el refugio de campo donde Borges y Bioy Casares inventaban historias

“Sí, acá venía Borges, pero no me preguntes detalles porque no los sé”. Miguel me lo decía detrás del viejo mostrador del almacén Casa Lámaro, en Pardo, partido de Las Flores, la última vez que pasé por allí. El lugar parecía un almacén más de esos que sobreviven en los pueblos bonaerenses, pero escondía una historia bastante más grande.
Es en ese almacén, que todo el mundo llamaba «lo de Lámaro», funcionaba el único teléfono del pueblo y, cuando Jorge Luis Borges visitaba Pardo, podía pasar horas esperando una comunicación con Buenos Aires
Entre estantes con yerba, harina o alpargatas, conversaba con don César Lámaro hasta que finalmente la operadora lograba establecer la llamada.
En el almacén Casa Lámaro Borges esperaba la comunicación telefónica con Bueos aires. Foto PB/ViajesHoy el almacén está cerrado y en refacción. Pero la anécdota permanece en la memoria de los habitantes del pueblo, como tantas otras que se cuentan de boca en boca.
Porque Pardo no tiene grandes monumentos ni una larga lista de atractivos turísticos. Tiene historias. Y una de las más singulares es la de aquellos veranos en que Adolfo Bioy Casares llegaba con su mujer, Silvina Ocampo, y recibía la visita de su gran amigo Jorge Luis Borges.
El vínculo de los Bioy con el pueblo venía de mucho antes. Desde 1835, cuando Juan Bautista Bioy, un inmigrante francés, había comprado un campo en la zona al mismísimo Lino Pardo. A la estancia la llamó Rincón Viejo y abrió además una pulpería junto al camino que con el tiempo sería la Ruta Nacional 3.
La escuela N° 13 lleva el nombre del abuelo de Adolfo Bioy Casares. Foto Turismo Pcia. Bs. As.Décadas después, su nieto Adolfo empezó a pasar allí los veranos. Años más tarde comenzó a hacerlo junto con su esposa, Silvina Ocampo y, en algunas ocasiones, Borges llegaba de visita. También Victoria Ocampo, hermana de Silvina y fundadora de la revista Sur, formaba parte de ese círculo de amigos y escritores que se acercaba hasta estos pagos.
Entre caminatas por el campo, sobremesas y largas conversaciones, fueron tomando forma algunas de las colaboraciones literarias más particulares de la literatura argentina. Borges y Bioy escribieron juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una obra que dejó una marca en la literatura fantástica y policial de nuestro país.
¿Cuánto de Pardo hay en los libros de dos de los más grandes escritores de la Argentina? Es difícil establecerlo con precisión, pero hay algunas pistas.
La capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue donada por el abuelo de Adolfo Bioy Casares. Foto Turismo Pcia. Bs. As.Se sabe que Bioy Casares comenzó a escribir en Rincón Viejo La invención de Morel, publicada en 1940. En El sueño de los héroes, de 1954, aparecen personajes del campo y carnavales populares; y en Memoria sobre la pampa y los gauchos, de 1970, vuelve sobre ese universo.
Borges, por su parte, menciona Rincón Viejo en su cuento “El Sur”. Y Silvina Ocampo, que durante años se había dedicado principalmente a la pintura, comenzó a escribir en Pardo. El ambiente rural aparece en Viaje olvidado, de 1937, y más tarde en Autobiografía de Irene, de 1948.
Calles de árboles y la vida en torno al tren
Así es que la historia de los Bioy es anterior a la fundación de Pardo, cuya fecha se estableció, como ocurrió con tantos pueblos de la provincia, con la llegada del primer tren, el 18 de septiembre de 1876.
El pueblo nació en torno a la estación del ferrocarril. Foto Turismo Pcia. Bs. As.Alrededor de la estación creció la localidad. Junto a ella abrió la proveeduría El Sauce, en un edificio que ahora está siendo restaurado para transformarse en alojamiento. Durante décadas, el ferrocarril fue el motor de la vida local, y cuando este desapareció, el pueblo, claro, también cambió.
La estación, sin embargo, sobrevivió, y hoy vive su segunda vida: aloja el Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, con fotografías, libros, documentos y objetos que reconstruyen tanto la vida del escritor como la historia rural y ferroviaria de Pardo.
Entre los documentos aparecen, por ejemplo, registros del casamiento de Bioy y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940.
