Alfred Sonnenfeld, por qué nos falta algo cuando todo va bien

Por Redacción THE FYMOUS • 10 octubre 2026

Cuando sabemos qué es lo que nos preocupa, tenemos un punto de partida para empezar a buscar una solución. El problema es cuando algo nos tiene inquietos, nos quita el sueño, nos hace estar alerta y no sabemos ni siquiera identificarlo. En principio, todo está en orden: trabajo, salud, familia, pareja… o por lo menos aquello que queramos que lo esté y, aun así, hay algo que nos impide estar tranquilos y disfrutar plenamente de la vida.

El doctor en teología y Medicina Alfred Sonnenfeld ha observado, estudiado y hablado con gente para detectar un problema: hay un descontento general en la sociedad que nos está impidiendo ser felices. Para entender de dónde viene, en su último libro, Cómo recuperar la alegría (Espasa), analiza algunos de los hábitos y cambios sociales que pueden estar detrás de esto. Lo hace a partir de la neurobiología, que ofrece la esperanza científica de poder cambiar ciertos patrones, y de la espiritualidad, que explica aquello a lo que no llega lo empírico.

Cómo recuperar la alegría

Cómo recuperar la alegría

Cómo recuperar la alegría

Sentirnos seguros sin estar en modo supervivencia, entusiasmarnos por las cosas, hacer ejercicio físico para generar endorfinas, dormir bien y evitar el estrés crónico… Esto es el esqueleto que da forma al libro para hacer que nos pongamos en marcha, pero hay algo que va más allá y que no podemos meter en nuestra ‘To do list’ semanal: volver a vincularnos de verdad con los otros. “La gente real exige una respuesta a sus sentimientos y no cualquier respuesta. Una conversación profunda de amistad permite que seamos vulnerables. Saber atender a las pausas, los titubeos, las asociaciones a las cosas que se dicen con el silencio”, explica Sonnenfeld.

“La gente real exige una respuesta a sus sentimientos y no cualquier respuesta. Una conversación profunda de amistad permite que seamos vulnerables”

Nunca ha sido más fácil quedar con alguien y cada vez lo estamos complicando más. Con agendas llenas de gestiones, de planes, de deporte, de cursos, damos por cubiertas relaciones con mensajes o con un repaso a Instagram para ver que todo el mundo está bien y aparentando divertirse. Hemos dejado de valorar el compromiso, «vives en una ilusión de compañía pero sin las exigencias de la amistad», explica el autor. La raíz de esto es, en realidad, algo más profundo. El cerebro funciona buscando y reconociendo patrones neuronales que confirman nuestros convencimientos, entonces, cuando dejamos de tener todo controlado, pueden aparecer los miedos. La clave para salir del paso está en recordar que la manera en la que interpretamos lo que nos pasa también puede cambiar y, con ella, el peso que le damos.

man smiling in a room with a bookshelf filled with various books.

Getty Images

La pertenencia y la autonomía son, para el autor, los ejes esenciales que nos pueden hacer vivir plenamente: sentirnos queridos y también capaces de elegir nuestra propia vida. Y si estás leyendo esto pensando que no vas por el buen camino, el doctor viene con una buena noticia: estás a tiempo de solucionarlo. Sin recurrir a un positivismo tóxico, no vamos a fingir que es fácil dar un cambio radical a tu vida –a no ser que seas Julia Roberts en Come, reza, ama– pero sí que la neuroplasticidad da esperanza: no estamos determinados por nuestros hábitos, nuestras decisiones o nuestros errores. Podemos recuperar la concentración y la capacidad de reflexionar porque el cerebro tiene un gran potencial de desarrollo.

«Ser autónomo no significa volver a crear las condiciones de la propia vida. Recibimos un cuerpo, una historia y relaciones que no hemos elegido. La libertad se ejerce respondiendo a esa realidad y transformando lo que sea posible».

Lo primero es tener un propósito

El primer paso para conseguir nuestra propia autonomía y, en consecuencia, la alegría, es encontrar un propósito. Para eso, hay que parar un momento y pensar qué estás haciendo con tu vida en vez de seguir produciendo sin parar. Tampoco tenemos que ir detrás de una respuesta, “a menudo comprendemos lo que merece la pena mientras lo hacemos, y no antes de empezar”, reflexiona Alfred en la conversación. Eso sí, si cada vez que hay que enfrentarse a una decisión o a un tema incómodo abrimos TikTok para calmar la ansiedad, no vamos a ser capaces de encontrarlo. A esto se suma, la falsa dopamina que generan las redes y los efectos que nos provocan: la comparación constante con otras vidas que parecen más exitosas, sin saber ni siquiera si además de eso, son vidas logradas.

En el libro se separan estas dos ideas entre, una «vida exitosa», que responde al reconocimiento, ingresos, posición y resultados del esfuerzo y una «vida lograda» que pregunta por la calidad y el porqué de lo que hacemos. Cuando nos empeñamos en alcanzar metas para buscar aplausos, una vez conseguido es satisfactorio, pero también momentáneo. Podemos cumplir con todo lo que nos habíamos propuesto y descubrir que por el camino hemos descuidado lo que necesitábamos: el sentido de lo que hacemos y la forma en la que queremos vivir.

«Una finalidad buena no justifica cualquier medio: importa qué se elige hacer, además de sus circunstancias”

Cómo recuperar la alegría pretende poner sobre la mesa un problema de hoy: para que las redes sociales no se conviertan en el enemigo, tienes que estar seguro de quién eres, de lo que estás haciendo, de estar utilizando todo tu potencial para hacerlo bien y sobre todo que no se convierta en una herramienta que sustituya nuestros vínculos. En este sentido, Sonnenfeld explica: “Puedo rechazar una petición porque carezco de tiempo o porque aceptarla perjudicaría gravemente mi salud; otra cosa sería incumplir sin razón un compromiso importante. Una finalidad buena no justifica cualquier medio: importa qué se elige hacer, además de sus circunstancias”.

No tenemos que ser solo “hacedores”. No hace falta que busquemos la próxima lectura pensando en qué tenemos que aprender, ni dejar de relacionarnos con la gente a la que queremos por buscar un descanso con nombre de productividad encubierta. Tampoco hace falta que cumplamos con el mínimo obligatorio de clases de gimnasio todas las semanas, quizá sustituirlo un día por un paseo con un amigo nos vendrá mejor. Y por encima de todo esto, no necesitamos que todo lo que estemos haciendo sea presumible y público.

A partir de aquí estaremos más cerca de recuperar la alegría sin caer, como dice Alfred en “esa fatídica costumbre de interrumpir continuamente lo que estamos viviendo para comprobar si en otro lugar está ocurriendo algo más atractivo”.

Lettermark

Licenciada en Periodismo y Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, con experiencia en prensa escrita en distintos medios digitales, y especializada en marketing y comunicación. Le interesan las historias, ya sea en papel, en pantalla o en una buena conversación. Siempre tiene un libro a mano, una película pendiente y una playlist en reproducción.      


Enlace de la fuente

La nueva era del periodismo interactivo