Tres asociaciones piden que la antigua cárcel de Ourense sea lugar de memoria para impedir el plan de Jácome para convertirla en parador

Las asociaciones Amigos da República de Ourense, el Comité pola Memória Histórica do Val do Límia y el Comité de Memoria Histórica da Comarca de Celanova han reclamado al Estado que la antigua cárcel de Ourense, por la que pasaron decenas de republicanos represaliados e incluso asesinados por el franquismo, sea declarada lugar de memoria. Los tres colectivos han denunciado en un comunicado la propuesta del alcalde, Gonzálo Pérez Jácome, de Democracia Ourensana, que gobierna la ciudad con el apoyo del PP, para hacer del inmueble un parador de turismo.
Jácome lanzó su propuesta el pasado martes mediante un comunicado en el que abogaba por convertir el antiguo presidio y una casa de baños anexa en la calle Progreso, en pleno centro, en un parador de 20 habitaciones. El pasado domingo, en otra nota de prensa, esas asociaciones advirtieron de que no existe todavía proyecto, acuerdo con Paradores de Turismo ni estudio de viabilidad, y calificaron el plan del alcalde «un nuevo episodio de abandono de un edificio cerrado desde 1987 y cuyo deterioro se ha agravado con el paso de los años». Frente a ese proyecto, reclaman que el inmueble sea protegido como lugar de memoria democrática antes de que cualquier intervención pueda alterar o diluir las huellas de su pasado represivo.
La dimensión de ese pasado es su argumento central. Desde julio de 1936, la prisión de la calle Progreso fue uno de los principales centros de reclusión política de la provincia: por sus celdas pasaron «cientos de republicanos, galleguistas, socialistas, comunistas, anarquistas y sindicalistas», recuerdan. Solo entre julio y septiembre de aquel año se contabilizaron más de 400 ingresos. Muchos de los presos fueron sacados posteriormente de la cárcel y asesinados en cunetas o junto a tapias de cementerios. Para los colectivos, el edificio constituye «la última huella física donde rendir homenaje» a aquellas personas, cuyos restos, en muchos casos, todavía no han sido localizados. Añaden que la represión no terminó con la guerra, ya que la prisión continuó funcionando como espacio de castigo durante la posguerra y la dictadura hasta la entrada del que los colectivos consideran el último preso político del inmueble, Suso Vaamonde, en 1984.
Represión fascista en Ourense
La represión fascista en la provincia de Ourense fue brutal. Otro ejemplo simbólico es el monasterio de San Salvador de Celanova, uno de los principales centros de reclusión franquista de Galicia a donde Franco envió a celebrar la toma de Madrid a las tropas de la Bandera de Falange de Marruecos, que torturaron y asesinaron a decenas de republicanos en el pueblo, entre ellos a varios asturianos algunas de cuyas familias sólo pudieron saber recientemente dónde reposaban sus restos gracias al trabajo de las asociaciones de memoria. Por esa prisión pasaron también más de un centenar de mujeres, algunas recluidas junto a sus hijos e hijas pequeñas, encarceladas por ser madres, esposas, hijas o hermanas de perseguidos por los golpistas. Ese paisaje sirve para dimensionar el valor que las asociaciones atribuyen a la antigua prisión de Ourense como espacio físico de memoria.
No es, además, la primera vez que se plantea convertir el inmueble en un espacio dedicado a recordar a las víctimas. En julio de 2001, el Ayuntamiento de Ourense y el Estado firmaron un convenio por el que el primero asumió la titularidad del edificio con el compromiso de transformarlo en un museo de memoria. Un cuarto de siglo después aquella iniciativa continúa sin materializarse. Los colectivos reclaman ahora al Gobierno central que incoe de urgencia el procedimiento para declarar la antigua cárcel lugar de memoria democrática, lo que permitiría su anotación preventiva en el inventario estatal y adoptar medidas para frenar su deterioro y cualquier plan para convertirlo en establecimiento hotelero de lujo. También reclaman a la Xunta que tramite su declaración como Bien de Interés Cultural.
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