¿Qué tiene que ver la aspirina con los guantes que Trump usó en el recibimiento a Xi?

Un largo abrigo azul hasta debajo de las rodillas y unos guantes negros de piel. Fue la imagen de Donald Trump que más llamó la atención durante la llegada a Estados Unidos del presidente chino Xi Jinping. En la base aérea de Andrews, en Maryland, Trump recibió a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, junto a la primera dama, Melania Trump. Una ceremonia solemne, con alfombra roja, guardia de honor e himnos nacionales. Pero las miradas también se dirigieron al atuendo del presidente estadounidense: abrigo y guantes en una jornada en la que la temperatura rondaba los 19 grados.
Trump se quitó el guante derecho para estrechar la mano de Xi y de su esposa y volvió a hacerlo en otros momentos de los saludos a la delegación china. Después se lo puso de nuevo durante la ceremonia. Un detalle aparentemente menor que volvió a poner sobre la mesa una pregunta que ya había circulado en los últimos meses: ¿por qué Trump se cubre las manos con tanta frecuencia?
No existe una respuesta concluyente. Y sería incorrecto deducir de los guantes que el presidente padece una determinada enfermedad. Pero la atención sobre sus manos no es nueva. En los últimos meses, varias fotografías han mostrado hematomas y manchas oscuras que en ocasiones parecían estar cubiertos con maquillaje. El propio Trump ha ofrecido una explicación: la aspirina que asegura tomar diariamente desde hace más de 25 años le haría más propenso a sufrir hematomas.
En una entrevista con The Wall Street Journal y en el posterior intercambio de mensajes en redes sociales, el presidente estadounidense, de 79 años, atribuyó los hematomas de sus manos y parte de sus problemas de salud a la dosis de ácido acetilsalicílico que toma desde hace más de un cuarto de siglo: 325 miligramos al día, cuatro veces la denominada «dosis baja» que se recomienda actualmente. Sean Barbabella, médico de la Casa Blanca, confirmó públicamente esa dosis y explicó que su objetivo es la prevención cardiovascular.
Sin embargo, los propios médicos del equipo presidencial le habrían aconsejado revisar esa cantidad. Trump defiende su decisión apelando a la idea, extendida pero simplificada, de que la aspirina «hace la sangre más líquida». ¿Qué hay de cierto? Y, sobre todo, ¿cuándo ayuda realmente la aspirina y cuándo puede causar más perjuicios que beneficios?
Cómo actúa realmente la aspirina
La aspirina es un potente antiinflamatorio, pero no «diluye» la sangre en el sentido habitual de la expresión. Su principal efecto consiste en inhibir de forma irreversible las plaquetas mediante el bloqueo de la enzima COX-1, lo que reduce la producción de tromboxano A2. El resultado es una menor capacidad de la sangre para formar trombos, un mecanismo útil para prevenir infartos e ictus isquémicos, pero que inevitablemente aumenta también el riesgo de hemorragias.
El «problema» de la dosis
Uno de los puntos sobre los que existe un amplio consenso científico es la dosis. Cuando está indicada, la aspirina debe administrarse en la cantidad mínima eficaz, generalmente entre 75 y 100 miligramos diarios (81 miligramos en Estados Unidos). Dosis mayores, como los 325 miligramos que toma Trump, no proporcionan una mayor protección cardiovascular, pero sí incrementan de forma significativa el riesgo de hemorragias gastrointestinales e intracraneales.
Así lo recogen distintas guías europeas y estadounidenses publicadas durante la última década. No es casualidad que varios cardiólogos citados por medios estadounidenses consideren discutible mantener una terapia crónica con dosis elevadas en una persona cercana a los 80 años.
Prevención cardiovascular: clara en algunos casos, más discutida en otros
Durante los últimos diez años, la literatura científica ha permitido precisar mejor quién puede beneficiarse de la aspirina. La distinción fundamental es entre prevención secundaria y prevención primaria.
En el primer caso, que afecta a pacientes que ya han sufrido un infarto, un ictus o se han sometido a intervenciones coronarias, el beneficio de la aspirina está sólidamente demostrado. Diferentes metaanálisis publicados en The Lancet y The New England Journal of Medicine muestran una reducción significativa de los episodios cardiovasculares recurrentes.
Más controvertida es su utilización como prevención primaria, es decir, en personas que nunca han sufrido un episodio cardiovascular. Tres grandes ensayos clínicos publicados entre 2018 y 2022 —ASPREE, ARRIVE y ASCEND— concluyeron que, en adultos sanos o con un riesgo cardiovascular moderado, el beneficio cardiovascular es reducido y con frecuencia queda compensado por el aumento de las complicaciones hemorrágicas.
A partir de estas evidencias, las recomendaciones de 2022 de la U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF) establecieron que en mayores de 60 años no se recomienda comenzar a tomar aspirina para prevenir un primer infarto o ictus, debido al aumento del riesgo de hemorragias potencialmente graves con la edad. Entre los 40 y los 59 años, la decisión debe individualizarse y analizarse con un médico.
Trump, con 79 años, se encuentra en un grupo de edad en el que las recomendaciones actuales exigen una valoración especialmente cuidadosa cuando se plantea la aspirina como prevención primaria. La decisión sobre mantener o reducir la dosis depende, entre otros factores, de sus antecedentes cardiovasculares y de la indicación médica concreta.
Los riesgos: la otra cara de la aspirina
La aspirina no es un medicamento inocuo. Su efecto antiagregante aumenta el riesgo de sangrado, especialmente gastrointestinal e intracraneal. Los estudios muestran que ese riesgo aumenta con la edad, la dosis y el uso prolongado.
La aparición frecuente de hematomas, como los que se han observado en las manos de Trump, es compatible con una mayor facilidad para sufrir este tipo de lesiones durante un tratamiento antiagregante, aunque por sí sola no permite determinar la causa de las marcas.
Hematomas, tobillos hinchados e insuficiencia venosa
Los hematomas que se han visto en las manos del presidente son compatibles con un efecto secundario asociado al uso prolongado de fármacos antiagregantes. Más complejo es el caso de los tobillos hinchados. La Casa Blanca ha atribuido esta circunstancia a una insuficiencia venosa crónica, una afección frecuente con la edad y que puede verse favorecida por una actividad física limitada.
En determinados casos, la aspirina puede utilizarse como tratamiento complementario, pero las principales recomendaciones para la insuficiencia venosa incluyen las medias de compresión, el ejercicio y el control del peso. Trump ha reconocido que dejó de utilizar las medias de compresión porque no le gustan, una decisión que no coincide con esas recomendaciones generales.
Efectos secundarios y contraindicaciones
La aspirina está contraindicada en determinadas situaciones, entre ellas:
Úlcera péptica activa o antecedentes de hemorragias gastrointestinales;Anemia provocada por pérdidas de sangre crónicas;Alergia a los antiinflamatorios no esteroideos (AINE);Insuficiencia renal grave;Retención de líquidos y edema periférico, especialmente en personas mayores;Combinación no controlada con anticoagulantes.
En las personas mayores, como recuerdan las recomendaciones de la European Society of Cardiology, la decisión debe individualizarse y tener en cuenta factores como la fragilidad, las enfermedades asociadas y la esperanza de vida.
El caso de Trump, al margen de las polémicas políticas, pone de manifiesto un problema más general: el uso «por costumbre» de medicamentos que en realidad requieren una revisión periódica. La medicina de los últimos años ha dejado claro que la aspirina no es una protección universal contra el infarto, sino un fármaco potente que debe utilizarse en los pacientes adecuados, en la dosis adecuada y cuando existe una indicación médica concreta.
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