El auge de Aliança Catalana amarga el regreso a Puigdemont

«Es Carles Puigdemont quien tendrá que decir lo que querrá ser». En público y en privado, los dirigentes de Junts declinan esta respuesta cuando se les pregunta cuál será el rol del expresidente de la Generalitat cuando se consume la aplicación efectiva de la amnistía. Impera el secretismo sobre sus planes de vuelta a Catalunya -contadas personas del círculo de confianza conocen los detalles del regreso- y también se guarda silencio sobre el futuro político de Puigdemont. El partido quiere ir paso a paso. Primero, garantías claras de que su líder -así como los exconsellers Toni Comín y Lluis Puig- podrán pisar tierras catalanas.
El capítulo decisivo para materializar todas las garantías se juega este martes en el Tribunal Constitucional (TC). Tras el noveno aniversario del 1 de Octubre -más marcado por el rechazo de Junts a los decretos de vivienda que por la efeméride del referéndum-, el pleno del TC debe despachar los recursos de amparo de Jordi Turull y Dolors Bassa, resolución que servirá para el resto de dirigentes soberanistas. El presidente del tribunal, Cándido Conde-Pumpido -que ha elaborado la ponencia del caso de Bassa mientras José María Macías rehacía la de Turull-, ya ha manifestado que dictará una sentencia «clara, precisa y contundente» sobre la aplicación de la amnistía. Y también ha detallado que trasladará el pronunciamiento «inmediatamente» al Tribunal Supremo. Fuentes del alto tribunal habían apuntado este septiembre que el magistrado Pablo Llarena podría actuar sin esperar a la resolución del recurso de Puigdemont -con el primer paso del TC de este martes-, pero no hay garantías sobre el dictamen final del Supremo ni su calendario. Una decisión que ahora se mezcla con la convocatoria de elecciones para el 29 de noviembre.
La aplicación efectiva de la amnistía entra en su recta final, aunque tiene un sabor agridulce para Junts. El regreso de Puigdemont, que debe servir para engrasar muchas de las decisiones que el partido ha mantenido en pausa en los últimos tiempos, llega en pleno auge demoscópico de Aliança Catalana. Lo certifica la última encuesta de La Vanguardia, que sitúa a la formación de Sílvia Orriols como segunda fuerza parlamentaria empatada con el PSC (30 escaños) en unas eventuales elecciones catalanas, mientras dibuja un Junts en caída libre (16 escaños y quinta fuerza, por detrás de Vox). En las filas nacionalistas se lee la llegada del expresidente a Catalunya como un estímulo para sacudir las aspiraciones del partido. «Ya no jugaremos con una mano atada a la espalda», acostumbra a decir Jordi Turull, secretario general. Pero el vigor electoral de Orriols -Aliança no ha hecho ninguna encuesta interna y se fía de las que hacen los medios- ya ha hecho aflorar los nervios en la formación.
Dilema en el Parlament… y campaña electoral
A pesar de no haber revelado los planes del retorno -entre las personas que diseñan el operativo también figura quien le ayudó a dar el golpe de efecto de la visita fugaz del 8 de agosto de 2024-, hay dos voluntades que se han afianzado. La primera: Puigdemont pretende recorrer Catalunya tras nueve años en Bélgica para poder «palpar» la realidad de un país que ha cambiado de fisonomía, por el incremento de población, y las dificultades crecientes en vivienda, movilidad y servicios públicos. Así lo detalló este septiembre en una entrevista The Sunday Times. Y, la segunda: el presidente del Parlament, Josep Rull -integrante del Govern en 2017- ya ha manifestado que lo recibirá en la cámara con honores. El líder de Junts es diputado y se da por hecho que Rull pondrá las condiciones para que pronuncie un discurso con aroma presidencial.
