de un encuentro en Madrid a una boda secreta en Venecia

La historia de Raphael y Natalia Figueroa es una de esas relaciones que han conseguido mantenerse firmes durante más de medio siglo. El cantante y la aristócrata se conocieron en Madrid en 1968, cuando sus caminos se cruzaron en una entrega de premios, y lo que comenzó con un primer encuentro terminó convirtiéndose en una historia de amor, una familia y una vida compartida.
Hay historias de amor que empiezan con un flechazo inmediato y otras que necesitan tiempo para encontrar su lugar. La de Raphael y Natalia Figueroa pertenece a este segundo grupo. Sus caminos se cruzaron en Madrid en 1968, cuando el cantante ya comenzaba a convertirse en una de las grandes figuras de la música española y Natalia Figueroa, hija del marqués de Santo Floro y nieta del conde de Romanones, desarrollaba su carrera como periodista y escritora.
Cómo se conocieron Raphael y Natalia Figueroa
El encuentro tuvo lugar durante una entrega de premios de Radio España celebrada en el Teatro de la Zarzuela. Raphael acudía para recoger un galardón y Natalia era precisamente quien se encargaba de entregárselo. Fue así, en un contexto profesional y ante el público, como se produjo aquel primer contacto que acabaría marcando sus vidas.
Y la primera impresión no fue exactamente la misma para los dos. Raphael quedó fascinado por Natalia desde el principio: le pareció una mujer guapísima, equilibrada, prudente y simpática. Ella, en cambio, reconocería posteriormente que en aquel primer momento el cantante le había parecido algo engreído. Nada que hiciera presagiar todavía que acabarían formando uno de los matrimonios más longevos y queridos de nuestro país. Sin embargo, aquel primer encuentro fue solo el principio. Raphael y Natalia comenzaron a conocerse poco a poco y, a través de diferentes citas, fueron construyendo una amistad que terminó transformándose en amor. La propia Natalia ha explicado que no era de las personas que creían que una amistad pudiera convertirse necesariamente en una relación sentimental, pero su historia demostró precisamente lo contrario.
Su noviazgo tampoco estuvo completamente libre de dificultades. Ambos procedían de mundos diferentes y tuvieron que enfrentarse a las circunstancias propias de una relación que empezaba a consolidarse mientras Raphael vivía uno de los momentos de mayor crecimiento de su carrera. Aun así, aquella relación fue ganando fuerza hasta que los dos decidieron dar un paso más.
Cuatro años después de conocerse, el 14 de julio de 1972, Raphael y Natalia Figueroa se dieron el ‘sí, quiero’ en Venecia. La pareja eligió la iglesia de San Zacarías, en la plaza de San Marcos, para celebrar una ceremonia que procuraron mantener alejada de la atención mediática. Natalia apostó para la ocasión por un original vestido de inspiración andaluza, con falda de volantes y una flor en el pelo. La ceremonia se celebró además con la máxima discreción, hasta el punto de que. La ceremonia se celebró además con la máxima discreción, hasta el punto de que la pareja consiguió mantener en secreto sus planes de boda y sorprender con un enlace que apenas trascendió hasta después de celebrarse.
Después llegarían sus tres hijos, Jacobo, Alejandra y Manuel, y, con los años, ocho nietos. Raphael ha reconocido en numerosas ocasiones el papel fundamental que Natalia ha tenido en su vida y en su carrera, llegando a asegurar que buena parte de lo que ha conseguido no habría sido posible sin ella.
Más de cinco décadas después de aquel encuentro en el Teatro de la Zarzuela, su historia continúa siendo una de las grandes historias de amor de la crónica social española. Una relación que nació sin un flechazo inmediato, creció a través de la amistad y terminó convirtiéndose en un matrimonio de más de 50 años construido sobre el cariño, el respeto y una vida compartida.
Enlace de la fuente