Gerardo Pisarello, dirigente de Comuns: «El Frente Amplio tiene que incorporar a todo el mundo, también a Podemos»

Gerardo Pisarello (Tucumán, Argentina, 1970) ejercía, hasta la reciente disolución de las Cortes, como secretario primero de la Mesa del Congreso. Su futuro político cercano está, sin embargo, lejos del ruido de la M30. El candidato de Comuns a las municipales de Barcelona atiende a Público 48 horas después del adelanto electoral anunciado, este lunes, por el presidente del Gobierno y en medio de las negociaciones para configurar las listas del nuevo Frente Amplio, con la incorporación de Podemos todavía en el aire. Su compañera de partido y predecesora en el ayuntamiento, Ada Colau, es, para Pisarello, uno de los nombres «que podrían ayudar a que ese Frente Amplio termine de cuajar». Una frente que, insiste el que fuera diputado, tiene que incluir «a todo el mundo» y apostar por un «liderazgo coral», aprovechando uno de los principales activos de la izquierda: su diversidad.

Hemos conocido, este martes, que el TC ha avalado la aplicación de la amnistía a la malversación del procés. Una decisión judicial que abre la puerta, después de casi nueve años de exilio, al regreso del que fuera president de la Generalitat, Carles Puigdemont. ¿Cómo valora esta decisión?
Debería haber llegado antes. Este retraso es producto de una aberración jurídica, de una invención del Tribunal Supremo. Ese que el Partido Popular se vanagloria de haber controlado por la puerta de atrás y que impidió que se aplicara antes una ley aprobada por la mayoría del Congreso y que nos hubiera permitido evitar que esta judicialización de la política se prolongará tanto. Por eso, lo primero es lamentar el papel de determinados sectores del Poder Judicial a la hora de intervenir en cuestiones aprobadas democráticamente. En segundo lugar, celebro que el presidente Puigdemont pueda volver. Celebro que la amnistía se aplique de manera plena, como tendría que haberse hecho hace mucho tiempo con todas las personas que fueran perseguidas.
Lamento también que Carles Puigdemont regrese en un momento en que su partido, Junts, se está convirtiendo en el cómplice del PP y Vox a la hora de aprobar medidas antisociales en materia, no solamente de vivienda, sino también, por ejemplo, laboral. Durante un tiempo Junts era un partido que votaba en el Parlamento de Catalunya medidas progresistas con las fuerzas de izquierda y ahora, este Junts con el que se produce el regreso de Puigdemont, nos recuerda mucho a la vieja Convergencia. Una Convergencia que se entendía con el Partido Popular de Aznar, con el Partido Popular de Rajoy, que aplicaba recortes, privatizaba servicios públicos y, básicamente, se ponían al servicio de la gran patronal catalana. Por lo tanto, es un sentimiento ambivalente.
Alejando el zoom a la esfera nacional, empezábamos la semana con el anuncio del adelanto electoral. ¿Ha pillado la convocatoria de elecciones desprevenida a la izquierda? Por lo menos al espacio del que forma parte, a ese nuevo Frente Amplio que sigue, por el momento, sin candidato conocido y con una marca filtrada oficiosamente a través de la prensa.
Es verdad que no nos esperábamos que se precipitaran tanto estas elecciones generales, pero contábamos con que era posible. Con lo que no contábamos es con este hecho maravilloso que ha sido la irrupción en muchísimas ciudades de todo el estado de esa juventud reivindicativa y comprometida. Esa juventud a la que se estigmatizaba diciendo que no estaba comprometida con la política, que era una generación perdida y que, de pronto, ha irrumpido en muchísimas ciudades, acampando y movilizándose con mucha fuerza y determinación en defensa de un derecho básico como es el derecho a la vivienda y señalando a los grandes rentistas.
