El anzuelo ultra: por qué Vox no cala en Galicia

Mientras en el resto del Estado el ascenso de la ultraderecha parece inevitable, su presencia institucional en el Parlamento de Galicia parece lejos de producirse. ¿Estamos libres de ese monstruo que llama a nuestras puertas o, por el contrario, lo tenemos viviendo en casa y no queremos darnos cuenta?
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Hay tres hechos coincidentes en el tiempo que nos ayudan a comprender mejor la feliz metáfora del octópodo: cuando un concejal de Independientes por Ponteareas (Pontevedra) y socio del PP exclamó aquello de «cállate tú, parapléjico», dirigiéndose a un miembro del BNG durante la ceremonia de investidura de junio de 2023, es posible que no estuviera representando precisamente a esa derecha más institucional y civilizada que sería deseable para el país y que, por momentos, se llega a echar de menos en el Partido Popular de Galicia.
Hace un mes, un alto cargo de la Consellería de Educación de la Xunta denegó la homologación de unas jornadas al colectivo de renovación pedagógica Nova Escola Galega amparándose en una polémica circular sobre neutralidad ideológica. El motivo: las jornadas de educación para la paz versaban sobre el genocidio en Palestina. Ni con los asesinados ni con los asesinos. ¡Menudo golpe!
Casi en las mismas fechas, el nombramiento del nuevo jefe territorial de Educación de A Coruña, Santiago Freire, hacía estallar la polémica: difundir fotografías y mensajes franquistas en las redes sociales, proferir comentarios machistas en actos públicos, gastar miles de euros en comidas y bebidas… ¿Síntomas de una derecha que quizá empieza a mimetizar comportamientos trumpistas o de Vox?
Ciudadanos y UPyD
Sea como fuere, en el pasado, desde coordenadas algo distintas, fuerzas alternativas al PP intentaron irrumpir en el electorado gallego por la derecha o desde el falso centro. Ahí están los casos de Ciudadanos —que nos dejó para la hemeroteca un mitin imperdible de Marta Rivera de la Cruz en A Coruña— o de UPyD, con Rosa Díez aplaudida por Alfonso Rueda mientras desfilaba por Compostela en alegre camaradería con una activista de la lengua castellana, “en defensa de lo que nos une”.
Pero la cosa no cuajó, como escuché sentenciar con contundencia en una tertulia de abrigos de visón en una caseta de pulpo durante las fiestas de San Froilán: «¿Cómo vas a votar a Vox en Galicia, Conchita, teniendo al PP? ¡Hija, eso es como cocinar el pulpo en el microondas!». Lo ocurrido en Ponteareas vendría a definir el pulpo cocinado en olla de cobre.
El escritor y periodista lucense Miguel Anxo Murado es autor del ensayo Outra idea de Galicia:
«Creo que hay algunas razones evidentes. Galicia es, digamos, poco ideológica; entiéndase: el PP se presenta como un partido de gestión y deja muy poco espacio a otras opciones. Hay pocos debates ideológicos por ese lado, y Vox es un partido ideológico que no encaja bien en el universo político gallego. Sus dos grandes temas, el nacionalismo español y la inmigración, no tienen mucho público aquí, no funcionan».
«Tampoco tenemos ciudades tan grandes como las de otros lugares del Estado. Vox tiene cierta presencia en Vigo, A Coruña y quizá algo en Ferrol, pero no son ciudades lo bastante grandes como para crecer mucho y alcanzar una presencia importante en Galicia que le permita superar esa barrera clave del 5%. Es muy difícil que suceda”.
«Yo creo que Vox está estancado en España. En Extremadura ha subido, pero es que estaba muy bajo. Y pienso que en Andalucía podría bajar; lleva dos o tres años estancado. Y si no está creciendo allí… Su discurso es muy nacionalista español».
