¿Existe el efecto emocional positivo que produce el bótox?

Como empiezan a sugerir las investigaciones realizadas, que te sientas más animada después de ponerte bótox no tiene que ver solamente con que te veas mejor cara. La relación entre la expresión facial, las emociones y los neuromoduladores ha despertado el interés de la la comunidad científica por su impacto en el estado de ánimo. Hemos hablado con varios médicos estéticos e incluso con una psicóloga para averiguar qué hay detrás del efecto emocional positivo que produce el bótox.
Los neuromoduladores son conocidos por su capacidad para suavizar las arrugas de expresión. Sin embargo, en los últimos tiempos, diversas investigaciones han despertado el interés de los científicos al plantear una pregunta tan sencilla como fascinante: ¿modificar una expresión facial puede influir también en cómo nos sentimos?
Aunque la respuesta todavía está lejos de ser definitiva, varios estudios han explorado la llamada hipótesis de la retroalimentación facial (‘facial feedback hypothesis’), según la cual las expresiones faciales no solo reflejan emociones, sino que también podrían influir en ellas. Algunas investigaciones han analizado si la relajación de determinados músculos faciales relacionados con expresiones de tensión, enfado o preocupación podría asociarse a mejoras en algunos síntomas depresivos.
Para la Dra. Mar Mira, referente en medicina estética sin huella, se trata de una línea de investigación interesante, aunque todavía debe abordarse con prudencia. «Es importante diferenciar entre una observación científica prometedora y una indicación médica consolidada. Los neuromoduladores son un tratamiento ampliamente estudiado y validado para distintas aplicaciones médicas y estéticas, pero no podemos afirmar que sean un tratamiento para la depresión», explica.
Como añade la psicóloga María Jesús Andrés, de Psicomaster, los estudios citados anteriormente “son interesantes y abren una vía de investigación prometedora”. Según Andrés, “Algunos trabajos han observado una reducción de los síntomas depresivos tras aplicar toxina botulínica en la zona del entrecejo, pero todavía necesitamos investigaciones más amplias que permitan conocer mejor su eficacia, sus mecanismos y qué pacientes podrían beneficiarse”. “En este momento no debe entenderse como un tratamiento psicológico o psiquiátrico sustitutivo, sino como una posible herramienta complementaria que continúa en estudio”, subraya.
La teoría de la retroalimentación facial
La relación entre rostro y emociones lleva décadas siendo objeto de estudio. Sabemos que determinadas expresiones faciales están asociadas a estados emocionales concretos y que la comunicación no verbal forma parte de cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. «Cuando hablamos de neuromodulación facial, trabajamos sobre músculos concretos responsables de determinadas líneas de expresión. En zonas como el entrecejo, por ejemplo, muchas personas mantienen una contracción constante que puede transmitir tensión, enfado o preocupación incluso cuando no se sienten así», señala la Dra. Mar Mira.
Según explica esta experta, una relajación selectiva de estos músculos puede modificar la percepción que proyecta el rostro, ofreciendo una apariencia más descansada, abierta o serena”.
Como señala la Dra. Rocío Mourelle, de Clínica Estética Moma (Paseo de la Habana, 23. Madrid) no es casual que vernos mejor cara nos haga sentir mejor. Según está médico estético esto ocurre probablemente por dos vías. Como apunta esta experta, “cuando una persona se ve con un aspecto más descansado, relajado o armónico, suele mejorar su autoestima y su confianza”. “La segunda es más interesante desde el punto de vista científico: la expresión facial y las emociones mantienen una relación bidireccional; es decir, no solo expresamos cómo nos sentimos con la cara, sino que la propia musculatura facial puede influir en cómo el cerebro procesa determinadas emociones”.
Esto nos lleva a la citada teoría de la retroalimentación facial que, como explica María Jesús Andrés, “plantea que la relación entre nuestras emociones y la expresión del rostro funciona en ambas direcciones: no solo sonreímos porque estamos contentos o fruncimos el ceño porque estamos preocupados, sino que la posición y la activación de los músculos faciales también pueden enviar señales al cerebro y modular, en cierta medida, cómo nos sentimos”.
