Del desahucio de Maricarmen al acuerdo ‘in extremis’ del Consejo de Ministros: intrahistoria de una semana política inesperada

«Hasta hoy, no habíamos podido sacar estas medidas adelante. Hay que lamentar que hayamos tenido que presenciar un fracaso colectivo para que las posiciones políticas se muevan». Las palabras de la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, este martes durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, simbolizan bien las sensaciones dentro del Gobierno que lidera Pedro Sánchez. Durante una semana entera el nombre de Maricarmen, una vecina desahuciada del barrio de Retiro, ha resonado con fuerza tanto en la calle como en la tribuna del Congreso. La situación de la pensionista de 87 años y la presión de la calle —en Madrid, acampada frente a la Puerta del Sol— han supuesto, para Moncloa, un «punto de inflexión». Ya el mismo día del lanzamiento, ejecutado judicialmente a instancias de la empresa Urbagestión, se lanzaba un mensaje desde las filas del Ejecutivo: había que acelerar la aprobación del nuevo decreto de vivienda. En seguida, las negociaciones se multiplicaban y, de repente, había agua en la piscina.
La tarea no era sencilla. Antes del verano, el hermano pequeño del Ejecutivo, Sumar, presionaba ya para poner el decreto sobre la mesa del Consejo de Ministros, con o sin los apoyos parlamentarios amarrados. Pero las posiciones contrapuestas de Junts, PNV y Podemos hacían zozobrar el acuerdo y obligaban al Gobierno a retrasar la aprobación del decreto hasta la vuelta de septiembre. Un calendario que, en las últimas semanas, Sumar temía que los socialistas volvieran a posponer. En todo este tiempo, el PSOE se ha mantenido firme en su postura, contrario a aprobar nada en el Consejo de Ministros que no tuviera asegurada su convalidación en la Cámara Baja.
Desde Moncloa aseguran que, tras el paréntesis del verano, el partido que lidera Carles Puigdemont, estaba empezando a moverse y había, por fin, voluntad para llegar a un acuerdo. Mientras las conversaciones de Vivienda, a múltiples bandas, seguían produciéndose, el Sindicato de Inquilinas conseguía movilizar a decenas de miles de personas en las calles el sábado por la tarde. La manifestación por Maricarmen culminaba en una acampada —difícil no recordar el 15M— que fue creciendo de manera progresiva. Aprovechando el clamor social, el ala de Sumar en el Gobierno instaba a los socialistas a llevar el decreto al próximo Consejo de Ministros, rescatando en su interior la moratoria antidesahucios. El propio Sánchez confirmaba los planes del Gobierno en un mensaje público para Maricarmen durante un acto del PSOE el domingo: «Tengo un mensaje para ti: el Gobierno está trabajando a contrarreloj para llevar el próximo martes el Real Decreto Ley sobre vivienda».
Para conseguirlo, las negociaciones se alargaron durante todo el fin de semana. El lunes, llegaba el momento de hacer públicas las posiciones de uno y otro lado. No empezaba bien la jornada. Sumar advertía de que el acuerdo sobre el futuro texto seguía muy lejos. «El decreto debe escuchar el clamor de la calle», reprochaban a su socio de Gobierno. El hermano pequeño del Ejecutivo aprovechaba para poner en el foco tres medidas principales que, en esos momentos, Vivienda no había incluido todavía en el borrador de la norma: la congelación del precio y la prórroga reforzada de dos años de los contratos de alquiler; la regulación del alquiler de temporada y habitaciones y, por último, la renovación automática de los contratos. Una última iniciativa que, para Sumar, lleva las políticas de vivienda en España en la buena dirección: hacia los alquileres indefinidos.