«En Galicia, Ciudadanos tuvo cierto recorrido, pero incluso el PP y el PSdeG tienen un tinte de galleguismo. Tampoco hay un conflicto lingüístico que pueda darle más votos. No tiene dónde agarrarse. Un partido protesta como Vox, en un lugar donde la derecha lleva gobernando tanto tiempo, tampoco tiene tanto margen. No lo veo, al menos a corto o medio plazo».
«Vox es un partido ideológico que no encaja bien en el universo político gallego. Sus dos grandes temas, el nacionalismo español y la inmigración, no tienen mucho público aquí, no funcionan” (Miguel Anxo Murado)
La historiadora y nueva vicerrectora de la USC, la chairega Ana Cabana, incide en la tesis de Murado sobre la barrera del 5% de los votos que una fuerza debe alcanzar en cada provincia gallega para obtener representación. Se trata de un freno importante para el acceso de la ultraderecha al pazo do Hórreo, sede del Parlamento gallego.
«Independientes pola Terra Chá tendrían mi voto», afirma con humor, «pero no alcanzarían el 5% en las otras tres provincias. Es una peculiaridad dentro del Estado. Confío también en que otro límite sea el grado de identidad nacional y la lengua propia, por lo que espero que nunca se vote a esta gente.
Menos del 2,2% de votos en 2023
«En las últimas elecciones obtuvieron [Vox] un 2,19%. Eso les permitiría entrar en la mayoría de los parlamentos del Estado. En el País Vasco, con un porcentaje casi idéntico, entraron. Pero aquí la hegemonía del PP es muy sólida. Ese voto aglutina el conservadurismo, desde el centro hasta toda el ala derecha. En otros lugares podrían votar a Vox, pero aquí votan al PP».
«Y el voto joven que Vox tiene en otros lugares aquí no lo tenemos. Está comprobado que el segmento de mayores de 65 años apenas vota esta opción. Entre los más jóvenes, el voto masculino juvenil es escaso, por ahora, pero cuando los chicos y chicas de 16 años puedan votar, puede haber problemas. Y aquí también tenemos un movimiento feminista importante; el discurso contra la inmigración no cala».

El historiador Xosé Manoel Núñez Seixas recuerda que «la ultraderecha obtiene un mayor porcentaje de votos en las elecciones generales que en las municipales o autonómicas». «Vox no tiene líderes reconocibles en Galicia; le falta implantación. En otros sitios les basta con Abascal, pero aquí no. La apuesta que hicieron por la claque de los ‘Cabreados por el gallego’ o ‘Hablemos Español’ los encierra en un reducto muy concreto. Vox se nutre de desencantados con el PP, pero aquí el Partido Popular es una inmensa maquinaria de poder, sobre todo en las zonas rurales, y eso inhibe su capacidad para captar candidatos electorales».
Transición
«Si miramos a la Transición, la presencia de grupos de extrema derecha en Galicia era residual. Nunca ha tenido una implantación especialmente importante en el país. Hasta ahora, sus recetas no funcionan».
“El experimento de Jácome en Ourense es una exaltación de la ignorancia, de prescindir de los técnicos y de la gestión… El fenómeno Jácome se come a Vox. Cumple algunos de los requisitos de lo que yo llamo trumpismo de aldea, pero sería un personaje demasiado friqui para Vox, también por ser incontrolable».
«¿Cómo vas a votar a Vox en Galicia, Conchita, teniendo al PP? ¡Hija, eso es como cocinar el pulpo en el microondas!»
La dinámica global del tecnofascismo, fagocitada por el actual modelo de capitalismo de la incitación, centra su interés en un sector importante de la juventud gallega –varones urbanos menores de edad– al que la ultraderecha pretende seducir a través de los contenidos de las redes sociales. Esta estrategia choca en el país con un férreo control de los medios de comunicación por parte del PP y de la Xunta, que cuentan con el trío estrella de su menú propagandístico, un menú de pan, vino y postre: TVG, Radio Galega y La Voz de Galicia.