Pero, más allá de los focos que acapare, lo más relevante en clave parlamentaria será si Puigdemont prevé asumir el rol de jefe de la oposición para confrontar con Salvador Illa. Hasta ahora, la función, que tiene categoría institucional, ha quedado vacante y Mònica Sales y Salvador Vergés han asumido el liderazgo en el Parlament. Asociada a esta decisión está el dilema sobre una eventual candidatura a la presidencia de la Generalitat en 2028. Sería el cuarto intento consecutivo como cabeza de cartel en unas elecciones catalanas -en las tres anteriores no ha ganado-, el primero sin tener que hacer campaña desde el extranjero. Pero el adelanto electoral en España, con elecciones a finales de noviembre, podría hacer que el partido tuviera la tentación de presentarlo de candidato al Congreso, ahora mismo una incógnita. En la campaña aparecerá seguro si el regreso se consuma. Ahora bien, no todas las voces entorno a Junts otorgan a Puigdemont la fortaleza para contener la sangría de votos que sufre el partido. A su vez, Aliança ningunea el impacto de la operación retorno del expresidente. «[Puigdemont] no será la solución a todos los problemas electorales de Junts, como creen sus militantes», insiste un alto dirigente de la formación de Orriols consultada por Público.
La reconstrucción del espacio conservador
En Junts, sin embargo, intentan evitar la caída libre agrupando fuerzas. La relación entre Puigdemont y Artur Mas se había enfriado en los últimos tiempos. Pero el 10 de septiembre, justo antes de la última Diada previa a la aplicación de la amnistía, ambos líderes difundieron la imagen de un encuentro cordial en Waterloo, que servía para interpretar intereses compartidos para reagrupar el espacio que ocupaba la antigua Convergència. La fotografía se añadía a otros movimientos de dirigentes del espacio convergente que han vuelto a tejer relaciones con Junts y su líder. Una es Marta Pascal, que dirigió el PDECat hasta que su relación con el expresidente se deterioró, y que ahora mantiene contacto con la cúpula de Junts. Hasta el punto de que una persona de su confianza, Carles Ribas, será el número 2 de Junts en Girona en las próximas municipales. Una recomposición del universo del nacionalismo conservador que también ha incluido acuerdos con el partido de Germà Gordó -histórico de CDC- y numerosas alianzas a escala local con candidaturas vinculadas al PDECat.
En paralelo, este septiembre también se han articulado nuevos espacios de debate del catalanismo moderado, como el que lidera la exconsellera del Govern y actual concejal de Junts en Barcelona, Victòria Alsina, al frente de la fundación Paral·lel 41. En su presentación estuvo presente Jordi Pujol, así como una amplia representación de nombres propios del mundo convergente, como los exconsellers Felip Puig, Quim Forn, Ramon Tremosa o Josep Maria Argimon.
Más a la derecha para combatir a Aliança
Mientras Junts trata de acumular apoyos de forma orgánica sufre fugas en el electorado. La tendencia es clara. Así lo indicaba la encuesta de La Vanguardia -la más cruda hasta ahora, con la pérdida de 19 escaños- y también barómetros como el del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), que en julio de 2026 pronosticaba que Aliança Catalana podría ser tercera fuerza en el Parlament (entre 23 y 25 escaños) por delante de Junts (16-18 diputados). Uno de cada cuatro electores que votó a Puigdemont en 2024 ahora optaría por apoyar a Sílvia Orriols. Esta hemorragia es la que se pretende contener con el regreso del expresidente. En el partido aspiran a recuperar la iniciativa del debate público con propuestas para combatir el malestar social más allá de la cuestión territorial.
El inmovilismo en la negociación de los decretos de vivienda y el voto contrario a las medidas, así como el discurso en defensa de los propietarios -en sintonía con la patronal Fomento del Trabajo y actores del mercado inmobiliario- ha falcado la presencia de Junts en el espacio ideológico de la derecha. Un paso más después de endurecer el discurso en materia de inmigración y también de seguridad, y de desplegar una agenda económica centrada en las rebajas fiscales. Al mismo tiempo, el partido ha hecho un viraje en la manera de combatir la extrema derecha de raíz independentista. En lugar de rehuirla, plantarle «batalla», tal y como han planteado algunos dirigentes en público. De momento, con malos resultados. El dilema que la formación deberá afrontar tras las municipales será si evita pactos con Aliança y rehúye sus votos para conservar alcaldías. Todas las decisiones pasan por Puigdemont, que cuenta los días para poder volver. Orriols le está amargando una alegría que ha esperado nueve años.
Enlace de la fuente