cuidar el cuerpo sin culpa

Durante mucho tiempo nos enseñaron que cuidar el cuerpo consistía, sobre todo, en cambiarlo: había que perder kilos, entrar en una talla determinada, parecerse un poco más a la famosa que el cine o la televisión habían puesto de moda. La conversación casi nunca giraba alrededor de la salud. Giraba alrededor de la culpa.
Quizá por eso resulta tan difícil hablar hoy de obesidad sin que aparezcan automáticamente palabras como fuerza de voluntad, disciplina, sacrificio… Seguimos asociando el peso a nuestra fuerza de voluntad, cuando en realidad la evidencia científica lleva años demostrando que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja, multifactorial, progresiva y recidivante, en la que intervienen factores biológicos, genéticos, hormonales, metabólicos, endocrinos, ambientales, socioculturales y emocionales. Sin embargo, el estigma asociado a las personas con obesidad continúa siendo enorme y muchas siguen sintiendo que, además de convivir con la enfermedad, tienen que justificar constantemente por qué su cuerpo es como es.
Vicky Martín Berrocal, un ejemplo
La diseñadora y presentadora Vicky Martín Berrocal conoce bien esa presión. Nunca se ha escondido. Durante años ha hablado públicamente de su relación con su cuerpo, de los cambios que ha experimentado y del proceso que ha vivido hasta aprender a mirarse con otros ojos. Pero lo más interesante de su reflexión es que el enemigo nunca fueron únicamente los comentarios de los demás. «Todo lo que ha sido el juicio del de al lado me ha dado siempre igual», reconoce. «Lo que me ha hecho sufrir es mi propio juicio, cómo yo me miraba o las cosas que me decía».
Es una confesión con la que muchas mujeres se sienten identificadas y pocas críticas resultan tan duras como las que una misma se dirige delante del espejo. Durante años, Vicky explica que sintió que todo era culpa suya, que si tenía sobrepeso era porque no se esforzaba lo suficiente. «He llorado mucho y me he sentido muy sola», recuerda. Una sensación que comparte con quienes conviven con obesidad o sobrepeso y que, además de enfrentarse a la enfermedad, cargan también con la culpa que la sociedad les ha atribuido durante décadas. Esa culpabilización, además, dificulta que muchas personas pidan ayuda a su médico, lo que puede provocar un empeoramiento de su salud.
Precisamente ese es uno de los mensajes que busca trasladar ‘Razones de Peso’, la iniciativa impulsada por Lilly para contribuir a cambiar la conversación social sobre la obesidad. El objetivo no es solo recordar que hablamos de una enfermedad compleja, multifactorial y progresiva, sino también desmontar la idea de que todo depende exclusivamente de la voluntad individual y construir una conversación más empática, más rigurosa y libre de prejuicios.
Porque la realidad sigue estando muy lejos de esa percepción. En España, el 55,8 % de la población adulta presenta exceso de peso y el 18,7 % vive con obesidad. Aun así, una encuesta internacional reciente muestra que el 63 % de las personas que viven con obesidad cree que la dieta y el ejercicio por sí solos pueden resolver la obesidad en la mayoría de los casos, una simplificación que no refleja la complejidad real de esta enfermedad.
Aceptar nuestro cuerpo y pedir ayuda
Vicky cree que esa culpabilización ha hecho mucho daño. «Durante mucho tiempo se ha responsabilizado a las personas de su físico como si todo dependiera de tener más o menos voluntad. Hoy sabemos que la obesidad es una enfermedad crónica en la que influyen factores biológicos, genéticos, hormonales y emocionales. El primer paso no es sentirse culpable, sino acudir a un médico para entender qué está pasando en tu cuerpo».
Ese cambio de mirada resulta fundamental. Durante demasiado tiempo hemos entendido la autoaceptación como lo contrario de cuidarse, cuando en realidad ambas cosas pueden convivir perfectamente. Aceptar nuestro cuerpo no significa renunciar a la salud ni ignorar un problema médico. Significa dejar de relacionarnos con él desde la culpa para empezar a hacerlo desde el respeto y el conocimiento. Ese respeto puede ser, precisamente, el punto de partida para buscar ayuda profesional cuando la necesitamos.
Cuando la salud entra en juego
La obesidad está relacionada con múltiples complicaciones, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión arterial, apnea obstructiva del sueño, depresión y distintos tipos de cáncer. Sin embargo, este vínculo sigue siendo desconocido para gran parte de la población: solo el 53 % de las personas con obesidad asocia esta enfermedad con la diabetes tipo 2, el 52 % con la enfermedad cardiovascular y apenas un 18 % con determinados tipos de cáncer. Hablar de peso, por tanto, es hablar de salud, no de estética.
