Marx es tendencia en plena revuelta por la vivienda

«Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo». Con esta célebre frase comienza el Manifiesto comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels en 1848. Sus búsquedas en Google desde España han tenido un destacado repunte en las últimas semanas, coincidiendo con el estallido de protestas por la vivienda. También han aumentado las consultas de otros textos de la misma tradición política, como El capital, la obra en la que el autor alemán sienta las bases de su sistema de pensamiento. Y es que el marxismo ofrece un marco teórico fértil para comprender la crisis habitacional que ha encendido la llama en las calles.
«En momentos de crisis económica, y sobre todo de movilización popular ante la misma, hay un retorno a buscar explicaciones materialistas de estos procesos», apunta a Público César Rendueles, filósofo y sociólogo, actualmente investigador en el CSIC y autor de obras como Contra la igualdad de oportunidades (2020) o A la sombra de Marx. Fragmentos de materialismo accidental (2025). La coyuntura política actual refleja «un modelo de acumulación económica que, de pronto, deja ver sus costuras».
Clara Ramas también es filósofa, ha traducido El 18 Brumario y es autora de Fetiche y mistificación capitalistas: La crítica de la economía política de Marx (2018). En conversación con este medio, explica que el análisis del pensador alemán «es muy abstracto, porque trata de un objeto que es muy abstracto: el capital». Sin embargo, la tesitura de la vivienda «es un caso claro de cómo esa lógica tan abstracta no es compatible con criterios mínimos de bienestar». Aquello que puede ser muy complejo de entender, queda a la vista de todos cuando se aterriza sobre un ejemplo concreto. Esto es lo que estaría pasando con la incapacidad de acceder a un hogar. «La gente busca respuestas para intentar entender un poco mejor por qué estamos gobernados por esta lógica abstracta que no responde a nociones mínimas de que la vivienda debería ser un derecho, o que deberíamos tener tiempo libre, o que debería haber unas condiciones de reparto de la riqueza mínimamente razonables».
Otra manera de comprender el mundo
El marxismo «no es una varita mágica», dice Rendueles, pero «aporta algo muy importante en estos momentos, que es romper con la normalidad», matiza. «Nos hace ver que cosas que damos por sentadas, como aceptadas, como propias de personas de orden y gente responsable, en realidad no lo son. Al revés, son dinámicas muy nihilistas que conducen a situaciones catastróficas». Ante estas consecuencias, Ramas destaca que «todos intuimos que la política va siempre detrás de la economía, que lo que de verdad importa no se está decidiendo en el Parlamento, sino en otra parte, y que la capacidad de la política para decidir acerca de lo que ocurre en los mercados en realidad es muy pequeña». La filósofa señala que las lecturas marxistas permiten dar un marco explicatoria a esta incapacidad de las izquierdas institucionales para responder a los malestares sociales.
«La gente busca una explicación mejor y un tipo de acción política más eficaz», incide la investigadora. «Tenemos la sensación de que, pese a que haya mejoras, siempre siguen ganando los mismos». El sentir de las calles recupera esta idea, y muestra el hartazgo frente a los desahucios y la crisis habitacional, que en este caso se revelaría como una crisis de acumulación de capital, según explica Rendueles. Es por ello que la ciudadanía cobra un renovado interés por los textos marxistas que arrojan luz sobre estos procesos.
Auge del interés tras un verano de poca atención
Los números de búsqueda no son muy diferentes con respecto a otros período del año. Según los datos consultados en Google Trends, las consultas del Manifiesto se encuentran en un 58%. Se trata de una escala relativa en la que el 100% representa el pico de popularidad, que en este caso tuvo lugar en el 2004 –y no se han vuelto a repetir los mismos niveles después–. El término «marxismo-leninismo» también ha tenido un notorio repunte desde finales de septiembre y se encuentra en un 78% –alcanzó su punto máximo en el 2008, durante la crisis financiera, aunque también lo hico este mismo año, entre febrero y marzo–.
Si se mira solo el período inmediatamente anterior, estas cifras relativas crecen. En el caso del Manifiesto, este repunte es del 5.000% con respecto al mes anterior. Cabe subrayar que es un comportamiento habitual, tal y como registra Google Trends a lo largo del tiempo. No obstante, el último disparo de búsquedas llega después de un verano en el que el interés ha sido casi nulo. Esta renovada popularidad ha sucedido en la última semana de septiembre, cuando Maricarmen, fallecida este miércoles a los 87 años, fue desahuciada de su hogar de toda la vida. Esto prendió la chispa de una oleada de protestas por la vivienda que ha agitado a todo el Estado.