Esa irrupción de la calle lo ha cambiado todo y nos obliga a todos a ir más rápido. A las fuerzas de izquierdas que veníamos trabajando por construir algo digno a la izquierda del Partido Socialista nos obliga a completar la tarea e intentar ponernos de acuerdo lo más rápido posible. Al Gobierno y al Partido Socialista les obliga a entender que, en una semana, la calle ha hecho lo que no han querido hacer en meses y en años: atreverse a poner medidas valientes sobre la mesa en materia de vivienda. Las elecciones se van a producir en un contexto de convocatoria de una huelga general, algo inédito que expresa la toma de conciencia de sectores importantes de la sociedad del peligro de que vuelvan a gobernarnos los sectores reaccionarios y neofranquistas. Por lo tanto, entramos en un escenario trepidante, pero hay que estar preparados y con el oído y los pies muy cerca de la calle.
Lo que necesitamos son liderazgos corales, porque nuestras fuerzas son muy plurales y tenemos gente valiosísima
¿Cree que ese contexto de movilización social favorece a las fuerzas de izquierdas a pesar de venir de ocho años de gobiernos de coalición progresista? ¿Van a ser estas elecciones una suerte de plebiscito sobre la vivienda?
Yo, como mucha otra gente, pertenezco a un espacio político que se nutre básicamente de lo que fueron las movilizaciones contra la gran crisis capitalista del 2008. Lo que nosotros llamamos el 15M era una respuesta a aquella crisis financiera que fue una auténtica crisis estafa. Gracias a eso muchísimas personas que no veníamos de la política institucional llegamos a gobernar ciudades y a tener una presencia en el Congreso de los Diputados. Pero creo que esa ola se estaba cerrando, estaba decayendo. Y, cuando tienes gobiernos de coalición pero no hay una movilización fuerte en la calle, muchas medidas no pueden avanzar lo que tendrían que avanzar. Yo celebro muchísimo que se haya producido esta irrupción movilizadora en las calles que nos da mucho oxígeno para hacer cosas que no se han podido hacer durante estos años. Primero por la resistencia del PSOE y, en este segundo mandato, por la oposición feroz e indecente de las derechas radicalizadas de PP y Vox.
Con este movimiento que se ha producido en las calles se instala un momento diferente y tan importante que ya ha dado lugar a una a una huelga general, algo que el 15M no produjo de manera inmediata. Son esas cosas en la historia que a veces parecen imposibles y, de pronto, cuando nadie se lo espera, aparecen. Lo que hay en la calle es una movilización muy transversal de gente de diferentes sectores sociales que está atravesando un problema sobre todo en materia de vivienda. Gente seguramente con adiciones ideológicas diferentes y que va a marcar los tiempos por venir. No solamente, repito, para las izquierdas, sino para el conjunto del sistema político. En esas calles hay gente joven y mayor que quizá eran votantes de Vox, del Partido Popular o de Junts y que, frente a un tema como el de la vivienda, piden soluciones y que sean soluciones valientes. Soluciones que pasan por intervenir el mercado, que es algo que parecía imposible de hacer y ahora está sobre la mesa.

¿Quién debería liderar ese nuevo Frente Amplio? Sonaba estos días como una de las favoritas la ministra de Sanidad, Mónica García, pero parece que ha cobrado fuerza en las quinielas el nombre de una de sus compañeras de formación, la exalcaldesa de Barcelona Ada Colau.
Una cosa obviamente es la calle y la otra son las urnas. Lo que tenemos que conseguir los partidos que nos situamos a la izquierda del PSOE y que estamos defendiendo esta idea de Frente Amplio es traducir de la mejor manera posible lo que la calle está planteando. Y esa calle yo creo que tiene dos elementos. Por un lado está colocando claramente en el centro el tema de la vivienda o los salarios dignos, pero, por otro, es también profundamente antifascista. Los cantos antifascistas tienen ahora un papel que en el 15M no tuvieron. Quizás porque las derechas se han radicalizado en estos últimos años en el mundo entero, con Trump a la cabeza, de una manera descarnada. En cualquier caso, si en la calle, desde CGT, UGT y CCOO hasta los Sindicatos de Inquilinas, se ponen de acuerdo para hacer una huelga general, ¿cómo no vamos a conseguir nosotras ponernos de acuerdo en torno a un programa de medidas valientes en el ámbito de la vivienda, del trabajo, de la defensa de la paz o contra el rearme?