“Por ejemplo, igual que mantener una expresión de tensión o enfado puede reforzar ligeramente ese estado emocional, forzar una sonrisa durante unos instantes puede ayudarnos a sentir una pequeña mejoría en el ánimo”, nos comparte la experta de Psicomaster. “No significa que sonreír elimine la tristeza o cure una depresión, pero sí muestra que el cuerpo y la mente están conectados y se influyen mutuamente”, apunta. “En cualquier caso, nuestras emociones son mucho más complejas y dependen también de nuestros pensamientos, experiencias, relaciones y circunstancias vitales”, añade Andrés.
Como subraya la Dra. Mourelle, “si bloqueamos parcialmente la contracción de los músculos responsables del gesto de enfado o preocupación —como ocurre al tratar el entrecejo con toxina botulínica— disminuiría esa señal de retroalimentación asociada a emociones negativas”.
La Dra. Raquel García, de Clínica Ibiza también tiene claro que modificar la expresión facial puede influir positivamente en cómo nos sentimos? “Influye, claro. Y ahí hay dos cosas. Una, que te miras y te gustas, y eso ya te cambia el día. Otra más rara: si dejas de ir con cara de enfadada todo el rato, algo se te relaja por dentro. Ni es magia ni te arregla un mal día, ojo. Pero la cara no solo cuenta lo que sientes. También vota. Poco, pero vota”, dice.
El feedback de los pacientes confirma la teoría
“Sin duda. lo más habitual es que el comentario no sea ‘parezco diez años más joven’, sino ‘tengo mejor cara’. El tratamiento consigue suavizar los gestos de enfado, cansancio o preocupación sin cambiar la identidad del paciente”, nos comparte la Dra. Rocío Mourelle. “Cuando el tratamiento está bien realizado, el objetivo no es transformar el rostro, sino conseguir que la imagen refleje cómo realmente se siente la persona”, añade.
“Lo que me dicen no va de arrugas. Va de ‘me preguntan si he estado de vacaciones’ o de ‘ya no parezco enfadada sin estarlo’. Nadie sale hablando de líneas: salen diciendo que se les ve descansadas. Y una cosa curiosa: ellas se ven cinco años más jóvenes, y los demás notan uno. ¿Más contentas? Sí, no lo voy a disimular. Pero están a gusto con su cara, que no es lo mismo que tratar el ánimo”, nos cuenta la directora de Clínica Ibiza.
Como añade la Dra. Raquel García, “es simple: tu cabeza también lee tu cara; frunces y algo dentro se te pone en guardia; lo relajas y se afloja”. “De ahí salió la idea de que quitando el ceño se quita parte del enfado. Y aquí está el truco que casi nadie cuenta: la toxina te relaja el músculo, sí, pero también te mejora la cara. Separar qué te anima de las dos cosas no lo ha conseguido nadie”, añade.
Bótox: ¿un posible tratamiento para la depresión?
Como señala la Dra. Mourelle, “es una línea de investigación muy interesante: existen varios estudios que sugieren que la infiltración de toxina botulínica en el entrecejo podría contribuir a mejorar los síntomas de depresión en algunos pacientes”. “Sin embargo, todavía no forma parte de las indicaciones aprobadas ni debe considerarse un tratamiento sustitutivo de la atención psiquiátrica o psicológica. La evidencia es prometedora, pero aún se necesitan estudios más amplios para definir qué pacientes podrían beneficiarse realmente y cuál sería su papel dentro del tratamiento multidisciplinar de la depresión”. matiza la directora de Clínica Moma.
La opinión de la Dra. Raquel García está en la misma línea: “se está corriendo más de lo que dicen los datos; los estudios pequeños salieron bien, el grande no lo demostró. “Y en los que funcionó, la gente seguía con su antidepresivo. Nadie dejó nada. Aprobada para la depresión no está en ningún país. Quien está deprimido va al psiquiatra. Ojalá se confirme”, añade.
