
A través del programa 21 días, la periodista Samanta Villar ha convertido el contenido en vivencia personal, en lección vital sobre generosidad y felicidad. En un reciente episodio de La Escalera Roja Podcast ha resumido su paso por el programa con una máxima: «Si tú eres generoso, la vida es generosa contigo». Así resume su aprendizaje, también, en otro de sus más populares programas, Conexión Samantha, donde se sumergió durante semanas en realidades ajenas para contarlas desde dentro.
Samanta Villar Fitó nació en Barcelona en 1975. La periodista saltó a la fama televisiva en el año 2009 con un formato muy poco habitual: pasar tres semanas viviendo situaciones límite para entenderlas y transmitirlas a la audiencia. Entre los reportajes que más se recuerdan están sus 21 días durmiendo en la calle, fumando porros a diario, viviendo en una chabola o simulando estar ciega.
Estas experiencias han marcado su carrera y su vida. En el podcast, la periodista ha explicado cómo aquellas vivencias le hicieron consciente de la suerte que tenía y de la responsabilidad que eso conlleva.
Cuatro
Una experiencia profesional que le ha marcado personalmente para siempre
Villar, en la actualidad, no solo siente que tiene «derecho» a ser feliz, sino que tiene «la obligación de serlo». Esta idea nace de haber conocido a personas que carecían de las necesidades básicas y entender que sentirse culpable por sus propias circunstancias no mejoraba la situación de quienes había conocido.
Ser consciente de los propios privilegios pasa por aprovechar las oportunidades disponibles y hacer algo con ellas, según la periodista: «El secreto está en dar, no en estar buscando recibir».
Según Villar, la generosidad cobra su sentido cuando desaparecen las expectativas de obtener algo a cambio que sea equivalente. No se trata de ayudar esperando a recibir algo similar, a que se nos devuelva ‘el favor’, sino de hacerlo porque se puede, sencillamente. Esta visión conecta con su manera de hacer periodismo: hacerse preguntas, investigar las causas y tratar de entender antes de dar una opinión final. «La gente dedica mucho más tiempo a opinar que a formarse», dice Villar.
Uno de los reportajes más influyentes para ella fue el de 21 días durmiendo en la calle. Esa experiencia le hizo entender hasta qué punto una vida estable puede torcerse y cómo perder una casa no siempre está tan lejos como creemos. «La empatía es lo primero que me sale», ha reconocido al recordar que siempre ha intentado ayudar a quienes ha podido después de sus reportajes. Aquellas tres semanas durmiendo en la calle bastaron para que dejara de contemplar la problemática de vivir en la calle como una realidad ajena.
