El nuevo buen gusto: TikTok vs las pasarelas

Si hablamos de moda, como de tantas otras cosas, el ser humano es el único animal que tropieza no dos, sino varias veces con la misma piedra. Abro TikTok y aparece una chica con un top de Zara. Es blanco, sin mangas, de encaje, con cuello mao y abotonado. Me parece precioso. Sé que va a ser viral y que va a tener absolutamente todo el mundo en cuestión de días. Pero no me importa, me lo tengo que comprar.
En menos de diez minutos ya tengo un correo electrónico de la mencionada marca en mi bandeja de entrada que reza: “Gracias por tu compra”. No es la primera vez que me pasa ni tampoco será la última. Semanas atrás, la historia era parecida con una blusa de Sézane que no pude comprar la temporada pasada porque se agotó: en cuanto la vi de nuevo en la web supe que esta vez sí. TikTok solo aceleró la toma de decisión gracias a un vídeo de una chica que contaba lo mismo que yo ya sabía: “me la he cogido ya porque el año pasado me quedé sin ella”. Huelga decir que los 105 euros que cuesta la blusa desaparecieron de mi cuenta bancaria sin que yo sintiera ningún tipo de remordimiento.
Esas compras que son irresistibles
A principios de verano, también me pasó con un bolso de DeMellier al que no me pude resistir y que sí que me hizo sentir algo peor, porque el precio de este era significativamente más elevado. No todas mis compras están influenciadas por TikTok – la mejor prueba es el vestido de Farm Río que me permití como capricho para la boda que tenía este fin de semana y que descubrí gracias a mi trabajo como editora obsesionada por todo lo nuevo – pero si hago un recuento, un gran porcentaje de todas ellas han nacido en la red social.
La marca Verafied también la descubrí ahí, así como la colaboración de Ganni x Barbour, con la que nunca me he atrevido pero cuyas prendas siguen en mi whishlist mental. “Esto es así desde que TikTok se convirtió en la nueva ‘televisión’ para la gente joven. Históricamente, las pantallas siempre han sido una gran referencia estética: primero con el cine, después con la pequeña pantalla”, reflexiona el diseñador español Ze García, que destaca por su trabajo de alta costura y su relevancia a la hora de vestir figuras reconocidas en grandes citas y alfombras rojas internacionales.
La diseñadora Fia Hamelijnck, que aporta una energía vibrante a su papel como directora creativa de Fabienne Chapot, una marca de moda contemporánea con sede en Ámsterdam que celebra el color, la creatividad y la confianza, afina un poco más el tiro: “Fue algo gradual, pero durante el COVID, TikTok se convirtió en el lugar donde la moda realmente sucedía, de manera real en el día a día. Ahora, las pasarelas siguen creando la visión, pero es TikTok quien decide qué permanece y qué le importa a la gente”, reflexiona.
Ambos expertos en moda coinciden en un concepto: esta red social no define el buen gusto, de hecho, eso es algo mucho más profundo; solo pone a disposición de todo el mundo lo que es fácil de imitar. “Antes era algo vertical. Los diseñadores presentaban, las revistas aprobaban y el resto seguía. Ahora es mucho más accesible para todo el mundo, en lugar de solo para unos pocos”, asegura Fia Hamelijnck.
Originalidad frente a copias sin personalidad
Todo lo que triunfa en TikTok es fácil de entender y de copiar: “casi lo opuesto a lo que la moda representaba para algunas personas”, continúa. Las revistas han quedado relegadas a un segundo plano en el uso diario, “antes las consumíamos en una cafetería o en la peluquería, pero ya solo usamos el móvil”, reflexiona el diseñador Mario Salafranca. Que ve muchos patrones que se repiten porque son una apuesta segura: ya sabemos que funcionan.
“No necesitas un armario completo ni un estilista para entrar en ese código: solo unas pocas piezas adecuadas y el enfoque correcto. Son fáciles de descifrar y aún más fáciles de replicar”, analiza con acierto Hamelijnck. La mala noticia de que TikTok convierta la moda en algo fácil de replicar, es que la despoja de ese punto de reflexión que tiene, aleja las piezas de la intención con la que un diseñador las ha ideado. Solo queda la superficie.
“Todo compite por la atención ahora. En el buen sentido, puede impulsar la originalidad. Pero a veces parece que las cosas se crean solo para destacar, no necesariamente para ser bonitas o contar una historia más profunda”, continúa la diseñadora de la firma holandesa. La visión de la diseñadora Claudia Romero, detrás de la firma Erax que se basa en la psicología y la tecnología 3D tiene una visión diferente sobre el asunto: “la gente está cansada de que todo venga de arriba cuando las mayorías están en otro lado. Con las pasarelas solo puedes mirar desde lejos, en cambio, en TikTok formas parte de la conversación”, analiza.
Sin embargo, todos los diseñadores preguntados para escribir este artículo coinciden en algo: las redes otorgan tal cantidad de estímulos que convierten la tarea de profundizar en uno solo de ellos en algo imposible. “Mientras antes dedicabas una tarde entera a leer una revista en su totalidad, ahora empleas ese tiempo en recibir cientos e incluso miles de estímulos”, concluye Romero.
Si el buen gusto es un ejercicio basado, de contemplación e información, con el suficiente estudio o contexto de las colecciones para crear una opinión propia, entonces las redes sociales han acabado con el buen gusto tal y como lo conocíamos. Podremos comprar un top bonito en Zara, pero si no leemos revistas, no miramos pasarelas y no escuchamos lo que tienen que decir los diseñadores o el resto de expertos, entonces el ejercicio del buen gusto es tan incompleto que es imposible de llevar a cabo.
Paula Peña es experta decoración y una apasionada del diseño de interiores. Siempre está pendiente de las últimas tendencias y le encanta la estética mid-century y californiana, un estilo que su propio algoritmo de Instagram se encarga de reafirmar a diario.
Estudió un doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid e inició su trayectoria profesional escribiendo para Vanity Fair. Allí abordó todo tipo de temas, aunque siempre encontró especial afinidad con aquellos vinculados a la arquitectura, los espacios y el diseño de interiores.
Continuó su trayectoria en Mujerhoy, donde se especializó también en moda y lujo, dos temáticas que tienen mucho más que ver con la decoración y el arte de lo que cualquiera podría imaginar.
Hoy, colabora con medios como Elle, Elle Decor y Nuevo Estilo; y su mirada combina sensibilidad estética y la narrativa. Entiende el diseño de interiores no solo como un ejercicio visual, sino como una extensión de la identidad y el estilo de vida de cada persona.
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