«Muchos pacientes nos dicen que se sienten mejor porque se ven menos cansados o porque dejan de recibir comentarios sobre aspecto de enfado o preocupación. Eso existe y forma parte de la experiencia clínica diaria. Otra cuestión diferente es atribuir a ese efecto una acción terapéutica directa sobre la depresión», apunta la Dra. Mar Mira.
Como continúa la Dra. Mira, “la investigación sobre neuromoduladores y estado de ánimo continúa avanzando, pero todavía se necesitan estudios más amplios y protocolos homogéneos para establecer conclusiones definitivas”. “Los expertos coinciden en que la depresión es una enfermedad compleja, multifactorial y que requiere un abordaje médico especializado”, añade
«Si algo nos enseñan estas investigaciones es que el rostro y las emociones están mucho más conectados de lo que pensábamos. Pero también que debemos ser rigurosos. La salud mental merece ser abordada desde la evidencia científica y por profesionales especializados», concluye la Dra. Mira.
Mientras la ciencia continúa explorando esta conexión, los neuromoduladores siguen consolidándose como una herramienta para acompañar el envejecimiento facial desde la naturalidad, la prevención y el respeto por la identidad de cada rostro. ¿Conoces la armonización facial para rejuvenecer el rostro sin cambiarlo?
Bótox, el tratamiento estético número uno
Bien hecho, ¿podríamos considerar al bótox como el tratamiento estrella en medicina estética? Suaviza las arrugas del tercio superior, nos quita la cara de cansadas, tiene pocos efectos secundarios, mejora el estado de ánimo y además es reversible… “Probablemente si. Sigue siendo el tratamiento más realizado en medicina estética a nivel mundial porque reúne muchas ventajas: es un procedimiento rápido, mínimamente invasivo, con un perfil de seguridad muy elevado cuando se realiza correctamente, resultados predecibles y completamente reversibles con el paso de los meses”, afirma la Dra. Rocío Mourelle.
“Estrella lo es, ahí no te discuto nada”, dice la Dra. Raquel García, que sí matiza dos cosas: “Efectos secundarios sí tiene: dolor de cabeza, algún cardenal, un párpado o una ceja que se te van de sitio. Poca cosa y se pasa, pero está escrito y hay que decirlo. Y lo de reversible, cuidado: el hialurónico se disuelve, esto no. Se va solo en unos meses. Se va, pero no se borra.
¿Para quién es especialmente recomendable el bótox y a qué edad sería oportuno comenzar? “Yo no miro el DNI, miro el gesto. Hay caras de treinta con el entrecejo marcado en reposo y de cuarenta y cinco que no lo necesitan”, dice la Dra. Raquel García. “La señal es esa: que la raya se te quede ahí sin estar haciendo nada. Nosotras lo ponemos medido, para que sigas frunciendo un poco”, añade. ¿A quién no? “Embarazo, lactancia, algunas enfermedades neuromusculares y quien viene pidiendo otra cara. Nadie quiere perder su gesto, quiere perder el ceño”, subraya la directora de Clínica Ibiza.
“No existe una edad ideal, sino un momento adecuado. Hoy hablamos más de prevención personalizada que de una cifra concreta”, dice la Dra. Mourelle. Como nos comparte la directora de Clinica Moma, “hay personas que empiezan alrededor de los 30 años porque presentan una musculatura facial muy potente y ya desarrollan líneas marcadas al gesticular, otras no lo necesitan hasta los 40 o incluso más adelante”. Como subraya esta experta, “lo importante es tratar cuando las arrugas dinámicas comienzan a permanecer visibles incluso en reposo o cuando el paciente percibe que transmite una expresión de cansancio o enfado que no corresponde con cómo se siente”.