En la vieja estación funciona el museo y biblioteca Adolfo Bioy Casares. Foto PB/ViajesPara conocer el pueblo hay que caminarlo. Son unas pocas cuadras de calles tranquilas y de tierra, con nombres de árboles: Los Pinos, Las Acacias, Los Plátanos, Las Palmeras, Los Cipreses.
La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada a la familia Bioy, es uno de los edificios que forman parte de ese recorrido. Como la escuela y el Club Unión Deportiva.
Pero buena parte de la memoria está en las personas. Nora Genaro, de más de 80 años, quien por décadas investigó, reunió fotografías, documentos y testimonios y transmitió ese material desde la escuela del pueblo. Todavía hoy recorre las calles y recuerda historias que en otros lugares podrían haberse perdido.
Las calles por las que caminaban Borges y Bioy Casares. Foto Turismo PardoAquí la vida cotidiana no cambió tanto como en las ciudades. Aquí las bicicletas quedan sin atar en las veredas, los vecinos se conocen y las distancias se miden de otra manera.
“Es un lujo para mí vivir acá, en un pueblo chico, pero que tiene todo lo que se necesita, desde agua potable y ambulancia a guardería, jardín de infantes, primaria y secundaria”, cuenta Freddy Valiante, que llegó con su familia desde Ramos Mejía hace más de 20 años. Buscaba “la vida natural, tener un caballo, etc.”
Con el tiempo decidió convertir ese gusto por Pardo en una forma de recibir visitantes y abrió el bar-pulpería La Vieja Estación, en el predio de una antigua estación de servicio.
La Vieja Estación es un bar y pulpería ubicado donde funcionaba una estación de servicio. Foto Freddy ValianteLos fines de semana y feriados prepara comidas de olla en invierno y parrilla en verano, además de minutas y opciones vegetarianas. “Comés muy bien por $ 25.000 por persona”, asegura.
También construyó cuatro cabañas y está terminando un camping con parador para motorhomes frente al bar. “Vamos a abrir para la fiesta aniversario. Es uno de los pocos predios que, además de baños, quincho y parrilla, contará con servicio para descarga de aguas negras y grises de los motorhomes. Y en breve sumará una pileta”, anuncia.
Un pueblo que vuelve a recibir visitantes
Pardo empieza a encontrar en el turismo una nueva manera de sostener su pequeña escala. Forma parte de los “Pueblos Turísticos” de la provincia con una propuesta que, claro, no apunta al turismo masivo, sino a experiencias relacionadas con el campo y la vida de ritmo calmo.
El edificio donde funcionó el primer almacén y luego fue hotel. Ahora Casa Bioy est´siendo restaurada para ofreer nuevamente alojamiento. Foto PB/ViajesEl Proyecto Yamay, por ejemplo, combina cabalgatas, observación de aves y alojamiento en cabañas y yurtas de estilo mongol. También propone retiros de yoga, tai chi y meditación, además de talleres y actividades vinculadas con permacultura, construcción natural, energías renovables y reciclado.
Cerca del pueblo funcionan también la Casa de Campo La Palmera y la Chacra Don Julio, con alojamiento y actividades.
El atractivo, en definitiva, no está en llegar a Pardo y encontrar una sucesión de monumentos. Está en caminar esas pocas cuadras, detenerse frente a la vieja estación, entrar en un almacén, escuchar a un vecino y reconstruir, a partir de pequeñas historias, un pasado que todavía es presente, que forma parte de la vida cotidiana.
Quizás por eso resulta tan fácil imaginar a Borges y Bioy caminando por estas calles o sentados durante horas en algún rincón del pueblo.
Club Unión Deportiva, una institución tradicional de Pardo. Foto PB/ViajesDe fiesta
El 150 aniversario será el 18 de septiembre, y se festejará el fin de semana del 19 y 20 con actividades en la plazoleta Pablo Lámaro.
El sábado 19 habrá desfile gaucho por la tarde; a las 20 actuarán Los Charros y a las 22 será el turno del baile popular. El domingo 20 habrá almuerzo criollo, chacarerazo popular a las 17 y, a las 19, la actuación de Jóvenes Musiqueros.
Durante todo el fin de semana habrá además feria de artesanos, patio de comidas y juegos campestres e infantiles.
Pardo cumple 150 años y celebra. Una fiesta que es una buena excusa para arrimarse. Pero lo más interesante sigue siendo lo que permanece cuando el festejo termina: un pequeño pueblo bonaerense que alguna vez fue escenario de una amistad extraordinaria y que todavía conserva mucho de aquel mundo.
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