Sobre estos dos ejes —el envejecimiento de la población y el perfil de los votantes más jóvenes— reflexiona la política y socióloga Ana Luísa Bouza:
«¿Vox? El sistema mediático gallego los mantiene completamente a oscuras. La Voz no habla de ellos. Si tuvieran la repercusión mediática que tienen en Madrid, ya veríamos… Ese discurso del sentido común, de la moderación, anula la presencia de Vox en Galicia. Aquí hay ultras, pero son esos 32.000 votos. ¿Cómo consigues que eso estalle en el plano sociológico? Sin acompañamiento mediático y con una sociedad envejecida, no es fácil».
La ETT de la derecha
«Los partidos de derechas son una especie de empresa de trabajo temporal», explica la socióloga. «Y en Galicia esa ETT es el Partido Popular, también para los ultras. Creo que hay que tener cuidado al pensar que esto es algo definitivo. Del mismo modo que En Marea pasó de ser la primera fuerza en una legislatura a desaparecer».
«La concejala de Avión dimitió, así que ahora Vox no tiene ninguna representación institucional en Galicia. Si observas el perfil de sus votantes, es un partido cajón de sastre: recoge a un sector antisistema. Un sector que en su momento también pudo captar Podemos; un sector antisistema sin ideología definida, como el que representó el neonazismo que pudo tener Fuerza Nueva».
«Otro perfil es el del joven urbano, y otro, el del populista rural. ¿Qué ocurre en Galicia? Es un voto urbano que no penetra en el mundo rural. Puede deberse a la propia estructura productiva del campo gallego o al envejecimiento de la población. Fundamentalmente, se debe a que el PP tiene una implantación en el rural gallego que no se parece a la de ningún otro lugar de España. Mucha gente afiliada y leal. Y el Partido Popular, su idiosincrasia… Basta comparar a Santalices [presidente del Parlamento de Galicia] con Ayuso. Y luego está el nacionalismo de izquierdas, que puede atraer a la juventud, a ese sector urbano joven. Eso está en el BNG».
“Los partidos de derechas son una especie de empresa de trabajo temporal. Y en Galicia esa ETT es el Partido Popular, también para los ultras” (Ana Luísa Bouza)
«Ortega Smith no puede venir aquí insultando a Castelao, claro… No es una gran carta de presentación. En las ciudades podrían encontrar su espacio, pero no tienen un discurso propio para aquí. Vas a tener que hablar de la pesca y de otras cosas que sí interesan», afirma Miguel Anxo Bastos, doctor en Ciencias Políticas.
La mención a la pesca me hace pensar en su intervención junto a Milei en el Madrid Economic Forum y en los caladeros internacionales por los que se mueve la ultraderecha en busca de grandes capturas de votos. Pesca con palangre, pesca de arrastre, con un anzuelo espiritual y otro político.
Diagonalismo
Eso no es otra cosa que el diagonalismo: la alianza inesperada, en diagonal, que trasciende el marco tradicional de izquierda y derecha. Una alianza que, en otras geografías, reúne a una parte de la izquierda progresista new age, los llamados conspirituales —radicalizados contra el Estado a raíz de las prohibiciones durante la pandemia de covid—, con elementos de la extrema derecha —también antivacunas, partidarios del liberalismo económico o de la eugenesia, de la ley de la selección natural y de la no intervención del Estado—, a quienes el filósofo brasileño Rodrigo Nunes ha bautizado como negacionistas.
A eso se suman movimientos neonazis como Desokupa, que se acercan a algunas comunidades alternativas de salud natural, o los propietarios de gimnasios que tuvieron que cerrar durante el confinamiento. El lobby de la tauromaquia o la caza en grandes fincas del sur de España. Y, después… el hippy que empieza a seguir los pódcast de Steve Bannon. Ese es el palangre.