La figura del Frente Amplio creemos que puede ser una figura interesante para eso, pero tiene que ser un Frente Amplio que de verdad incorpore a todo el mundo. Que incorpore a las fuerzas que, en este momento, estamos dentro pero también a las que están fuera, como Podemos. Nuestra posición es defender que todo el mundo tenga que estar. Es verdad que vamos a contrarreloj, pero hay que trabajar para eso, a sabiendas de que lo que se necesita esta vez son liderazgos absolutamente corales. Primero porque la composición de nuestras fuerzas es muy plural y segundo porque en todas las fuerzas hay gente valiosísima.
Claro, me preguntas por el caso de Catalunya, de Barcelona y de Ada Colau y no lo puedo esconder. Creo que, en un momento donde el tema de la vivienda y de la valentía en la gestión están en el centro, sumado a otros temas como el feminismo o la defensa de las personas migrantes, para mí Ada Colau es uno de los nombres que seguramente podría ayudar a que ese Frente Amplio termine de cuajar. Pero también depende de lo que ella decida finalmente y de que, como ella dice, se consiga que todas las fuerzas puedan estar unidas y ese Frente Amplio sea lo más abierto posible.
Usted ha sido uno de los grandes defensores de construir un frente amplio que incluya a todas las izquierdas soberanistas y estatales. Podemos ha puesto sobre la mesa una propuesta para articular esa candidatura a través de unas primarias abiertas el 14 y 15 de octubre. ¿Qué le parece a Comuns está propuesta? ¿Van a participar en esas primarias?
Creo que no hay que descartar ninguna vía. Yo soy candidato a la alcaldía de Barcelona y pasé por unas primarias dentro de mi propio partido para serlo. Por lo tanto, creo que no hay que descartar esa vía. Lo que sí hay que hacer es priorizar la vía que facilite que se produzca el acuerdo. Creo que la gente lo que nos está pidiendo, sobre todo, es que haya un acuerdo, que nos entendamos. Sabiendo eso, hay que ponerse a trabajar, porque vamos ya a contrarreloj. Las fechas son las que son y creo que lo que hay que priorizar es eso: que el acuerdo pueda efectivamente producirse y que estén todos los nombres que tienen que estar. En todos los espacios hay dirigentes, hombres y mujeres, de primer nivel.
¿Qué feedback reciben del resto de fuerzas que integran el grupo de Sumar en el Congreso: Compromís, CHA o MÉS?
Yo creo que se está avanzando más de lo que parece. La calle está creando las condiciones que nos obligan a avanzar. Por ejemplo, poniendo sobre la mesa la posibilidad de que se aprobaran esos dos Reales Decretos-ley en materia de vivienda. Era algo que le veníamos pidiendo al Partido Socialista hace años y algunos de los temas estaban pendientes desde la legislatura anterior. Y, de pronto, eso se desata. Nosotros teníamos muchas diferencias sobre cosas que nos gustaban y no nos gustaban del decreto. Sabíamos que había que ir más lejos, por ejemplo, en la prohibición de compras especulativas o en la actuación ante los fondos buitre. De pronto, los Sindicatos de Inquilinas, que también querían ir mucho más lejos, nos dicen: «Hay que votar esos decretos. Es lo que tenemos, votemos y a seguir movilizándonos a favor de una huelga general». Ahí nos cuadramos todos y me parece que con la unidad política tiene que pasar un poco lo mismo.
Ahora estamos frente a una situación límite, donde es mucho lo que nos jugamos. En este momento las derechas reaccionarias —PP y Vox— están muy fuertes en las en las encuestas, pero no podemos dar por perdida esa batalla. Tenemos que movilizar al electorado progresista y mostrarles que es posible lo que la calle nos está diciendo, que es posible evitar que esas fuerzas reaccionarias lleguen al gobierno y que eso pasa inevitablemente por buscar la unidad. Conociendo, incluso, cuál es el sistema electoral que tenemos, que penaliza ir separados en muchos sitios. Por lo tanto, el objetivo después de lo que ha ocurrido en la calle tiene que ser encontrar cuáles son las fórmulas para hacerlo. Se está trabajando en ese sentido y soy mucho más optimista ahora de lo que lo era hace dos o tres semanas.
