un trastorno mental, de verdad. No sabéis lo duro que es tener un trastorno mental», concluye la psicóloga.
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