Cultura sigue sin publicar el concurso para sustituir el ‘software’ israelí que usa la Biblioteca Nacional once meses después de anunciarlo

Hace cerca de un año, el 6 de octubre de 2025, el Ministerio de Cultura hacía público —después de una campaña de recogida de firmas en la que participaron más de 330 bibliotecarios y archiveros de toda España— su compromiso de sustituir el software israelí, Alma, que utiliza la Biblioteca Nacional de España (BNE) desde agosto de 2023, tres meses antes de que el actual ministro, Ernest Urtasun, asumiera las riendas de la cartera. «El Ministerio de Cultura ha puesto en marcha una nueva licitación para la gestión bibliotecaria de la BNE que excluirá a las empresas vinculadas con la ocupación [de Palestina]», trasladaba entonces el equipo de Urtasun, amparándose en el recién aprobado, el 23 de septiembre de 2025, Real Decreto-ley de medidas urgentes contra el genocidio en Gaza y de apoyo a la población palestina. Once meses después, según ha podido comprobar Público, la Biblioteca Nacional sigue usando el mismo software y no ha publicado todavía la nueva licitación.
En conversación con este diario, fuentes del Ministerio explican que están trabajando en dicha licitación y que se «avanza como estaba previsto». Sobre cuándo se publicará la convocatoria del nuevo concurso, desde la cartera de Urtasun no ofrecen una fecha concreta, aunque admiten que «llevará tiempo» porque aún están «en la fase inicial, la redacción de los pliegos». Además, estas fuentes oficiales recalcan que el compromiso era abrir un nuevo procedimiento de adjudicación para terminar dando el salto a otra herramienta, y que eso es precisamente lo que están haciendo.
Tal y como ha comprobado Público, el contrato inicial para adquirir Alma como nuevo programa gestor de la catalogación, el préstamo y la adquisición de fondos de la BNE se cerró el 6 de junio de 2023 y apareció publicado en el BOE el 25 de agosto, con una duración de dos años. El contrató se renovó, ya con el actual equipo ministerial, el 1 de agosto de 2025, apenas dos meses antes de que Cultura se comprometiera a remplazar la herramienta. Y, esta vez, con el doble de tiempo de vida: cuatro años. La fecha de extinción del contrato en vigor es, por tanto, agosto de 2029, dentro de tres años y a mitad de la próxima legislatura. Dado que el Ministerio sostiene que la nueva licitación está en «fase inicial» después de once meses y que las próximas elecciones generales se perfilan, como tarde, para julio de 2027, el cambio definitivo de software y contratista podría quedar en manos de la voluntad política del próximo equipo ministerial.
Público ha encontrado dos respuestas gubernamentales, a través de la Mesa del Congreso, que ponen negro sobre blanco la obligación legal de sustituir la herramienta israelí. En una primera respuesta a una batería de preguntas de Vox, registrada en el Congreso el 21 de noviembre de 2025, el Gobierno aseguraba que la decisión de reemplazar Alma respondía, además de a un «criterio técnico», al cumplimiento del Real Decreto de Embargo, «que prohíbe la importación de bienes y servicios provenientes de empresas radicadas en territorios ocupados». Una categoría en la que se incluiría Ex Libris, fundada en los años ochenta en el Malha Tecnology Park, sobre la antigua aldea de Al Maliha, una de las más de 500 poblaciones palestinas que sufrieron la limpieza étnica de las milicias sionistas en 1948, durante la Nakba. La argumentación incluida en dicha respuesta era clara y contundente: «La Biblioteca Nacional y el Ministerio de Cultura están obligados a garantizar la plena adecuación de sus contratos a la legalidad vigente, lo que exige sustituir el actual software por otro que no vulnere el marco normativo ni los compromisos internacionales del Estado».