Igual que el PP tiene el aliento de Vox sobre la nuca, Junts siente el de Aliança
Tras el adelanto electoral, decaen algunas medidas de las que ha hecho bandera durante la legislatura Sumar: la ley de nacionalidad para el pueblo saharaui o la penalización de las terapias de conversión. Otras antiguas promesas de la legislatura se quedan en un cajón: la derogación de la ley mordaza, la reducción de la jornada laboral o medidas estructurales en materia de vivienda. ¿Cuáles son, para usted, las grandes deudas de esta legislatura?
Casi todas las que mencionas. Te escuchaba enumerarlas ahora y me produce, una gran tristeza y una gran rabia no haber sido capaces de llegar acuerdos para llevarlas adelante. Había algunas que tienen que ver con cuestiones de cambios democráticos, como la eliminación de la ley mordaza. Me parece importantísimo porque es la defensa de la protesta ciudadana frente a su criminalización. Me da rabia tener pendiente la reforma del Poder Judicial o algunos cambios estructurales en materia de vivienda que podríamos haber adoptado mucho antes, pero creo que, ahora mismo, más que lamentarnos, tenemos que crear las condiciones para demostrar que no es inevitable que el PP y Vox lleguen al gobierno y que podemos movilizar a la gente trabajadora para seguir siendo ese pequeño espacio dentro de Europa. Podemos sacar orgullo de historia republicana y mostrar, no solamente que podemos resistir, sino que podemos ofrecer una alternativa esperanzadora.
Estos dos gobiernos de coalición han hecho muchas cosas. O más que los gobiernos, las mayorías parlamentarias. Solamente con imaginarme lo que hubieran privatizado, lo que hubieran destruido los servicios públicos o lo que hubieran dinamitado los salarios los gobiernos del PP y Vox, ya me parece que fue importante haber tenido dos gobiernos de coalición que no avanzaron en esa agenda destructora de derechos. Evidentemente nos quedamos cortos en algunas cosas que había que conquistar y precisamente porque nos quedamos cortos la derecha pudo levantar cabeza. Porque, si se hubiera acometido la reforma del Poder Judicial o se hubiera actuado contra el rentismo, seguramente no tendríamos a las derechas tan fuertes. Por eso, yo celebro que ahora se anuncie una huelga general contra la patronal rentista y contra los capitales especulativos para ponerles un límite. Esa huelga me parece que es condición de posibilidad de que un nuevo gobierno progresista con mayorías progresistas pueda acometer lo que no se hizo en este tiempo.
Mirando de nuevo a Catalunya, el pasado fin de semana La Vanguardia publicaba una encuesta que catapulta a Aliança Catalana hasta los 30 escaños, a la par que el PSC. ¿Por qué cree que la extrema derecha catalana está creciendo?
Primero quiero decir que he visto, además de la encuesta de Ipsos, una encuesta reciente del CIS que va en un signo totalmente diferente. En la del CIS, las izquierdas podrían tener mayorías en Catalunya. Dicho esto, también pienso que el fenómeno de la extrema derecha catalana es preocupante, porque estamos hablando de una extrema derecha que no tiene acceso directo, como sí lo tienen las extremas derechas españolas, al Poder Judicial o a los cuerpos de seguridad pero que, en cambio, comparte plenamente sus proyectos económicos, que pasan, ya digo, por defender a las grandes patronales y a los sectores especulativos y hacer del ataque a la población migrante una herramienta para dividir y seguir precarizando a la gente trabajadora. En Catalunya hay, además, un movimiento a la derecha de las derechas clásicas. Por eso lamento que, igual que el PP siente el aliento de Vox sobre la nuca, Junts siente el de Aliança. Me parece que es un error intentar parecerse a Aliança, porque eso no hace más que alimentarla.
