No hay peor amenaza que una mujer segura

Sin miedo a entrar en la lista de caras conocidas de la televisión que han publicado un libro, Helena Resano (Pamplona, 1974), presentadora del informativo del mediodía de La Sexta, se estrena como novelista con ‘Las rutas del silencio’ (Espasa), una historia ambientada a finales de los años 40 que transcurre entre un pueblo de Navarra y Biarritz. La presentadora narra la historia a través de la voz de Amalia, una chica joven, carismática y valiente que, después de sacudirse el polvo de la Guerra Civil, tiene hambre de conocer mundo, aunque la vida no se lo pondrá nada fácil.
De la mano de su familia y de un mentor que le hace el camino más fácil, consigue pasar de vender ajos en un pequeño pueblo navarro a mudarse a Biarritz, donde la joven da forma a una idea que empieza siendo inocente y que termina dando forma a una gran empresa de transportes que conecta rutas entre el sur de Francia, París, Italia y España. Con este éxito conseguido por mérito propio, las desgracias no le son ajenas a la protagonista, que viviendo un amor idílico, con la empresa en expansión y un futuro perfecto por delante, verá cómo todo se trunca.
La periodista Helena Resano no es novata en el mundo editorial, ya había publicado ‘La trastienda de un informativo’ (Alienta, 2016), pero ahora se ha quitado la espinita de escribir ficción con una historia que bebe de lo que conoce, partiendo del pueblo de su padre, Falces (Navarra), y de la voz de una mujer decidida que se ve obligada a superar todo lo que le pasa hasta convertirse poco a poco en alguien que ni imaginaba. Amalia deja su historia escrita como legado para su hija, que la descubre tras su muerte, sacando a la luz los secretos con los que convivía su familia.
¿Puedes ver algo de Amalia en ti?
Sin pretenderlo puede tener cosas mías, pero no me he inspirado en mí. Su forma de ver la vida es a través de mis ojos, pero he intentado crear un personaje que tenga algo de lo que yo creo que tendrían las mujeres de aquella época. De las historias que he escuchado de mi madre y de mi suegra, de lo que ellas lucharon.
Esas ganas de viajar y ver mundo, ¿también las has sentido?
Tuve que salir de Pamplona porque no iba a tener una carrera como yo quería tenerla, conociendo mundo y pudiendo contar grandes historias, entre otras cosas porque yo no hablo euskera y en ese momento te abría más puertas. Una profesora, en segundo de carrera me dijo, «deberías irte a Madrid» y aunque no estaba en mis planes me fui el verano siguiente a hacer unas prácticas. Volví pensando que no era mi sitio, que era una ciudad demasiado salvaje y agresiva para lo que yo estaba preparada, pero al final, al año siguiente volví. Me llegaron dos ofertas, una para radio y otra para TV, cogí la segunda porque pagaban más y me quedé pensando que sería solo para un tiempo, pero aquí sigo. A mí la vida me fue colocando, no como a Amalia –protagonista del libro–, que fue creando su destino.
La novela transcurre en Biarritz, ¿qué relación tienes con este escenario?
Me gusta mucho Francia y Biarritz es una ciudad a la que he ido muy a menudo porque mi marido es de San Sebastián. Creo que es una ciudad magnética, los atardeceres son hipnóticos. Aunque la historia y el escenario los tomé prestados de un seguidor, Jean François Resano, que me escribió para saber los orígenes de mi apellido porque un antepasado suyo había emigrado desde Falces –el pueblo de su padre y el primer escenario del libro– hasta Biarritz. Montaron una línea de transporte con camiones que lleva el nombre Resano, que se acabó haciendo enorme. Y aunque frecuento mucho la ciudad y confiaba en mi memoria, hice muchos viajes durante el proceso de escritura para ser fiel a todo lo que iba ambientando.
¿Has averiguado si esta familia y la tuya tienen alguna conexión?
