Es lo que pasa cuando reduces la exigencia

La crisis en el ámbito educativo tras el último informe PISA ha dejado de ser una advertencia de fondo para convertirse en una realidad palpable dentro y fuera de las aulas. Ante un modelo que acumula tensiones pedagógicas, familiares y tecnológicas, voces influyentes de la comunidad educativa señalan una suma de factores estructurales que explican la pérdida de nivel y el desencanto generalizado de alumnos y docentes.
Para el docente y divulgador David Calle, el problema no responde a una causa aislada, sino al colapso simultáneo de la exigencia académica, la labor de las familias y las políticas de inversión. «Esto es lo que pasa cuando reduces ridículamente la exigencia a los alumnos, infantilizas los contenidos hasta el absurdo, burocráticas al extremo la labor docente y reduces el nivel de acceso a la profesión a cotas ridículas», advierte sobre la devaluación que sufre el sistema desde dentro.
Redes sociales, atajos con IA y la desaparición de academias
Uno de los cambios más drásticos se observa en cómo los estudiantes abordan hoy el trabajo escolar fuera del aula. La irrupción de la inteligencia artificial y el consumo masivo de contenidos rápidos en redes sociales están sustituyendo el apoyo pedagógico estructurado.
A este respecto, se denuncia el abandono de la didáctica tradicional en manos de algoritmos: «Es lo que pasa si abandonas en manos de la Inteligencia Artificial el diseño de programas didácticos (aun así obsoletos) o se siguen planteando deberes, tareas y didácticas en el aula que una IA puede ayudar a los chavales a finiquitar en segundos».
David Calle en una de sus charlas sobre educación
Asimismo, se señala el riesgo de delegar el aprendizaje en el entorno digital de moda: «Es lo que pasa si confías el apoyo escolar de tus hijos a determinados perfiles y cuentas de Instagram, YouTube y TikTok que ‘solucionan’ sus dudas y les salvan la papeleta (los más virales, algoritmo mediante, los más cools) en vez de confiárselo a profesionales y academias que, antaño (cuando pudieron hacerlo, casi han desaparecido), cumplían una extraordinaria labor».
Flexibilidad normativa y permisividad familiar
El diagnóstico trasciende las paredes de las escuelas y señala directamente al entorno familiar y a las reformas que han eliminado la evaluación continua o el esfuerzo estival. La permisividad cotidiana se traduce, según el análisis, en una falta de límites claros y en el premio injustificado.
«Es lo que pasa cuando todos pasan de curso y te da también por acabar con septiembre y regalas tres meses de vacaciones a quienes no se han esforzado en absoluto en todo el curso o necesitan ayuda extra», apunta el educador. En el ámbito doméstico, la falta de tiempo se sustituye a menudo con bienes materiales en lugar de dedicación: «Es lo que pasa cuando les regalas PlayStations, móviles de alta gama o deportivas en vez de libros, dedicación y tiempo. Cuando dejas de ser firme (sin que eso signifique dejar de ser cariñoso)» y cuando se le dice » ‘sí a todo’ a tus hijos para no tener que educarlos».
Falta de inversión pública y pérdida de prestigio docente
Por último, el deterioro del sistema se vincula a la infravaloración del profesorado y a la falta de recursos económicos destinados a la red pública. La falta de reconocimiento hacia los profesionales de la enseñanza repercute directamente en la calidad global del modelo educativo.
«Es lo que pasa cuando ser docente o profesor está al alcance de ‘cualquiera’ más allá de su excelencia, que no se ve recompensada ni valorada de ningún modo como profesión de élite», argumenta Calle. Una situación que se agrava al analizar la distribución de los fondos del Estado: «Es lo que pasa si dejas de invertir en la educación pública y lo destinas todo a la concertada y la privada. Y podría seguir», concluye, dibujando un panorama que exige una revisión profunda en todos sus estamentos.
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