Del otro lado, las izquierdas tenemos que trabajar para reforzar todo lo que hay en la calle. Las manifestaciones que ha habido esta semana en Barcelona se notaron mucho. Barcelona estuvo totalmente desbordada, parecía la Rosa de Foc del siglo XXI. Yo estoy muy contento de que esto se haya producido y creo que en Catalunya tenemos la obligación de ir configurando ese espíritu frenteamplista que se traduce en luchar juntos y juntas en las calles por la conquista de derechos. En luchar contra los abusos que producen los despidos arbitrarios, contra los abusos que suponen los desahucios, contra los abusos del poder privado y, al mismo tiempo, allí donde sea posible, llegar a acuerdos electorales para también en las instituciones tener más fuerza y enfrentar la ofensiva fascista. Además de hacer los cambios estructurales que consigan que la gente no vea en en las fuerzas reaccionarias una alternativa, que no se deje llevar por los cantos de sirena xenófobos, por los ataques a las mujeres, por la criminalización de los trabajadores o de los sindicatos, sino que, por el contrario, vean que esa unidad en las calles y en las urnas ayuda a mejorar la vida de millones de personas.
Ada Colau podría ayudar a que ese Frente Amplio cuaje
De la política municipal a la esfera nacional y de vuelta a la política municipal. ¿Por qué ha decidido dejar Madrid y dar el paso para liderar la candidatura de Comuns al Ayuntamiento de Barcelona?
Primero, porque siempre ha sido un municipalista convencido. En España, en general, los grandes cambios políticos se produjeron de la mano del municipalismo, que es la política de kilómetro cero. Es la política de la proximidad, la política del roce, la que se hace con tus vecinos, con la gente de tu barrio y, por lo tanto, es el lugar donde la política transformadora, que cree en el poder de la gente, tiene más posibilidades de expresarse. Si hacemos memoria, la caída de la monarquía y la llegada de la Segunda República se produjo gracias a unas elecciones municipales. La mayor expresión del movimiento antifranquista fueron las elecciones municipales de 1979. El 15M tuvo también una expresión municipalista de la que tuve el honor de participar y confío mucho en que, aunque las generales sean primero, el municipalismo tenga, de nuevo, ese papel transformador.
Si las elecciones generales van bien y se logra derrotar a las extremas derechas, el papel del municipalismo va a ser apretar a ese nuevo gobierno de coalición progresista para que vaya más allá en sus cambios, para que cumpla con su programa y, sobre todo, para que entienda que un verdadero programa de cambio no puede llevarse adelante si no dotando de recursos a los municipios para que fortalezcan su autogobierno. Si, por el contrario, ganaran las extremas derechas, estoy seguro que los ayuntamientos van a ser trincheras de resistencia, pero también de creación de esperanza, como está pasando en los Estados Unidos con las alcaldías de Nueva York o de Seattle, que se están enfrentando al ICE y a Trump.

Fue primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona entre 2015 y 2019. ¿Cuáles fueron los principales logros de ese gobierno municipal encabezado por Ada Colau y cuáles sus principales errores?
Lo que se produjo con la irrupción de lo que llamamos las candidaturas del cambio —una constelación de candidaturas en Barcelona, en Santiago de Compostela, en A Coruña, en Pamplona, en Cádiz, en València o en el propio Madrid— es que hubo un cambio de prioridades. Todos los presupuestos giraron de manera radical y se dirigieron a los barrios más humildes de las ciudades. En materia de vivienda, yo estoy orgulloso de haber pertenecido a un gobierno que, sin tener todas las herramientas competenciales y teniendo al frente un gobierno absolutamente centralista y asfixiador de lo público como era el gobierno del PP con Cristóbal Montoro —ahora sentado en el banquillo—, puso ya sobre la mesa muchas de las cosas que hay que hacer en materia de vivienda. Por ejemplo, ponerle límites a los fondos buitres. También intervenir públicamente para que los ayuntamientos puedan comprar vivienda antes de que los fondos o crear unidades antidesahucios para que no haya casos como los de Maricarmen.