No hemos conseguido encontrar la conexión. He hablado mucho con Jean François por Instagram, me envió mucho contexto y fotos de los primeros camiones pero no hemos encontrado la relación, seguramente lo haremos porque no son tantos los Resano que hay ni en España ni en Francia.
¿Te gustaría saber los secretos que hay dentro de tu familia?
Creo que hay una historia escrita en el legado que hemos transmitido de padres a hijos que es verbal, para que tu historia siga viva, como una manera de alargar la vida mediante los recuerdos. Escuchar a nuestros padres y a nuestros abuelos es el mejor regalo que les podemos hacer.
El libro es una historia de mujeres, sobre todo de las relaciones entre madre e hija, ¿qué papel ha tenido tu madre en tu vida y en tu carrera?
Creo que las madres de esa época sí que tenían algo en común, estaban muy encorsetadas dentro de los prejuicios sociales, sobre todo en esos primeros años del franquismo. Sí que he escuchado de mi madre las preocupaciones por el qué dirán y el miedo de no dar que hablar. Aquí los personajes femeninos son luchadoras sin pedir protagonismo, no buscan tener un nombre sino por sacar adelante a los suyos.
La idea de las cartas de madre a hija sí tiene algo de autobiográfico. Tú también empezaste a hacerlo cuando nació tu hija. ¿Crees que, al leerlas, descubrirá a una madre distinta de la mujer que eres?
Creo que no. Las primeras cartas son en primera persona porque yo era muy joven cuando me quedé embarazada y no sabía cómo iba a salir adelante con un trabajo tan exigente. Después la intención fue dejarle memoria a ella, anécdotas de la guardería, de gestos y recuerdos de ella misma. Afortunadamente hablamos mucho en casa, tenemos una relación muy cercana, así que no creo que descubra una Helena muy diferente de lo que yo soy.
También tiene mucho peso en el libro la relación de amistad entre mujeres, ¿qué importancia tienen tus amigas en tu vida?
Son la base de todo, las que están siempre, que te saben escuchar y dar el consejo que necesitas. Mantengo el mismo grupo de amigas desde que salí de la carrera, son mi familia y no hace falta que hablemos todos los días, nuestro grupo se llama ‘Ya está bien’, porque nos cuesta juntarnos, pero cuando lo hacemos todo es como siempre. Con ellas he vivido todo: cuando quedas con un chico por primera vez, cuando vas a ser madre y no sabes cómo afrontarlo, cuando te cambias de trabajo, cuando necesitas un respiro de tus hijos; tus amigas son tu refugio y cuánto más pasa el tiempo, más.
¿Qué es para ti ser una buena amiga?
Decir la verdad cuando la otra persona las quiere escuchar y cuando no la quiere escuchar ayudarle a encontrarla.
Las relaciones de poder entre hombres y mujeres están muy presentes, hablas de cómo una mujer entra directamente en segundo plano cuando un hombre entra en escena, ¿cómo has convivido con esto en tu carrera?
Nosotras todavía casi estamos pidiendo paso y muchas veces pidiendo perdón. A una mujer se le cuestiona constantemente cuando lidera y cuando triunfa y ser ambiciosa se interpreta de forma negativa, a un hombre se le reconoce como alguien de éxito que ha luchado por estar donde está. Este patrón, aunque la historia esté ambientada en los años 40, se repite. Cuando un compañero no te deja hablar en una reunión, te cuestiona y te acaban pisando poco a poco el terreno. Además, cuando se cumplen dos requisitos, que seas mujer y joven siempre encontrarán alguna excusa para justificar lo bueno que te pasa. Tuve un jefe que una vez me dijo, «lo único que vale de ti son tus ojos», y yo ya había hecho reportajes y había conseguido alguna exclusiva. Esto es una manera de desmontarte porque no hay peor amenaza que una mujer que se sienta segura de lo que es y de lo que hace. El único triunfo que le doy a ese comentario es que me hizo demostrar que merecía estar donde estaba, que es lo que nos toca siempre a todas.
