El objetivo no es rendir más, sino vivir mejor

Entre ayunos intermitentes, infinidad de suplementos para cada función del organismo, relojes y anillos que analizan la calidad del sueño, cuentan los pasos y registran datos de salud y rutinas de entrenamiento diseñadas para optimizar hasta el último minuto del día a base de cardio, fuerza y, como no, pilates reformer… El bienestar empieza a sentirse más como una obligación que como algo placentero.
Pero tenemos buenas noticias: la conversación sobre wellness está tomando una nueva dirección. Más sencilla, más humana, más confortable y, lo más importante, más compatible con la vida real. «La salud no debería convertirse en otra fuente de presión», advierte Liliana Paraipan, directora de Wellness & Spa de ZEM Wellness Clinic Altea, mientras que el doctor Antonio L. Aguilar Shea, especialista en Medicina Familiar y Longevidad en Teladoc Health International, plataforma de telemedicina de Cando, resume el cambio de paradigma en una idea: «Medir o seguir rutinas puede ayudar, pero el objetivo no es rendir más, sino vivir mejor».
A esta nueva forma de entender el autocuidado se la conoce como biohacking soft: una versión menos obsesiva del bienestar que recupera algo muy simple pero que habíamos olvidado. Dormir bien, caminar a diario, ver la luz del sol o aprender a gestionar el estrés son algunas de las herramientas más potentes para sentirse mejor.
¿Qué es exactamente el biohacking soft?
Si el biohacking tal y como lo conocíamos buscaba optimizar el cuerpo a través de la tecnología y la monitorización constante, su versión suave apuesta por algo diferente: trabajar a favor del organismo, no en contra de este. «La obsesión con las métricas y la monitorización continua puede generar mayor estrés y hacer nuestra vida más rígida», explica Aguilar Shea. Por eso define el fenómeno como «una evolución del biohacking clásico hacia un enfoque más sencillo, no invasivo y sostenible, centrado en pequeños ajustes de estilo de vida sin obsesionarse».
Una visión compartida por Yvette Pons, especialista en bioestética funcional y fundadora del Institut Yvette Pons, para quien el objetivo ya no es ‘hackear’ el cuerpo sino acompañarlo. «Cada vez más personas optan por incorporar pequeñas acciones con impacto acumulativo: prestar atención a los ritmos circadianos, la respiración, la regulación del estrés, la postura, la salud metabólica o la alimentación».
Para Patricia Cuenca, directora técnica y nutricionista de Oxigen, parte del éxito del biohacking soft tiene que ver con un cambio de mentalidad especialmente relevante para las mujeres. «Conecta especialmente con muchas mujeres porque históricamente hemos recibido muchísima presión sobre cómo deberíamos vernos, rendir o cuidarnos. Esta nueva mirada propone algo más sostenible: escuchar el cuerpo en lugar de vivir intentando corregirlo constantemente».
El regreso de los hábitos aburridos (y efectivos)
No son los gestos o hábitos que mejor quedan en titulares ni tampoco los más llamativos. Dormir ocho horas. Caminar cada día. Exponerse a la luz natural por la mañana. Comer de forma equilibrada. Sin embargo, los expertos coinciden en que ahí radica el secreto del verdadero bienestar.
«A pesar de los grandes avances en medicina, la suplementación y los protocolos de regeneración siguen teniendo un impacto marginal comparados con dormir bien, comer bien y mantener una vida física e intelectualmente activa», explica Aguilar Shea.
Para Eva Micó, técnica formadora internacional de Anubis Cosmetics, el problema es que hemos pasado demasiado tiempo buscando soluciones complejas. «Hoy sabemos que el sueño, la luz natural o el estrés influyen directamente en hormonas, inflamación, energía e incluso en la salud de la piel. A veces buscamos soluciones sofisticadas y olvidamos que el organismo funciona mejor cuando volvemos a lo básico».
Yvette Pons añade: «Cada vez vemos más interés por una longevidad funcional, realista y sostenible, donde el objetivo no es solo vivir más años, sino vivirlos con bienestar y calidad de vida».
Por qué ahora todo gira alrededor del sistema nervioso
Pilates, breathwork, grounding, baños de sonido, meditación o paseos conscientes… Para encontrar el denominador común en las tendencias wellness es la obsesión por regular el sistema nervioso. «Vivimos permanentemente hiperestimulados», afirma tajante Micó. «Cuando estamos en alerta constante aumenta la inflamación, empeora el descanso y la piel también lo refleja».