¿Qué ocurrió? Que cuando uno toca intereses económicos tan asentados, ellos responden a través del lawfare. Nos pusieron 22 querellas. Actúan también a través de medios de comunicación y de los falsos medios para atacar la reputación de las personas que encabezaban ese cambio. Nos tocó hacer políticas de transformación municipal en un estado muy centralista y cuando el neoliberalismo estaba muy fuerte en el mundo entero. A pesar de todo eso, hicimos muchas cosas que parecían imposibles hasta hasta ese momento. En Barcelona, conseguimos impulsar la propiedad cooperativa, donde la propia ciudadanía participaba en la gestión de sus viviendas y de sus centros cívicos. Por eso para mí es tan importante que podamos derrotar a las extremas derechas en el Estado. Si tienes un Estado a favor, que desconcentra a favor de los municipios, que dota de recursos a los municipios, que ayuda a pelear a favor del derecho a la vivienda y contra la especulación, las posibilidades de transformación son más grandes.
El Frente Amplio tiene que saber traducir lo que la calle está planteando
La encuesta de La Vanguardia señalaba que el 75% de los encuestados considera que en Catalunya hay un número «demasiado alto o muy alto» de inmigrantes. Más del 70% llegaba a vincular la inmigración con el estado de los servicios públicos, la crisis de vivienda o la seguridad en los barrios. ¿Cómo tiene la izquierda que moverse en este marco?
La izquierda tiene que ofrecerle a la gente políticas de transformación social, pero también políticas que le den seguridad. Claro que hay que hablar de seguridad. Yo soy el primero que digo que en Barcelona, si soy alcalde, voy a ser muy contundente contra las fuentes de la inseguridad. No quiero una ciudad en la que haya cuchillos, navajas y pistolas en las calles. Pero tampoco quiero ser un alcalde que permita que haya especulación, que es una de las grandes fuentes, sino la principal, de inseguridad para la gente que no sabe si mañana la van a echar de su casa o si su hijo va a poder ir al mismo colegio. Por lo tanto, hay que hablar de seguridad en un sentido amplio. Vincular a la inmigración con la cuestión de la inseguridad sí me parece que es algo que no resiste la evidencia empírica. Las personas migrantes, igual que las autóctonas, no son santas y, por lo tanto, se producen hechos de delincuencia tanto entre personas autónomas como entre personas migrantes. Y si la situación económica es de fragilidad, puede acentuarse.
Con lo que discrepo con Gabriel Rufián es con que diga que las personas que vienen de fuera hoy son los nuevos vaquillas. Hay muchísimas personas migrantes que trabajan en los cuidados, en el campo o en el sector de la construcción levantando la economía catalana. La economía catalana, igual que la economía española, no hubieran crecido como han crecido si no hubiera sido por el trabajo de las personas migrantes. El problema de que no tengamos servicios públicos de calidad no es que haya migrantes, el problema es que no estamos invirtiendo en la defensa de lo público lo suficiente para que todas las personas trabajadoras, sean migrantes o autóctonas, tengan servicios dignos. Ese es el reto que tenemos. Por eso me parece que es muy importante colocar el debate de la clase en el centro.
Las izquierdas lo que no podemos hacer es entrar en los marcos de las derechas que intentan presentar a los migrantes como culpables del malestar de la situación del resto de los trabajadores, cuando los auténticos culpables de la situación de la gente autóctona que nació en Barcelona, que es nieta o bisnieta de barceloneses, no vienen de la gente migrante. Vienen, como digo, de esos fondos de inversión y especulativos que arrasan con la ciudad y producen aumentos desorbitados en el precio de la vivienda. O de esos sectores económicos que apuestan exclusivamente por un turismo desregulado, donde se generan salarios precarios y que condenan a los trabajadores del sector a vivir en unas condiciones horribles. Por tanto, hay que cambiar el foco.
¿Qué papel cree que ha jugado en la normalización de estos discursos la crisis migratoria y humanitaria que sigue atravesando, dos meses después, la ciudad de Ceuta? ¿Cómo valora la gestión que el Gobierno está haciendo de la crisis?
