Los Golden Boys no fallan a su cita con la final en París

Por Redacción THE FYMOUS • 8 septiembre 2026

Arturo Coello y Agustín Tapia ganan en París. Da igual el año, edición y condiciones del Major francés de Premier Padel que, de momento, solo una cosa se perpetúa. Y los Golden Boys son la respuesta.

Porque la pareja uno, tras su eliminación en Madrid, llegaban al segundo grande de la temporada con una pequeña alarma encendida en la pugna por el número uno de la Race, pero si algo han demostrado por encima del resto estos años, y eso es mucho, es que rinden mejor bajo presión.

Una presión a la que les iban a someter Augsburger y Lebrón en las semifinales de Roland Garros en un horario de máximo calor que premiaba el juego vivo, a golpes y de pegada de los de Agustín Silingo y que les llevaría a dudar en el primer set.

Porque tras el intercambio inicial y la toma de contacto con la pista y el pulso del encuentro, Augsburger y Lebrón forzarían el saque de los números uno. Colgando a Tapia del globo alto, llevándole al fondo y evitando a Coello en zona de peligro, la crecida del ‘Lobo’ en el manejo abría posiciones de definición al ‘Bombardero’.

Así disfrutarían de sus dos opciones de rotura. Una, perdida en el resto del revés; la otra, con un globo corto del drive que no desaprovecharía Tapia. Y, claro, ante la pareja más dominadora del pádel moderno trabajarse opciones de mandar cuesta, dejarlas pasar más aún.

Tapia y Coello sabiéndose heridos, pero ni lejos de muerte, recuperarían pulsaciones, aguantarían el tirón que aún mantenían sus rivales y a la primera opción que se abriría, aprovecharon el descuido para llevarse el primer set en el ocaso con sendos errores en la volea de sus rivales.

Como si nada, casi sin saber casi por qué, como tantas veces han hecho, los uno sacaban premio doble de la propuesta caótica y los otros, los de enfrente (que esto se repite con todas las parejas) recibían poco, muy poco, para tanta inversión.

Un golpe anímico a las aspiraciones de Augsburger y Lebrón de ser algo más. Más duro aún si tenemos en cuenta que París, territorio que empieza a saber de pádel, se deshacía en cariños hacia un Juan Lebrón que es ídolo local por esa vinculación casi irracional que genera su figura.

Lo intentaría la pareja tres de nuevo en el segundo set, pero ya con más ímpetu que plan. Porque cuando el golpe a golpe no es la vía de entrada, cuando empujar a Tapia a jugarse cada pelota como si fuera la última no da frutos y cuando obligar a Coello a vivir de la incertidumbre del chispazo no es suficiente, la pareja es menos.

Lebrón, que vive algunos de los días más dulces en su pádel este año, planea fondo, pelota, amenaza y transición; Augsburger verticalidad, atrevimiento y riesgo de Augsburger para ir al límite. Maridan bien, pero viven momentos diferentes que a veces no acaban de entrar en armonía. El argentino vive y entiende el pádel así, como protagonista, y su proceso de crecimiento todavía casi le obliga a ello porque está aún a un paso de cuando se trata de madurar la jugada, reducir los errores críticos y enfriar según qué situaciones.

El segundo parcial sería un calco del primero, pero con una diferencia diferencial. Y se llama Tapia. El magnetismo de su figura, la facilidad para redireccionar partidos y aparecer los días grandes solo se entiende desde la genialidad del que vive conectado a una fuente inagotable de inspiración que maneja a voluntad. Bueno, y desde la alargada sombra de un Coello que es refugio, hogar, manta y cariño cuando más frío hace fuera.

Bajo la atenta mirada de una Chatier a reventar que quería tercer set, los Golden Boys volverían a pisar el acelerador mediado el segundo parcial para dejar cerrada su clasificación a la final por cuarta edición consecutiva a merced de un resultado holgado, pero engañoso (7-5 y 6-3).

Una final más y una victoria más para una pareja que cuenta por triunfos sus saltos a pista como equipo y que sin lucir su mejor versión demuestra seguir estando cuando y donde toca. 


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