Semanas en las que pasan décadas
«Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas», dijo Lenin. El Manifiesto comunista se publicó por primera vez en 1848, año en el que ocurrió la llamada Primavera de los pueblos. En Francia proclamaron su Segunda República, hubo revueltas en el Imperio Austríaco e intentos de unificación de Alemania y de Italia. Estos movimientos lucharon por la democratización de los estados y las mejoras laborales de las nuevas sociedades industrializadas en Europa. El historiador Eric Hobsbawn llamó al período entre 1789 y 1848 la era de la revolución. En su libro homónimo, publicado en 1962, escribe: «Todo un continente esperaba, dispuesto a transmitir al instante las primeras noticias de la revolución, de ciudad en ciudad, por los hilos del telégrafo eléctrico».
Las condiciones materiales son distintas, pero el período actual también cuenta con movilizaciones por toda Europa. Las protestas estudiantiles contra los recortes de la educación pública en Francia siguen peleando el pulso contra el Gobierno galo, con cerca de 6.900 personas detenidas, en su mayoría estudiantes menores de edad. 30.000 personas se han manifestado este viernes en Bruselas contra las políticas de austeridad del Gobierno belga. También en Atenas miles de personas salieron a las calles contra la visita de Marcos Rubio, secretario de Estado de EEUU. «Estamos viviendo ciclos políticos muy efervescentes, donde cosas que poco antes parecían imposibles, de pronto, en apenas unos meses, se hacen factibles», reflexiona Rendueles. Y esto mismo se aplica en España, donde el mundo también tiene puesta la mirada.
El 23 de septiembre la Policía expulsó a Maricarmen Abascal de su casa. Era miércoles. El 26 de septiembre, sábado, una manifestación masiva recorrió las calles de Madrid. Aquella misma noche, el Sindicato de Inquilinas comenzó una acampada en la Puerta del Sol, donde el número de tiendas de campaña no para de crecer. La iniciativa se ha ido replicando en todos los territorios del Estado. La presión obligó a que el Consejo de Ministros aprobara dos decretos de vivienda con medidas urgentes el martes, 29 de septiembre. Ambos fueron tumbados en el Congreso el viernes, 2 de octubre. Al día siguiente, los sindicatos de vivienda convocaron protestas multitudinarias en 50 ciudades. La sociedad civil reclamaba con más y más fuerza una huelga general.
Este lunes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció la disolución de las Cortes Generales y una llamada a las urnas para el 29 de noviembre. Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, convocaron este miércoles una huelga general por primera vez en 14 años, que tendrá lugar el 11 de noviembre. Maricarmen murió en el hospital ese mismo día. 20.000 personas caminaron desde Sol hasta su portal en su honor este jueves. Continúan las asambleas y los trabajos de organización, con la mirada puesta en la jornada del 11N. Todo esto ha ocurrido en apenas tres semanas.
¿Qué ofrece el marxismo a la crisis de la vivienda?
«Toda la legislación en torno a la vivienda, todo el modelo de desarrollo urbanístico, la estructura inmobiliaria… es una receta para el caos y el empobrecimiento de las clases populares», describe Rendueles. La cuestión de clase y el antifascismo están muy presentes en las movilizaciones actuales, que han servido de escenario para extender la visibilidad de discursos y organizaciones netamente comunistas. Ejemplo de ello es la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), que ha llenado las calles de sus características banderas rojas. El marxismo vuelve a marcar tendencia porque en esta tesitura «da un asidero, una cierta perspectiva para entender qué pasa cuando un bien de primera necesidad, como es la vivienda, se usa como un bien de inversión para incrementar los beneficios especulativos», apunta el filósofo y sociólogo.
Recuperar el marco teórico marxista es útil porque «Marx es el único que ha hecho un análisis definitivo de qué significa el capitalismo», remarca Clara Ramas. «Y cada vez tenemos más claro, hay muchos síntomas: la crisis climática, el problema de la vivienda, la crisis de cuidados… Todo el mundo empieza a darse cuenta de una manera intuitiva de que el capitalismo es un problema». En este contexto, «es normal que intenten surgir respuestas». De acuerdo con la filósofa, «está bien intentar elaborar una respuesta que vaya a la raíz del malestar».
¿Significa esto que nos encontramos a las puertas de una nueva revolución socialista? Para Rendueles todo depende de la capacidad de los grupos más a la izquierda para ocupar el centro mediático. Cuando esto sucede, los discursos que hasta entonces se entendían como «radicales» adquieren una mayor aceptación. Pero hasta ahora la balanza ha estado más bien en el otro lado, con la sombra del auge reaccionario. «Estamos peleando para que no haya un gobierno de extrema derecha con vínculos con organizaciones neonazis internacionales», expresa el investigador. Por este motivo, sus expectativas no son demasiado altas. «Dentro de seis meses, no tengo la menor idea de si vamos a tener masas proletarias tomando el Palacio de Invierno, pero a día de hoy, diría que es un horizonte un poco lejano», vaticina. «Ojalá me confunda, lo digo sin ninguna ironía».
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