Bótox mal puesto: la otra cara de la moneda
Mal hecho, el bótox puede congelar en exceso la expresión facial, elevar exageradamente las cejas y producir el efecto contrario… ¿Qué debemos saber antes de ponernos bótox y qué papel juega aquí el médico estético? “Si su estética no te gusta, la tuya tampoco te va a gustar. La cara congelada y las cejas disparadas no son culpa del producto, son de la mano y de la dosis. Pregunta quién te pincha, que sea médico, y a quién llamas si algo se tuerce. Y algo se te tiene que seguir moviendo”, dice la Dra. García.
Como señala la Dra. Mourelle, “es importante adaptarse a la anatomía y a la forma de gesticular de cada paciente, ya que la misma dosis puede dar resultados completamente diferentes en dos personas distintas”.
Según la directora de Clínica Moma, “antes de infiltrar es imprescindible realizar una exploración dinámica: observar cómo mueve las cejas, cómo sonríe, cómo frunce el ceño, la fuerza de cada grupo muscular y las posibles asimetrías; esa valoración es la que permite diseñar un tratamiento personalizado. Según esta experta, “cuando aparecen frentes completamente inmóviles, cejas excesivamente arqueadas o expresiones artificiales, normalmente no es un problema de la toxina en sí, sino de una mala indicación, una dosis inadecuada o una técnica poco individualizada”.
A mí personalmente lo que me da tranquilidad es ver cómo es la cara de la persona que me va a tratar… “Es una reflexión muy acertada. Me parece fundamental acudir a un médico estético con el cual coincidas en gusto estético”, me conforma la Dra. Mourelle. “Yo muchas veces rechazo realizar tratamientos a pacientes que no coinciden con mi idea de medicina estética natural porque al final el paciente no va a estar contento con mi resultado ni yo con el suyo si quiere algo exagerado. Al final, si alguien lleva una estética muy exagerada es porque le gusta y por lo tanto es posible que quiera repetir esa misma estética en sus pacientes”, nos comparte esta médico estético.
¿Qué opina la psicóloga de los tratamientos estéticos? Según la experta de Psicomaster, “un tratamiento estético puede ayudarnos a sentirnos mejor con nuestra imagen y aportar bienestar, siempre que la decisión sea libre, realista y no nazca del rechazo constante hacia uno mismo”. El problema, según Andrés, “aparece cuando depositamos en un cambio físico la expectativa de resolver un malestar emocional profundo”. Como añade esta psicóloga, “sentirnos más favorecidos puede mejorar puntualmente la autoestima, pero un tratamiento estético no sustituye la intervención psicológica cuando existen depresión, ansiedad, baja autoestima o una preocupación excesiva por la apariencia”.
Como añade Andrés, “también debemos recordar que la expresión facial cumple una función comunicativa esencial, ya que a través del rostro transmitimos emociones y conectamos con los demás”. “Por eso, cualquier intervención debería respetar la naturalidad y no bloquear excesivamente la expresividad. El objetivo saludable no debería ser dejar de parecer cansados, tristes o enfadados a cualquier precio, sino sentir que cuidamos nuestra imagen sin perder nuestra identidad ni depender de ella para valorar quiénes somos”, subraya la experta de Psicomaster.
Experta en fitness, belleza, nutrición, salud, psico, pareja y sexo. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, escribe en Elle.com y Womenshealth.com y ha escrito para muchas cabeceras de Hearst, “mi segunda casa”. En sus más de 25 años de profesión, ha pasado por Terra Mujer, Sport Life, Runners, Atresmedia, La Ser, Radio Aragón o el programa Bellas & Sanas. Es autora de Cambiar de vida es fácil si te dicen cómo. 15 pasos para conseguirlo y de Una vida en forma. La guía de la actividad física y la mujer a cualquier edad. Amalia también es instructora de fitness, profesora de yoga, yoga facial y fundadora de Yogabrunch.es. «Por suerte, la vida me ha permitido unir mis dos pasiones, el periodismo y el mundo del bienestar».
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