«Partidos como Vox tienen entrada en toda Europa. Pero no saben entrar en Galicia. No les interesa ni la conocen» (Miguel Anxo Bastos)
Sin embargo, no parece que esa fórmula tenga fácil encaje en Galicia para el desembarco de los ultras de Vox. Erika Járaiz y Paloma Castro, profesoras de Ciencia Política en la USC, son las autoras de La construcción emocional de la extrema derecha en España, un riguroso y extenso estudio sobre el tema publicado por el CIS.
«El problema que encuentra Vox para penetrar en Galicia es que no dispone de la ventana de oportunidad de la que sí dispone en otros lugares. Por un lado, el electorado gallego es fundamentalmente moderado, de modo que la competición política no se basa en posiciones extremas, porque no hay elementos que las fomenten. Por otro, el PP ocupa un espacio de competición tan amplio que no deja hueco para la incursión de Vox».
Militancia
«El PP está firmemente asentado en el territorio, con presencia en casi todos los municipios gallegos y una militancia que duplica la del resto de los partidos políticos juntos. Las transferencias de voto se producen aquí fundamentalmente entre el PSdeG-PSOE y el BNG, sin que esos trasvases afecten a Vox».
«Desde la creación de la autonomía, el PP comprendió mejor que nadie el marco autonómico. Prueba de ello es el lema de campaña de las primeras elecciones autonómicas, en 1981: Galego coma ti [por Manuel Fraga] que refleja la identificación del partido con los gallegos y con su identidad».

«Desde entonces, el PP ha abrazado el galleguismo, ha puesto el énfasis en el sentimiento gallego y ha intentado apropiarse de figuras tan destacadas como Castelao, pero sin una intención nacionalista. Ese discurso no se construyó por oposición al nacionalismo español y, por eso, el relato de Vox resulta difícil de encajar en este eje de competición», afirma Paloma Castro.
En alusión a ese galleguismo suave o light –y al mismo tiempo contradictorio–, sostiene que «el PP comprende el sentir mayoritario de esos gallegos y gallegas que se definen como tan gallegos como españoles».
«No les interesa Galicia ni la conocen»
Bastos profundiza en ese detalle: «Y eso que partidos como Vox tienen entrada en toda Europa. Pero no saben entrar en Galicia. No les interesa ni la conocen. Tampoco tienen una cabeza visible, como sí tienen a Abascal fuera de aquí. A día de hoy ni siquiera tienen candidato, ¿o tú lo conoces? Piensan que llegando dos días antes pueden conseguir algo. Tendrían que tener un discurso españolista gallego, pero están muy lejos de eso», concluye.
A este respecto, el profesor y escritor Antón Losada afirma que «la clave del PPdeG es que ese espacio del regionalismo galleguista que en Catalunya ocupaba CiU aquí lo ocupa el PP. La lengua, las políticas propias y una historia de éxito de cuarenta años, con personalidades tan contundentes como Fraga. Ante esto, Abascal no tiene nada que hacer. ¿Qué les va a decir a todos estos? ¿Que Fraga estaba equivocado? ¿Que lo hizo mal?».
«Lo que hace crecer a la ultraderecha en España aquí no funciona: la inmigración, lejos de percibirse como un peligro, se ve como una necesidad» (Antón Losada)
Son muchas las voces que, una vez superados los sucesivos procesos electorales, respiran aliviadas y anuncian que Galicia vuelve a estar libre de la ultraderecha. Pero ¿hasta qué punto es cierto? Sobre esta cuestión, Losada opina que «el liderazgo del PP es mediocre, pero sólido. Y se combinan varios elementos. Por un lado, lo que hace crecer a la ultraderecha en España aquí no funciona: la inmigración, lejos de percibirse como un peligro, se ve como una necesidad. No hay casos graves de señalamiento o discriminación».
«Y algunos de esos temas resultan contraproducentes: la autonomía, la Xunta, la lengua… Ese discurso de que hay que volver a decidirlo todo en Madrid no funciona. Y la agresividad contra la lengua tampoco. El PP es hegemónico… Si me descuido, habla más gente en gallego dentro del PP que en el PSOE».