‘La Sexta’ cumple 20 años en septiembre y tú has formado parte del proyecto desde el principio. ¿Cómo has vivido la evolución de la cadena?
Empecé en 2006 con un programa de debates, luego hice el mundial de 2006 y empecé con los informativos. Mucha gente me dijo en aquel momento que era una locura irme de TVE, pero lo vi como una manera de volverme a retar y no acomodarme tan pronto. Pensaba que iba a estar dos años o tres y ya se han cumplido 20. Hemos contado muchas cosas, crisis, nuevas guerras, movimientos sociales… La gente no buscaba estar informada en aquella época y nosotros acompañamos un cambio. A partir de 2015, la gente empezó a reclamar mucho más los derechos que les pertenecían. Haber vivido este cambio contándolo en directo es un privilegio.
¿La línea editorial de La Sexta estaba definida desde el principio?
Desde el principio iba a ser una cadena progresista pero hemos ido cambiando el enfoque. Al principio los informativos de ‘La Sexta’ eran muy desenfadados, incluso nos disfrazábamos, una vez lo hicimos caracterizadas como si fuéramos presentadoras de los años 70 para conmemorar el aniversario de la Constitución. Hemos ido creciendo y madurando a la vez nosotros y la cadena. Era el momento de hacernos ver y dar de qué hablar.
¿Recuerdas ese tipo de periodismo con nostalgia?
Sí, hacíamos periodismo pegado a la calle, sabíamos lo que se estaba cociendo pero queríamos contarlo de otra forma. Muchas de las cosas que ahora parecen novedosas, como hacer un informativo fuera de la redacción, nosotros ya lo hicimos en 2012. Las últimas veces no hemos salido porque hemos buscado siempre ir a contracorriente. Como ahora estaban haciendo lo mismo, no lo hemos hecho, pero yo sigo reclamando que hay que salir. La eterna crisis en la que vive el periodismo puede estar más presente que nunca si damos credibilidad a cualquiera que se grabe en su casa, pero creo que se puede ir encauzando. Espero y confío porque, si no, iríamos hacia un escenario aterrador.
¿Cómo ha sido el cambio de escribir como periodista a novelista?
Sabía dónde quería empezar y cómo quería terminar la historia. Pero, como buena novata, he cometido muchos errores. Escribía a ratos y por impulsos, y a veces no me acordaba de algunas de las cosas que había escrito. No hice fichas de los personajes ni líneas temporales. Al final, ese proceso de escritura ha sido mucho más satisfactorio de lo que pensaba, desbloqueé el miedo que me había autoimpuesto. También acabé sufriendo mucho con los personajes, a veces tenía que parar para llorar y seguir escribiendo. Tenía que pararme a pensar que yo estaba haciendo sufrir a Amalia y que no estaba pasando en la realidad.
Una vez que el libro ha visto la luz, ¿cómo has llevado las opiniones?
Empecé a disfrutar del proceso después de la presentación a la prensa que hicimos en Biarritz con la editorial. Esa noche dormí fatal porque eran mis primeros lectores reales, pero el primer contacto que tuve con ellos fue bueno, me dijeron que les había encantado el libro. Ha sido una promoción exigente, he estado todos los fines de semana fuera de casa, pero recibir el cariño de la gente es el mejor regalo que te puede pasar.
¿Cuál va a ser tu próxima lectura para las vacaciones?
Ahora estoy leyendo ‘La memoria de las olas’ de Mirta Ojito (Espasa).
Licenciada en Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, con experiencia en prensa escrita en distintos medios digitales, y especializada en marketing y comunicación. Le interesan las historias, ya sea en papel, en pantalla o en una buena conversación. Siempre tiene un libro a mano, una película pendiente y una playlist en reproducción.
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