Gaby Hostnick: “Nuestra atención está super hackeada”

Por corp@blsindustriaytecnologia.com 15 septiembre 2026

Hay una pregunta simple que, sin embargo, puede resultar incómoda en medio de una agenda cargada: ¿cómo estoy hoy? Para Gaby Hostnick, responder ese interrogante es menos elemental de lo que parece. Buena parte de la vida cotidiana transcurre entre obligaciones, estímulos y decisiones sin que exista demasiado espacio para registrar el cansancio, la energía disponible o una emoción que está condicionando lo que hacemos.

Esa observación está en el origen de El futuro es lo que haces hoy, el libro en el que reúne años de estudio sobre educación emocional, neurociencias y bienestar en siete pilares vinculados con el “buen vivir”. El recorrido también nace de su experiencia docente y de preguntas que escucha con frecuencia en sus clases: cuánto podemos cambiar, si es posible entrenar una manera diferente de responder y qué lugar tienen el cuerpo, la atención y los vínculos en ese aprendizaje.

Hostnik llegó a estos temas después de dos décadas de trabajo en áreas de Personas y Desarrollo de Talento, en empresas y consultoras internacionales. Se formó en Educación Emocional, Bienestar y Neuroeducación en la Universidad de Barcelona y actualmente dirige programas de Educación Ejecutiva en la Universidad Torcuato Di Tella. Es además creadora de Gimnasia Emocional y Rediseñate, dos métodos desde los que articula neurociencias, aprendizaje y transformación personal y profesional.

Vivimos con más información, más velocidad y más conexiones, pero eso no necesariamente se traduce en mayor bienestar ni en mejores aprendizajes. Hostnick propone observar las prácticas pequeñas y repetidas con las que administramos la energía, recuperamos la atención, construimos vínculos y aprendemos a reconocer lo que sentimos.

Gaby Hostnick
Gaby Hostnick

Una parte importante del trabajo de Hostnick consiste en sacar el bienestar del terreno de la emergencia. El estrés, una crisis o una experiencia difícil suelen activar la búsqueda de herramientas recién cuando el malestar ya está instalado. Su idea es que esas capacidades también pueden cultivarse durante los períodos ordinarios de la vida, antes de necesitarlas con urgencia. “La resiliencia tiene que ver con eso”, dijo en la entrevista, “no solamente cómo respondo a un infortunio o un trauma, sino cómo la entreno antes, durante y después, en mi día a día, con pequeñas, pequeñas acciones y pequeños actos”. Preguntarse cómo se siente uno, cuánta energía tiene o qué necesita modificar en su jornada puede parecer un gesto más bien mínimo, pero la importancia está en la continuidad: registrar esa miríada de estados permite contar con más información para decidir cómo transitar el presente.

Ese entrenamiento explica también por qué Hostnick prefiere hablar de bienestar antes que de felicidad. La felicidad puede quedar asociada a momentos de gran intensidad y a emociones agradables; el bienestar, en cambio, admite una experiencia más amplia, incluida la incomodidad.

Hay un término que Hostnick usa para hablar de gestión de las emociones: sustentabilidad emocional. Las demandas pueden consumir más energía de la que una persona logra recuperar; ella traza un paralelismo con los deportistas de alto rendimiento: el rendimiento sostenido requiere períodos de recuperación. “A mayor velocidad también más pausas y más tiempo para para recuperarnos”, dijo. La pausa, entonces, forma parte de la actividad. Y la pausa puede ser una caminata breve, una conversación, unos minutos sin ruido o simplemente un momento en el que no haya que realizar una tarea específica.

Gaby Hostnick
El futuro es lo que haces hoy, de Gaby Hostnick

La vida acelerada también llega al aula. Hoy es posible acceder a una enorme cantidad de información y pasar rápidamente de una actividad a otra, pero esa velocidad, dijo Hostnkick, tiene un costo. “Nuestra atención está super hackeada. Nuestro cerebro ganó en velocidad, ganó en interconexiones, pero hemos perdido mucha capacidad atencional, mucha concentración y memoria”, dijo. Es un problema que afecta no solo a chicos y adolescentes, sino que aparece también en adultos que encadenan reuniones, clases, mensajes y pantallas. Para que una experiencia se convierta en aprendizaje hace falta un tiempo posterior: volver sobre una idea, relacionarla con otra, preguntarse dónde puede aplicarse o intentar explicársela a alguien. Hostnick señaló que ese intervalo se volvió más escaso y que, con esa pérdida, también se debilita la posibilidad de consolidar lo aprendido.

La escuela, entonces. Se enfrenta a esa dificultad al mismo tiempo que intenta enseñar los contenidos. Para Hostnick, allí entra la educación emocional: “Tiene que atravesar toda la currícula, no tendría que ser una materia aparte”, dijo. ¿Qué es la educación emocional? El autoconocimiento, la regulación y la posibilidad de reconocer el propio estado inciden sobre la convivencia, pero también sobre la disposición para aprender.

La educación emocional involucra primero a los adultos. Un docente que llega al aula con su cansancio, sus preocupaciones y sus exigencias necesita reconocer en sí mismo ese estado antes de acompañar a los demás. El maestro, dijo Hostnick, es un regulador emocional; la capacidad de sostener a los estudiantes está vinculada con el cuidado de su propia energía. Esto no es solo para la escuela básica y media. Hostnick reconoce la misma cuestión en sus clases de educación ejecutiva. Los estudiantes pueden tener otra edad y otro contexto, pero las preguntas permanecen: cómo tomar mejores decisiones, cómo regular una respuesta impulsiva, cómo reconocer el propio estado, cómo relacionarse con otros.

Gaby Hostnick
Gaby Hostnick en el podcast de Ticmas

Entre los pilares del libro aparece “Ubuntu”, una idea que Hostnick utiliza para hablar de pertenencia y vida en común: “Estamos diseñados para estar en red, para pertenecer y para ser parte”, dijo. Una frase que, para un tiempo en que los vínculos se han vuelto más lábiles y mediados por dispositivos, parece más bien revolucionaria. Hostnick destacó la sensación de soledad que aparece con fuerza en los adolescentes y jóvenes, y recuperó la importancia de los vínculos: alguien con quien hablar, una comunidad en la que sentirse parte.

El recorrido del libro vuelve entonces a las acciones diarias. Cabe aclarar que Hostnick no propone una vida sin cansancio, incertidumbres o emociones incómodas. La cuestión es qué hacemos mientras se atraviesan esos momentos, cómo nos preparamos antes de enfrentarlos, cómo actuamos después. En la escuela, en el trabajo o fuera de ambos, detenerse a reconocer las señales que estresan el tiempo y la vida puede convertirse en una forma de aprendizaje.

La entrevista completa con Gaby Hostnick está disponible en el podcast de TICMAS.


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