«Vox se beneficia de la crisis del PP»
«Vox se beneficia de la crisis del PP a escala estatal», abunda Losada, «pero el PP gallego no ha atravesado muchas crisis, ni ha sufrido grandes escándalos de corrupción. Son las leyes de la física y de la política. Y no es casualidad que no tenga ningún representante. Los temas de su agenda no tienen relevancia aquí; la teoría del reemplazo no tiene cabida. La gran mayoría de los inmigrantes que tenemos son latinoamericanos, incluso con vínculos familiares», sostiene.
En Galicia borrosa, el ensayo de Santiago Lamas, nuestro inconsciente colectivo se plantea como algo muy condicionado por el paisaje y el clima. Un pueblo marcado, además de por la historia, por las peculiaridades de su entorno.
Como en el diagonalismo, lanzamos el anzuelo político, pero también el espiritual. En su ensayo Galicia: el bonsái atlántico, Manuel Rivas recoge la idea de que los gallegos son conservadores, pero no reaccionarios.
«Las fibras de la cultura popular no han cambiado del todo, aunque la población rural se haya reducido mucho. La condición reaccionaria está muy vinculada al nacionalcatolicismo. Galicia fue pionera de lo que después sería la revolución de los pueblos de 1848, pero ya tenemos el texto de Faraldo de 1846».
Pardo Bazán
«Y es importante observar lo que ocurre en La Tribuna, la novela de Emilia Pardo Bazán, con las cigarreras y ese final insólito: ¡Viva la República Federal!. Hay una tradición que sería importante conectar, todo lo que ocurrió en torno a ella: el grupo Galaxia, Fernández Albor, García Sabell… Elementos que actuaron como un termostato para evitar que el motor se calentara».
«Lo que estamos viendo en el PP nacional no es precisamente que sirva de termostato; acabarán quemándolo. El episodio de las boinas y los birretes convirtió al PP en un motor híbrido: mueve los dos extremos en un magma que, de algún modo, resulta cómodo para su público».
«Y tenemos una cultura popular viva: las fiestas, las tabernas… los espacios comunes. Por otra parte, la existencia del BNG, con una visión más transversal del país, es relevante. Creo que esa revolución de la mirada también es importante para dificultar la entrada de los ultras».
«Aunque sufrimos, frente a la inmigración, ese fenómeno contracultural de narcisismo tiránico: los primeros de la fila tenemos que ser nosotros. Es una reacción que tiene que ver con el poder: en el ámbito doméstico, en el barrio… Es un fenómeno común, un resentimiento frente a la revolución feminista y ecológica que existe en el país», afirma Rivas, antes de añadir una cita de Jacques Derrida: «Hay que dejar de lado la dualidad maniquea entre verdad y mentira y centrarse en la intencionalidad de quien miente»
La falacia de la prioridad nacional
La falacia de la prioridad nacional, abrazada por el PP ultra de Feijóo con el termostato averiado. La conversación me hace pensar en la emigración gallega y en un emocionante libro de fotografías de Alberto Martí, Os adeuses, que reúne más de setenta imágenes tomadas entre 1957 y 1963 en los puertos de Vigo y A Coruña.
Hay un elemento recurrente en ellas: los pañuelos blancos que sostienen con los brazos en alto quienes se quedan en tierra para despedir a quienes parten hacia ultramar. Como si en esas banderas blancas de la tristeza se fundara una suerte de futuro anterior para nuestro país, refundado décadas después con la llegada de inmigrantes de América Latina, de Europa del Este y de África. Manos, talentos, voluntades e ilusiones que completan, integran y proyectan nuestro país hacia el futuro.