Este último punto se erigió, avanzada la tarde del lunes, como el más conflictivo. En Moncloa señalaban entonces que se trataba de algo «nuevo», puesto encima de la mesa por las izquierdas parlamentarias a instancias del Sindicato de Inquilinas. De ahí que tuvieran que estudiarlo: «No estaba trabajado con el resto de fuerzas políticas». Para aumentar la presión sobre el PSOE, el lunes abría los informativos una foto. Representantes de IU, Movimiento Sumar, Más Madrid, Comuns, Compromís, ERC, EH Bildu y BNG hacían suyas, en bloque, las reivindicaciones del movimiento por la vivienda.
El pulso hasta el final de Sumar
Quedaba por ver hasta dónde podía llegar el pulso de Sumar al PSOE. El hermano pequeño del Ejecutivo ya había amenazado, durante el fin de semana, con plantarse si no se incluían sus reivindicaciones. Una estrategia similar a la que siguieron en marzo, cuando las negociaciones en torno a la prórroga de contratos provocaron un importante retraso en el Consejo de Ministros. El Consejo de este martes estaba fijado para las 9.30 horas. Y a las 8.00 de la mañana, según confirman a Público voces de las dos almas del Gobierno, no había todavía acuerdo.
La reunión no comenzó, por tanto, a la hora prevista. No fue hasta las 10.30 que fuentes de Moncloa informaron a los medios de que ya había arrancado el Consejo. Aquí fue cuando se produjeron unos minutos de confusión. Estas mismas fuentes aseguraban que «todos» los ministros habían entrado a la reunión, mientras varias voces de Sumar insistían a Público en lo contrario. La versión de Moncloa es que no todos entraron a la vez pero que, cuando se cerró la puerta y empezó la reunión, «estaban también los ministros de Sumar». «Se ha llegado a la misma puerta negociando. No ha sido como la otra vez», señalan voces socialistas. Ligeramente distinta es la perspectiva de Sumar. Fuentes del hermano pequeño del Ejecutivo aseguran a Público que sí amagaron con quedarse fuera de la reunión, con el resto de ministros ya en sus sillas, si no había, finalmente, acuerdo.
El pacto se anunció sobre las 11 horas. A los pocos minutos, se confirmaba la existencia de dos decretos. Uno de ellos con la mayoría de las medidas previstas: prórroga de contratos, regulación del alquiler de temporada, protección frente a los desahucios o prohibición de las compras especulativas. Además de, por supuesto, bonificaciones fiscales a caseros e inquilinos para contentar a Junts y PNV. El otro, se dejaba en exclusiva para la renovación automática de contratos. Además, el Gobierno en bloque anunciaba la celebración, aprobación de la Mesa del Congreso mediante, de un pleno extraordinario el viernes para convalidar ambos textos.
Pero la línea divisoria entre ambos partidos no se quedaba ahí. La rueda de prensa en Moncloa la protagonizó Rodríguez, que compareció junto a la ministra portavoz, Elma Saiz, el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, y el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. En paralelo los cinco ministros de Sumar —Yolanda Díaz, Ernest Urtasun, Sira Rego, Mónica García y Pablo Bustinduy— convocaban su acto propio ante los medios de comunicación en el Ministerio de Trabajo.
En Moncloa minimizan la relevancia de esta separación, hasta ahora inédita durante toda la legislatura. Destacan las fuentes consultadas que «es normal que Sumar quiera diferenciarse» y que les habían comunicado que harían su propia convocatoria. «Estamos en año electoral», insisten en el equipo de Sánchez, conscientes de que para sus socios la política de vivienda es «fundamental», así como «reivindicar su parte de éxito». Desde Sumar advierten a sus socios de Gobierno de que van a «dejarse la piel» para que salgan ambos decretos: «No damos ninguno por perdido». Dos textos que, añaden, son solo «una primera conquista» de la lucha por el derecho a la vivienda. «Hace seis meses parecía imposible aprobar la prórroga. Este martes, aprobamos todo un paquete de medidas ambiciosas», siguen poniendo en valor voces del hermano pequeño del Ejecutivo, animando al Sindicato de Inquilinas a «señalar la siguiente meta».
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