Operación Felipe VI en Ceuta: ¿reafirmación de la soberanía española o desafío calculado a Mohamed VI?

Felipe VI irá a Ceuta y Melilla 73 días después de que se produjera el paso fronterizo de los días 30 y 31 de julio. La visita la han «consensuado» Zarzuela y Moncloa, tal y como confirman fuentes de la Casa Real. Sin embargo, se trata de una decisión muy tardía, especialmente habida cuenta de que desde Presidencia del Gobierno se trasladaba a Público el 18 de agosto que el Ejecutivo veía «con buenos ojos» la visita del rey a Ceuta. Esas fuentes oficiales puntualizaban también que, en cualquier caso, la decisión final estaba en manos del monarca. Dos preguntas son obligadas. ¿Por qué el viaje llega tan tarde? ¿Y qué busca Felipe VI con su visita casi dos meses y medios después?
En Zarzuela, como es habitual, reina la discreción y no ofrecen respuestas más allá de la comunicación con la que dieron la noticia de la visita, en la que informaban precisamente de que el viaje había sido consensuado con el Gobierno. Es, por lo tanto, una incógnita por qué no se ha hecho antes. El catedrático en Comunicación Política y Opinión Pública Víctor Sampedro considera que esa demora va a comportar que los «efectos políticos» sobre la crisis sean «nulos», aunque el rey estaría buscando dar sensación de «capacidad ejecutiva».
También define el viaje más bien como un «gesto político» de «consumo interno» después de haber «rehusado un conflicto con la monarquía alauita». Para Sampedro, «el rey no ha ejercido como Jefe del Estado» y rechaza cualquier versión distinta a que ha sido el propio Felipe VI el que ha retrasado el viaje. «¿A alguien le queda alguna duda de que la monarquía en España tiene una autonomía casi plena para establecer su agenda?», se pregunta.
Fuentes de Moncloa destacan a Público que, ya desde verano, la Casa Real manifestó su voluntad de visitar las ciudades autónomas. «Nosotros consideramos en su momento que no había ningún problema e incluso el presidente del Gobierno lo aclaró públicamente», recuerdan. Las mismas fuentes destacan que es cierto que hace muchos años que los reyes no viajan porque son conscientes de que son ciudades que Marruecos reclama. «Pero, en esta situación, nos encontramos en el momento en el que claramente no hay que dejar ninguna duda ni espacio a que se cuestione la españolidad de Ceuta y Melilla. Una visita institucional contribuye a que no se produzca ese cuestionamiento», añaden.
En el entorno de Sánchez son conscientes de que Marruecos «es evidente que discrepará» y no descartan que se produzcan declaraciones críticas al respecto. «Pero es lo que toca hacer porque es verdad que la situación que se vivió en verano fue muy excepcional», apuntan. En Moncloa reiteran que las relaciones con Marruecos son muy buenas en estos momentos y no prevén consecuencias diplomáticas. Otras voces consultadas por este medio conocedoras de la relación entre ambos países ponen en el foco en que precisamente esta visita ahora es posible por la confianza mutua entre Gobiernos. Algo que además solo ha sucedido de manera histórica con el Partido Socialista en la Presidencia del Gobierno, informa Miguel Muñoz.
Por lo tanto, en Moncloa entienden la visita como un movimiento que reafirma la soberanía española en las dos ciudades autónomas en un momento de particular tensión, aunque el hecho de que el viaje se haya producido meses después del paso fronterizo ha permitido rebajar la tensión y, según apuntan, no esperan efectos más allá de declaraciones públicas subidas de tono. Público ha preguntado a los ministerios de Exteriores, Defensa e Interior y ninguno de los tres traslada que se contemplen reacciones más drásticas por parte de Rabat.