«Desde la derecha se intentó vender una idea de convivencia armónica y ejemplo perfecto de integración, pero la realidad es quieta mucho trabajo por hacer» (Luzía Oca)
En esa mentira fundacional de la ultraderecha ocupa un lugar central la amenaza de una inmigración que supuestamente viene a robar el trabajo y los derechos. Pienso en Burela, en Ibrahima, el senegalés que vivió varias vidas con tan solo 15 años para atravesar África y el Mediterráneo y llegar a A Mariña lucense. Hoy está terminando Enfermería y trabaja los fines de semana en A Villaronta, un restaurante de Ribadeo.
Pienso en otro senegalés, Sahko, que completó sus estudios de secundaria con el profesor Bernardo Penabade y que, gracias a su talento para las matemáticas, además de continuar con el oficio de marinero de su padre, es quien organiza los lotes para el armador en la lonja de Burela. Quiso aprender a hacer empanadas gallegas y abrió tres panaderías en Dakar. De vez en cuando, repara un viejo camión, lo llena de medicamentos, ropa y otros productos de primera necesidad y viaja él mismo hasta Senegal. El camión se queda allí y él regresa en avión.
Vidas, esperanzas y nombres
La inmigración está hecha de vidas, esperanzas y nombres. En esa mentira fundacional de la ultraderecha ocupa un lugar central la amenaza de una inmigración que supuestamente viene a robar el trabajo y los derechos. Y, por permeable que pueda ser la sociedad gallega a la inmigración, eso no significa que no sigan existiendo sombras y amenazas, además de oportunidades.
Luzía Oca es autora de la tesis doctoral Caboverdianas en Burela (1978/2008): migración, relación de género e intervención social, fruto del proyecto BogAvante, una intervención participativa con la comunidad caboverdiana de la localidad. «Había muchos problemas relacionados con el derecho a la ciudadanía y con los derechos laborales, y la cultura caboverdiana estaba recluida en el ámbito privado. Además, la comunidad acababa de sufrir una crisis: había perdido a un tercio de sus miembros debido a la crisis económica de mediados de los noventa».
«En la mentira fundacional de la ultraderecha la migración ocupa un lugar central y, por permeable que sea la sociedad gallega a la migración, no significa que existan sombras y amenazas» (Luzía Oca)
En su tesis, Luzía analiza también la evolución de la comunidad caboverdiana, sobre todo la de las mujeres: «En 1998, la comunidad estaba formada fundamentalmente por mujeres, esposas de marineros de altura, pioneras que construyeron sus familias y criaron a sus hijos e hijas en hogares en los que el hombre era una figura ausente, con una estructura de tipo matrifocal. Después hubo cambios derivados de distintas circunstancias, pero no debemos perder de vista que el racismo y la xenofobia siguen presentes allí, en la localidad, como en cualquier lugar de Galicia. Desde la derecha se ha intentado vender una idea de convivencia armónica y un ejemplo perfecto de integración, pero la realidad es mucho más compleja y queda mucho trabajo por hacer».
El marco mental desde el que una parte de la sociedad gallega se percibe a sí misma se ha modelado cuidadosamente, como un delicado espejo, mediante una operación propagandística constante que no escatima medios.
Banderas
Sus momentos de máximo esplendor llegaron durante el punto álgido del procés catalán, de forma parecida a lo ocurrido con la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica y en el de EEUU, cuando las calles de las villas y ciudades gallegas se llenaron de banderas españolas en todos los balcones.
En 1933, Wilhelm Reich analizó el fascismo a través de la lente de la psicología de masas, estudiando los mecanismos subjetivos que apelan al inconsciente y a los sentimientos irracionales que afloran en él. Lo que en la jerga de los pinchadiscos se conoce como psicología de pista y que hoy articula las grandes campañas electorales.
Parece que Vox todavía no ha encontrado el tema capaz de llenar la pista en Galicia. Mientras no lo encuentre, parece deseable –siguiendo a Chantal Mouffe que, en lugar de demonizar o banalizar la incidencia de fórmulas filofascistas en la vida política de las sociedades, encontremos una formulación progresista que permita una movilización real en favor de la igualdad y la justicia social. No vaya a ser que nos estalle el pulpo en el microondas.
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