Nos parece que el Gobierno reaccionó tarde a lo que se estaba produciendo. En parte, minimizó el problema. Es verdad que era difícil, porque hubo una coyuntura en la que diferentes actores —el gobierno de Marruecos con el visto bueno de Trump y Netanyahu— avalaron lo que se estaba produciendo. Hubo un elemento geopolítico que, sin duda, influyó. Pero el Gobierno no actuó a tiempo. Hubo, por cierto, una actuación bastante lamentable por parte de la Unión Europea. Porque no nos olvidemos que la UE es la que está planteando una política de fronteras que no se basa en la idea de que la gente pueda llegar por vías legales y trabajar en condiciones, sino en la externalización del control de las fronteras en gobiernos a los que se les encarga prácticamente apalear a migrantes y matarlos si hace si hace falta. Mientras tanto, las derechas vernáculas se han dedicado a atizar el odio contra las personas migrantes. Un señor impresentable de clase alta y sobrino de un corrupto como Rodrigo Rato, del diputado de Vox José María Figueredo, salió a hablar incluso de la «caza» del migrante.
Tenemos, además, una deuda con el sur, con África y con América. Con países donde el colonialismo ha tenido una presencia muy fuerte y de los que, mientras no cambien ese tipo de relaciones, la gente va a seguir viniendo. Si la gente viene, tiene que hacerlo por vías seguras y tiene que hacerlo pudiendo acogerse al derecho de asilo. Y, cuando ya estén aquí, sobre todo si hay menores, tiene que haber un mínimo de solidaridad por la que cada territorio, según sus disponibilidades y sus recursos, se haga cargo de esos chiquillos. Ya no por una cuestión legal, sino por una cuestión mínimamente humanitaria. También por razones demográficas: Europa necesita a esas personas migrantes. Lo que pasa es que las necesita explotadas, las quiere precarizadas, las quiere para utilizarlas para dividir a la gente trabajadora. Ese papel, que lo hagan las derechas extremas, que representan a las patronales agrarias, rentistas y a los grandes precarizadores, lo rechazo plenamente pero puedo entenderlo. Pero cuando veo que las izquierdas se acercan o coquetean con esos discursos, la verdad es que me revuelve.
La monarquía es, también, el poder financiero, la gran patronal, la Iglesia y algunos sectores del ejército y del Poder Judicial
En 2021, publicó el libro Dejar de ser súbditos. El fin de la restauración borbónica. El martes de la semana que viene, visitan Ceuta los reyes. ¿Qué papel le parece que sigue jugando la monarquía en España? ¿Ae pueden dar las condiciones para plantear un referéndum monarquía-república?
Las izquierdas que no son el PSOE y que hemos hecho un papel importante estas dos legislaturas —Podemos, Bildu, ERC, Comuns, IU, Sumar, Compromís…— tenemos en común que somos fuerzas de izquierda republicanas, porque el Partido Socialista tiene como dos almas. Yo siempre he pensado que la monarquía no es solamente una forma de la jefatura del Estado. La monarquía es, en parte, el poder financiero, la gran patronal, la Iglesia Católica, sectores del ejército y sectores del Poder Judicial. Por tanto, el republicanismo no es solamente la ausencia de rey, sino un proyecto de democratización de la vida social, económica, cultural y política. Yo creo que esa sigue siendo la gran agenda de transformación en el conjunto del Estado. Eso supone enfrentarte a poderes que históricamente han sido feroces y que en un momento de la historia nos condenaron a más de 40 años de una dictadura genocida y criminal, pero que, a pesar de todo, no nos han vencido.
Este ciclo que se abre ahora no es casual que comience con una gran manifestación republicana como es la de esos cientos de miles de jóvenes que, en las calles, están defendiendo el derecho a la vivienda digna porque entienden que una vivienda digna, un trabajo digno y unos servicios públicos dignos son símbolo de libertad. No hay libertad si uno tiene que pedirle permiso a alguien para poder vivir, si tiene que pedirle permiso a un gran tenedor para que no le eche a la calle, si tiene que pedirle permiso al patrón para poder sobrevivir, si tiene que pedirle permiso a una Iglesia para poder disfrutar de su cuerpo o ejercer su sexualidad como quiera. Por lo tanto, eso me parece que es la agenda republicana y tengo muchas esperanzas en que, y cierro con el tema de la calle, estas movilizaciones sean un gran momento republicano que crezca y que inspire a otros procesos parecidos en el resto de Europa.
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