En la misma respuesta, el Ministerio no preveía «el pago de penalización alguna» por cancelar el contrato en vigor con Ex Libris, que era la pregunta que había formulado Vox. «La resolución del contrato», se indica en la respuesta gubernamental, «deriva de una imposibilidad legal sobrevenida» —por la aprobación del Real Decreto—, no de una «voluntad unilateral». Además, reza la respuesta, «la resolución» del contrato se realizará «con total seguridad jurídica y conforme a la legislación de contratos del sector público». En la misma línea se pronuncia el Gobierno en una respuesta posterior, del 27 de noviembre. Frente a las preguntas, en este caso del Partido Popular, el Ejecutivo explica que la BNE podría seguir funcionando con normalidad, «siempre que se adquiriera un software alternativo», tras completar la migración de datos y procedimientos al nuevo sistema.
Desde Cultura aseguran que ahí está el meollo del asunto. Se trata, explican, de un procedimiento «largo y técnicamente complejo». Expertos en biblioteconomía explican a Público que lo primero es hacer un estudio de mercado y citan, a modo de ejemplo, dos herramientas alternativas: Folio de EBSCO y WMS DE OCLC. Este último —propiedad de una cooperativa con más de 70.000 bibliotecas conectadas en todo el mundo— es el programa que utiliza, por ejemplo, la Universidad Complutense de Madrid. En ese estudio de mercado, el primer paso es reunirse con diferentes proveedores para entender cómo funciona cada programa: sus características, qué bibliotecas lo utilizan y cuál ha sido su experiencia. A partir de ahí, la biblioteca realiza un estudio técnico de cada programa para comprobar cómo se adecuaría a sus necesidades y cómo se ejecutaría su implementación, incluida la migración de datos. La redacción de los pliegos, reconocen estas fuentes, llega casi al final. No es raro, añaden, que el proceso pueda tardar más de un año. Eso sí, «debería estar avanzado».
En el Ministerio admiten, no obstante, en que el procedimiento «va para largo». Cuando Cultura se comprometió públicamente, el año pasado, a poner fin a la relación comercial con la empresa israelí, no aclaró que el procedimiento pudiera extenderse hasta la próxima legislatura. Y tampoco explicó que acababa de renovar el contrato justo dos meses antes (y hasta 2029). Sobre esto último, fuentes ministeriales razonan que no podían romper el contrato con el proveedor israelí de golpe y sin adjudicar uno nuevo, ya que implicaría dejar a la BNE «sin software y, por tanto, sin funcionamiento». Tampoco pueden ahora, insisten desde el equipo de Urtasun, «acelerar los plazos legales». Público se ha puesto en contacto con la Biblioteca Nacional para preguntarle en qué punto se encuentra el procedimiento y los plazos estimados que maneja para concluirlo. La BNE, en respuesta, ha remitido al periódico al Ministerio de Cultura, «que coordina estos temas».
¿Cuánto dinero ha recibido (o recibirá) Ex Libris por los servicios prestados a la BNE? Por la primera licitación de 2023, la empresa israelí se embolsó 407.358 euros. En la renovación del contrato, en 2025, creció la cantidad. Es cierto que los años pasaron de dos a cuatro, pero el precio no se incrementó en proporción (un 100%), sino en un 179% y pasó a ser de 1.140.027 euros. A esto habría que sumar un tercer contrato puente, suscrito en febrero de 2025, entre una y otra licitación, por 14.851 euros. Y un último contrato menor, firmado en mayo de 2024, como pago por la suscripción de uso de la licencia «Alma Add Premium Identity». Este último por 5.091 euros adicionales. En total, los cuatro contratos ascienden a algo más de un millón y medio de euros.
Desde Cultura subrayan que el compromiso del Ministerio con la causa del pueblo palestino es «total». Así lo demuestra, argumentan fuentes ministeriales, la Conferencia Ministerial por la Cultura Palestina que organizó en Madrid, el pasado mes de julio, la cartera de Urtasun, junto con el Ministerio de Cultura palestino. También la participación en el concierto Art x Palestine, que se celebró en enero en el Palau Sant Jordi, o la firma de un memorando en materia de cooperación cultural con el embajador de Palestina, Husni Abdel Wahed, durante la celebración del celebración del Día de la Cultura Palestina, en marzo de 2025. «Además de las muchísimas declaraciones que ha realizado el ministro sobre el tema», añaden estas fuentes.
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