El PP echa mano del manual de Trump en precampaña: fraude en el voto por correo, avisos de apocalipsis y deshumanización del oponente

Jorge Azcón, presidente de Aragón, está gestionando los billetes de avión para que sus hijos, que estudian fuera, voten presencialmente el 29 de noviembre. Parece una anécdota, pero no lo es. Es una información que ha trasladado el propio barón popular a una pregunta acerca de la posición que mantiene Isabel Díaz Ayuso, presidenta madrileña, sobre el voto por correo. Ayuso ha recomendado, en unas declaraciones ante los medios de comunicación, que «todo el mundo vaya a votar a la urna» y que a nadie «se le ocurra votar por correo». En un tuit, el PP de la Comunidad de Madrid ha subrayado que «tenemos al frente del Gobierno al hombre más tramposo de toda la democracia». Lo que hace la líder madrileña es poner en duda, sin ningún reparo, la fiabilidad del sistema electoral español. Por eso no es una anécdota la respuesta de Azcón.
La decisión del aragonés de traer a sus hijos de vuelta para votar el 29N es la bajada a la Tierra del bulo que lanza Ayuso. A nivel estatal, el PP ha dado una de cal y otra de arena. Borja Sémper, portavoz nacional del partido, asegura que «el sistema es garantista». Ester Muñoz, portavoz en el Congreso, ha deslizado que entiende «las dudas» habida cuenta de «cómo se comporta Pedro Sánchez o los que han estado al frente de Correos». Público ha preguntado a fuentes del PP la postura oficial del partido. Al cierre de esta edición, no se le ha ofrecido.
Pero esa deslegitimación del sistema de elección es solo un elemento más de todos los que componen una estrategia electoral del PP que los expertos consultados consideran claramente incrustada en el manual de la ultraderecha nacional e internacional. «El PP adopta el lenguaje, los marcos, las tácticas violentas, los repertorios, las narrativas, las descalificaciones y la deshumanización propia de la extrema derecha en su discurso político», resume Steven Forti, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona (UB) y autor de Extrema derecha 2.0 (Siglo XXI, 2026).
Esa deshumanización del adversario —sea, en España, Pedro Sánchez, Óscar Puente o las personas que cruzaron la frontera de Ceuta los días 30 y 31 de julio— es una de las grandes obsesiones de la extrema derecha a nivel mundial. «En su escenario más trágico», explica Forti, «tenemos lo que está haciendo Israel con los palestinos». El profesor insiste en que «las líneas rojas y los límites han desaparecido». Este lunes, sin ir más lejos, Nuevas Generaciones (NNGG) del PP lanzaron el siguiente tuit: «Ellos o nosotros». Acompañaron el texto con la fecha del 29N y de una fotografía del paso de la frontera ceutí.
Y este mismo martes, otra vez Nuevas Generaciones ha dado un muestra más de lo mismo. También en X, han acusado a las personas acampadas en la Puerta del Sol de no ducharse. Es, en pocas palabras, un intento de quitarles toda dignidad.
Aunque el tuit que más ruido ha hecho en ese sentido es uno en el que el PP, en su cuenta oficial, se burlaba de un accidente que sufrió Óscar Puente, ministro de Transportes. Los de Feijóo adjuntaron, incluso, un vídeo en el que Puente gritaba de dolor. El propio ministro respondió que se «rompió la rodilla trabajando» y adjuntó una fotografía de su pierna recién operada.
«Los pactos del PP con Vox de 2026 no significaron solo un pacto de no agresión», explica, en este caso, Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa (Tirant Humanidades, 2025), «sino también la constatación de la compra de sus marcos y sus estrategias». De todas formas, ambos investigadores recalcan que es una tendencia cuyo inicio hay que ir a buscarlo, en España, al menos a 2020 o 2021. Viene de largo, pero cada vez va a más. López Ortega añade, eso sí, que es un escenario no exento de riesgos para el PP, que tiene que guardar un cierto equilibrio entre distanciarse de Vox para que el votante más centrado no se asuste y asumir el discurso de los de Santiago Abascal para recuperar parte del voto que se le va a la extrema derecha. Actualmente, las encuestas pronostican una cierta sangría de antiguos electores del PP que votarán verde.
También José María Aznar ha sacado la cabeza en las últimas horas. Lo cierto es que han acaparado casi más titulares desde que Sánchez convocó elecciones Ayuso y el expresidente del Gobierno que el propio Feijóo. «Si la coalición de Gobierno actual pudiese formar otra vez gobierno, el sistema constitucional y la monarquía se terminan», afirmó Aznar durante una conferencia en Sevilla. Es otra de las grandes tácticas ultraderechistas, muy aparejada a la deshumanización del adversario: anunciar el fin del mundo —el apocalipsis— si no gobiernan los buenos.
«Son discursos que ya pusieron sobre la mesa líderes como Orbán, Milei, Bolsonaro o Trump y que no son aceptables en un debate político y mucho menos por parte de fuerzas teóricamente democráticas», apunta Forti. En el caso de Estados Unidos, esa impugnación del sistema y el alarmismo sobre lo que acarrearía un gobierno más progresista terminó con el asalto al Capitolio. En España, donde se llama a Sánchez «traidor a la patria», ya se vivió «un primer clímax en 2023 con el sitio a Ferraz, la sede del PSOE». Ese apocalipsis se resume, en el caso español, con las acusaciones de «dictadura comunista».
Campaña en los tribunales
En cualquier caso, el primer golpe de efecto que ha tratado de dar el PP en la precampaña electoral no ha sido político, sino judicial. Este martes, los populares han solicitado a la Audiencia Nacional la imputación del PSOE por cohecho, malversación, blanqueo y financiación ilegal. La campaña, en los tribunales. Los de Feijóo han tardado menos de 24 horas, desde que Sánchez anunció la convocatoria electoral, en tratar de llevar al PSOE al banquillo y deslegitimarlo en la carrera hacia La Moncloa.
Horas después de ese anuncio, el PP ha informado de una nueva denuncia. En este caso, es al propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante la Junta Electoral Central (JEC), «por vulnerar la Ley Electoral» en la comparecencia que llevó a cabo para anunciar la disolución de las Cortes utilizando «la sede de la Presidencia del Gobierno para exponer supuestos logros de su Gobierno, descalificar a la oposición y dirigir mensajes propios de campaña electoral a los ciudadanos».
Contraatacar con la ilusión
Cabe preguntarse cuál tiene que ser la reacción del PSOE. Qué campaña tienen que hacer los partidos progresistas cuando sus oponentes tratan de convencer a los ciudadanos de que el sistema de votación es corrupto, de que votar a las izquierdas es sinónimo de apocalipsis o cuando se les deshumaniza. Anna López Ortega cree que la estrategia del miedo o la imitación de sus tácticas desde la calle de enfrente no son ya útiles. «El monstruo ya está en casa», recuerda. Alertar contra la llegada de la extrema derecha cuando ya gobierna a nivel autonómico no es, para la politóloga, una estrategia ganadora.
Por eso cree que tanto el PSOE como las fuerzas que tiene a su izquierda —empezando por el Frente Amplio— deben realizar una precampaña y una campaña basadas en la ilusión. De alguna forma, copiar el estilo del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, o de los alemanes de Die Linke. Convencer a sus potenciales votantes de que, más allá del relato que tratan de imponer las derechas, son las izquierdas quienes garantizarán vivienda asequible, salarios dignos y buenos servicios sociales.
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