Esa idea conecta también con otra de las grandes conversaciones actuales: la diferencia entre cuidarse y castigarse. Durante años, el ejercicio físico estuvo asociado para muchas personas a la necesidad de compensar o modificar su aspecto. Vicky reconoce que hoy su relación con el deporte es completamente distinta. «Entreno todos los días, pero ya no hago ejercicio por castigarme, sino porque me quiero». Explica que ese momento se ha convertido en un espacio propio donde no solo cuida su cuerpo, sino también su cabeza. «Me ayuda a poner orden, a respirar y a encontrar paz».
Ese cambio de enfoque quizá sea una de las transformaciones más importantes de los últimos años. Hablamos mucho más de salud mental, de autocuidado y de bienestar emocional que hace apenas una década. Sin embargo, todavía seguimos arrastrando viejas inercias cuando hablamos del cuerpo.
Si hay alguien con quien Vicky percibe especialmente ese cambio es con su hija, Alba Díaz. Reconoce que ha aprendido mucho observándola y que una de las cualidades que más admira en ella es la naturalidad. «Siempre digo que de Alba he aprendido su valentía. Nunca ha tenido miedo a mostrarse como es y verla vivir con esa libertad me inspira muchísimo», explica. Aun así, cree que el camino hacia una relación más sana con el cuerpo todavía no está completo. Aunque las nuevas generaciones hablan con mucha más naturalidad de salud mental, aceptación y diversidad, considera que seguimos demasiado acostumbrados a juzgar los cuerpos ajenos y a compararnos con imágenes que poco tienen que ver con la realidad. «Vivimos rodeados de imágenes que no representan la vida real y eso nos hace muchísimo daño».
Sin miedo a pedir ayuda profesional
Porque cuando hablamos de esta enfermedad hablamos de salud. El peso, por sí solo, no cuenta toda la historia: existen otros factores, como la composición corporal o la distribución de la grasa, que también influyen en el riesgo para la salud y que requieren una valoración individualizada por parte de profesionales sanitarios. Reducir toda la conversación a un número en la báscula no solo simplifica la realidad, sino que alimenta muchos de los prejuicios que todavía siguen existiendo.
Las redes sociales tampoco han ayudado demasiado. Si hace unos años el juicio llegaba desde el entorno más cercano, hoy cualquiera puede opinar sobre el cuerpo de otra persona desde la pantalla de un móvil. Pero Vicky insiste en que la verdadera batalla sigue librándose dentro de una misma. «Cuando tú estás en paz contigo, los comentarios de los demás pierden fuerza. No te hace daño quien quiere, sino quien puede».
Eso no significa resignarse ni dejar de cuidarse. Significa entender que el autocuidado empieza desde un lugar completamente distinto al de la culpa. Que una enfermedad no define el valor de una persona y que pedir ayuda nunca debería interpretarse como un fracaso. Además, tras largos periodos conviviendo con exceso de peso, el organismo puede desarrollar mecanismos biológicos que dificulten la pérdida de peso, como una menor quema de calorías o una reducción de la sensación de saciedad. Por eso, aunque mantener hábitos saludables es fundamental, en muchos casos no es suficiente para abordar la enfermedad.
De hecho, si hay un mensaje que Vicky repite varias veces durante la conversación es precisamente ese: igual que acudimos al cardiólogo cuando tenemos un problema de corazón o al traumatólogo cuando nos lesionamos un hueso, también deberíamos normalizar acudir a un profesional cuando hablamos de sobrepeso u obesidad: «Es una enfermedad y debe abordarse como tal. Lo que tenemos que hacer es dejar de juzgar y empezar a acompañar. Nadie sabe la batalla que está librando la persona que tiene delante».
Normalizar ese acompañamiento profesional es, probablemente, uno de los grandes retos pendientes. Igual que nadie cuestiona acudir a un especialista ante cualquier otra enfermedad, tampoco debería sorprendernos pedir ayuda cuando hablamos de obesidad. Comprender qué ocurre en nuestro organismo y contar con un abordaje individualizado permite dejar atrás la culpa para empezar a construir soluciones desde la evidencia y el cuidado.
Quizá esa sea la conversación que todavía tenemos pendiente. Dejar de hablar del peso únicamente como una cuestión estética para empezar a hablar de salud, de bienestar y de respeto. Porque, como recuerda la campaña ‘Razones de Peso’, detrás de cada cifra, de cada talla y de cada cuerpo siempre hay una historia que merece ser escuchada antes que juzgada.
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