Entre las izquierdas del Congreso la noticia de la visita del rey a Marruecos ha sido recibida sin pena ni gloria. Desde Sumar, por ejemplo, trasladan que «no están preocupados por la visita del rey», sino por «las constantes denuncias de agresiones a oenegés y personas migrantes por parte de militares españoles». Parecido, por poner otro ejemplo, en Esquerra Republicana, para quienes «cualquier visita del rey es más una simple visita simbólica que una respuesta efectiva a los problemas de la ciudadanía». En este caso concreto creen que el viaje «se usará políticamente como una operación más de relato por parte de la derecha española para seguir desplazando lo que realmente es urgente, que es la situación humanitaria que vive la ciudad».
Muy distinta es la alegría con la que ha recibido la información el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, que ha calificado el viaje del rey de «día histórico». «No creo que haya ninguna autoridad en España más comprometida con lo que ha ocurrido en Ceuta», ha dicho a pesar de la demora de la visita del monarca: «Será recibido como se merece, como el Jefe del Estado al que queremos y al que somos absolutamente leales».
Las reacciones de Marruecos a la anterior visita
En democracia, la monarquía española solo ha visitado una vez Ceuta. Lo hicieron Juan Carlos I y la —por aquel entonces— reina Sofía en 2007. Las fechas de los viajes nunca son casuales. Ni lo fue la de 2007 ni lo es la de 2026. El rey emérito viajó a Melilla el 6 de noviembre, en el aniversario de la Marcha Verde que organizó Marruecos en 1975 para exigir la salida de España del Sáhara Occidental, lo cual fue calificado como una provocación por parte de las autoridades marroquíes. En este caso, la llegada de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta tendrá lugar el 13 de octubre, horas después de la celebración del Día de la Hispanidad. El 14, los reyes pasarán el día en Melilla.
En 2007, la reacción de Rabat fue virulenta. Antes del desembarco de los reyes en la ciudad autónoma, Marruecos expresó con vehemencia su rechazo. El primer ministro marroquí en ejercicio por aquel entonces, Abbas el Fassi, pidió a Juan Carlos I que reconsiderara la visita y, ante el Parlamento, afirmó que «no ahorraría esfuerzos» para «recuperar las dos ciudades». En los días previos a la llegada, se organizaron manifestaciones en contra en Tetuán y Marruecos llamó a consultas a su embajador en Madrid, Omar Azziman. En el documento con el que se comunicó oficialmente esa decisión diplomática, se calificaba a Ceuta y Melilla como «ciudades ocupadas». Pasados los años, la reclamación por parte del país vecino sigue siendo la misma y ha ganado decibelios en los últimos meses, a pesar de que en Moncloa insisten en las buenas relaciones entre ambos Estados.
Cuando el rey emérito pisó suelo ceutí, en aquel lejano 2007, El Fassi acusó a España de haber traspasado «una línea roja» en lo referente a la integridad territorial marroquí, algo que, desde la perspectiva de Rabat, volverá a hacer Felipe VI en 2026. Está por ver la reacción concreta de Mohamed VI, que no se quedó callado hace veinte años. El máximo dirigente del país calificó el viaje de «paso contraproducente» que «golpea los sentimientos patrióticos (…) del pueblo marroquí». Y culminó con una amenaza: «Ante este acto nostálgico y de una era sombría y superada, las autoridades españolas deben asumir su responsabilidad en cuanto a las consecuencias que pueden poner en peligro el porvenir y la evolución de las relaciones entre ambos países».
A juzgar por el tono de las distintas fuentes gubernamentales con las que ha podido hablar Público no parece que la preocupación del Ejecutivo sea que la visita de Felipe VI acarree una reacción mucho mayor por parte de Marruecos. El profesor Sampedro subraya precisamente que Zarzuela ha dejado pasar un tiempo prudencial para no soliviantar a Rabat. «El rey se cuidará de medir mucho su discurso», abrocha. Los desafío a Mohamed VI parece haberse calculado con precisión para no levantar más ampollas de las estrictamente necesarias.
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