Para Pons, el problema no son los episodios puntuales de estrés sino la sensación de vivir siempre en estado de alarma. «Cada vez somos más conscientes de la necesidad de regular el sistema nervioso para mejorar la salud mental, la calidad del sueño y favorecer un mejor equilibrio fisiológico general».
La fatiga de hacerlo todo bien
Tal vez una de las razones por las que el biohacking soft conecta con tantas mujeres es que se siente como un alivio tras décadas de presión. Presión para estar delgadas, para ser productivas, para entrenar más… «Durante años hemos vivido el autocuidado desde la exigencia estética», explica Eva Micó. «Ahora buscamos sentirnos bien, no perseguir la perfección».
“Creo que cada vez más mujeres hablan de salud en términos de energía, descanso, digestión o bienestar hormonal, no solo de peso o apariencia física», señala Patricia Cuenca. «Eso no significa que la estética haya dejado de importar, pero sí que empieza a haber una visión más integral, donde sentirse bien pesa más que cumplir un ideal imposible».
La experta cree que muchas personas han terminado convirtiendo el bienestar en una nueva fuente de estrés. «Cuando el autocuidado genera más ansiedad que calma, algo estamos haciendo mal. Debería generarnos bienestar y vivirlo como algo positivo y agradable».
El peligro de la infoxicación ‘wellness’
Nunca habíamos tenido tanta información sobre la salud. Pero con esta sobredosis de datos surgen también las dudas. ¿Es bueno el ayuno? ¿Cómo regulo el cortisol? ¿Cuáles son los suplementos imprescindibles? ¿Debo esperar una hora para tomarme el primer café? «Tener demasiada información puede generar confusión, miedo y sensación de no estar haciendo lo suficiente», advierte Patricia Cuenca.
Según explica, la exposición constante a consejos contradictorios puede acabar desconectándonos de las señales más básicas del organismo. «A veces vemos tantos mensajes opuestos que dejamos de escuchar el hambre, el cansancio, el estrés o la necesidad de descanso y movimiento». Paraipan apostilla: “El resultado puede ser una sensación de parálisis: cuanto más lee, menos sabe qué hacer».
Los cinco hábitos que más impacto tienen (y no cuestan dinero)
Para Cuenca, los hábitos realmente transformadores siguen siendo sorprendentemente sencillos: «Dormir con horarios relativamente estables, exponerse a la luz natural, caminar de forma regular, comer de manera equilibrada, dedicar tiempo a relajarse y mantener vínculos sanos». La experta añade además dos recomendaciones muy alineadas con el espíritu del biohacking soft: reducir la exposición a pantallas y recuperar actividades analógicas como la lectura. «Los hábitos con mayor impacto suelen ser aquellos que pueden sostenerse en el tiempo», recuerda Paraipan.
Aguilar Shea resume los cuatro pilares que considera fundamentales: «Sueño, dieta, ejercicio y relaciones sociales».
El nuevo lujo es sentirse bien
«La belleza consciente aparece cuando el cuerpo que habitamos se convierte en un espacio amable», reflexiona Yvette Pons. Y quizás esa sea la clave del biohacking soft: dejar de intentar hacerlo todo perfecto. Porque, como concluye Aguilar Shea, la diferencia entre cuidarse y obsesionarse suele ser sencilla: los hábitos saludables aportan libertad; las obsesiones, justo lo contrario.
Leyre Moreno es editora de belleza desde hace más de 15 años. Aunque la cosmética no entraba en sus planes, el mundo de la belleza la enamoró y atrapó sin remedio. “Cuando empecé en el sector, el maquillaje era mi debilidad: especialmente los labiales rojos y los delineadores de ojos de larga duración. No salía de casa sin mi eyeliner y mi pintalabios. Con el tiempo he ganado en confianza y, aunque creo que el ‘efecto cara lavada’ está sobrevalorado, he simplificado mi rutina de maquillaje. No así la de skincare que, aunque no tenga tantos pasos como la coreana, es bastante completa y exigente”. Estas son las reglas de belleza que nunca quebranta: no salgas a la calle sin fotoprotección, utiliza vitamina C por el día, retinol por la noche y, en cualquier momento, una buena hidratante con función barrera. Leyre Moreno es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en diversas cabeceras de moda y belleza y ahora desarrolla su trabajo como freelance, compaginando su profesión de periodista y su papel como madre con una incipiente afición por el barre y el entrenamiento de fuerza.
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