De un pimiento seco hacía siete platos

Cuando pensamos en Quique Dacosta resulta inevitable imaginárnoslo entre estrellas Michelin, menús de alta cocina y algunas de las creaciones más sofisticadas de la gastronomía española. Sin embargo, como ocurre con muchos de los grandes cocineros, el origen de todo no está en un restaurante de lujo ni en una escuela de cocina. Está en una casa familiar, en una mesa siempre llena y en una abuela o una madre capaz de convertir casi cualquier ingrediente en un auténtico festín.
El chef extremeño, afincado desde hace décadas en la Comunidad Valenciana, ha recordado esa etapa de su infancia durante su participación en el podcast Por el principio, donde dejó una reflexión que explica mucho mejor que cualquier receta de dónde nace su manera de entender la cocina.
La protagonista de esos recuerdos es Mamá Mari, su abuela materna, una mujer que, según cuenta Dacosta, tenía un talento extraordinario para cocinar. El cocinero todavía la recuerda limpiando níscalos y trufas mientras vigilaba las ollas donde hervían lentamente las calderetas o las patatas revolconas, dos de esos platos tradicionales que forman parte del recetario popular de Extremadura.
Pero más allá de las recetas, lo que verdaderamente se le quedó grabado fue su capacidad para sacar el máximo partido a cualquier alimento: «Nunca faltó un plato de comida en la mesa. Y eso es completamente cierto. Ahí es donde más se agudizaba el ingenio».
Con el sentido del humor que le caracteriza, Dacosta reconoce que cocinar nunca ha sido precisamente el fuerte de ella: «Aprendió a hacer magdalenas hace apenas seis años. Es la única persona que conozco a la que las magdalenas, en lugar de subir y quedar con forma de montaña, se le hunden como un volcán. Siempre dice que es culpa del horno».
Eso sí, aclaró inmediatamente que, aunque el aspecto no sea el mejor, el sabor sí lo compensa: «Ahora se ha comprado una casa y espero que tenga uno nuevo, porque las magdalenas están riquísimas, pero técnicamente le salen fatal».
Frente a esa falta de destreza culinaria aparece de nuevo la figura de Mamá Mari, convertida casi en el símbolo de una generación que aprendió a cocinar en tiempos donde no abundaban precisamente los recursos: «En cambio, Mamá Mari, mi abuela, cocinaba de maravilla. La otra no cocinaba absolutamente nada, nunca la vi ponerse delante de los fogones. Mamá Mari era todo lo contrario. Su mesa siempre estaba llena: patatas revolconas, caldereta, migas, sopas canas… De un pimiento seco hacía siete platos distintos, desde zorongollo hasta pimientos fritos. Comer en su casa era una auténtica fiesta».
Más allá de la nostalgia, las palabras del cocinero nacido en Jarandilla de la Vera ponen en valor una forma de cocinar que hoy está más vigente que nunca. Aprovechar cada ingrediente, desperdiciar lo mínimo posible y recurrir al ingenio antes que al exceso son principios que durante décadas formaron parte de la cocina doméstica de nuestro país y que ahora muchos de los mejores chefs reivindican como una fuente de inspiración.
Quizá por eso, a sus 54 años, también piensa en el legado que algún día dejará a sus hijos. Aunque asegura que no le preocupa que sigan sus pasos ni que se dediquen profesionalmente a la gastronomía, sí le gustaría transmitirles algo mucho más importante que una carrera de éxito: «No quiero que se dediquen a lo mío. Tengo una mirada mucho más abierta sobre el legado. Pero si les puedo enseñar a hacer cuatro cosas, pues sí. Me gustaría dejarles, casi a mano, las 25 recetas con las que sé que podrían ganarse la vida, que no necesariamente tienen que ser de alta cocina, se pueden ganar la vida haciendo pizzas, que aprendí cuando tenía 14 años».
Como vemos, para Dacosta, saber hacer una buena pizza, un guiso tradicional o cualquier receta bien elaborada con cariño puede ser una herramienta tan valiosa como cualquier título universitario. Porque antes de los menús degustación, de los congresos gastronómicos o de la fama a nivel internacional, estuvo aquella cocina donde una mujer demostraba cada día que la creatividad no depende de ingredientes exclusivos ni de técnicas imposibles. A veces basta un pimiento seco, unas manos expertas y la voluntad de que, pase lo que pase, nunca falte un plato de comida en la mesa.
Gustavo es experto en temas de actualidad, entretenimiento y tecnología con una trayectoria que abarca más de 20 años de experiencia en medios digitales. Se define a sí mismo como un “periodista todoterreno”, capaz de escribir de cualquier cosa que se le proponga.
Ha colaborado en diferentes webs del grupo Hearst, como Diez Minutos o Elle, pero es en Esquire donde escribe con más asiduidad desde hace más de 5 años. En esta web le podrás leer escribiendo sobre una de sus grandes pasiones, la tecnología. Gustavo analiza, compara y escoge los mejores gadgets, dispositivos y smartphones para facilitarte cualquier toma de decisión en esta área. Además, te recomendará algunos de los mejores videojuegos del momento para sacarle el máximo partido a tu videoconsola.
Sin embargo, su expertise va más allá de la tecnología y es capaz de escribir de temas tan variados como el fitness, los viajes, la gastronomía o la automoción, siempre desde su particular punto de vista y con la experiencia que da una amplia y versátil trayectoria en medios de comunicación. Y, pendiente de las tendencias, da información de actualidad desde el enfoque Esquire: desde los memes del evento del que todo el mundo habla al contenido viral que te dejará con la boca abierta.
Gustavo, que ahora reside en Madrid, se licenció en Periodismo en la Humboldt State University de California en 1998. Desde entonces ha escrito en diferentes revistas de videojuegos, en la web del diario As y en MSN, entre otros, hasta comenzar en el año 2017 como colaborador en la web de Esquire.
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