Juan José Tamayo: «No hay un documento de la jerarquía católica de condena de la extrema derecha como en Alemania»

La reciente visita del papa a España, que se produjo el pasado mes de julio, dejó imágenes inéditas. El discurso en el Congreso de León XIV fue una de ellas, pero también hubo numerosos actos con una presencia masiva de autoridades y representantes del Estado. Para el teólogo Juan José Tamayo, cuyo último libro lleva el sugestivo título de Política y Religión (Editorial Tirant Lo Blanch), «hubo signos de nacionalcatolicismo» durante el periplo del pontífice, acompañados de gestos «positivos». Tamayo atiende las preguntas de Público al respecto de esos vínculos por teléfono y mediante correo electrónico, un método que le resulta más preciso para expresar cuestiones complejas, argumenta.
Uno de los aspectos que definen hoy la política y la religión en España es la relación que mantiene la Conferencia Episcopal Española (CEE) con el poder terrenal, el del Gobierno que comanda Pedro Sánchez (PSOE). En estos años se han producido algunos acuerdos y sonoros desencuentros, con duras críticas y. cruce de cartas incluidas. Para Tamayo, el presidente de los obispos, Luis Argüello, «tiene una mentalidad conservadora tanto política como teológica y eclesiástica, que ha subido de tono en la medida en la que ha ido consiguiendo las más altas cotas de poder en la jerarquía católica, primero como secretario de la CEE y ahora como presidente».
Añade el teólogo: «Y no hay que hacer hermenéutica para confirmar dicha mentalidad: lo demuestra en sus declaraciones y actuaciones públicas desde su negacionismo en relación con la pederastia en la Iglesia católica al principio hasta su intervención en el curso de verano de este año organizado por la Asociación Católica de Propagandistas. Defiende la beatificación de Isabel la Católica, olvidando el colonialismo y las masacres contra las poblaciones indígenas, el saqueo de sus tierras, la esclavización de las personas y comunidades originarias, el robo del oro de las Indias como condición necesaria para la salvación de los nativos, la destrucción del sistema organizativo de esas poblaciones, la destrucción de sabidurías y espiritualidades de los pueblos de Abya Yala [aquí Tamayo elige el término que usan algunos movimientos indigenistas para definir América] y la imposición del catolicismo».
«Mantiene [Argüello] —remacha el teólogo— una estrecha relación con Vox participando en actos organizados por el partido de la extrema derecha y formando parte de su think tank. Se resiste a revisar los Acuerdos (Concordato encubierto) con la Santa Sede y a la renuncia de los privilegios de todo tipo: educativos, económicos, fiscales, culturales, jurídicos e incluso militares que reportan a la Iglesia católica. Eso me parece una incoherencia, si comparamos los privilegios con la renuncia que exige el evangelio».
Tamayo le pide más a los obispos españoles. «Todavía no he encontrado una declaración de la Conferencia Episcopal Española sobre la extrema derecha política, social y cultural, a diferencia de Alemania donde la Conferencia Episcopal católica ha definido a Alternativa para Alemania como ‘auténtico extremismo de derecha’ en un documento colectivo de febrero de 2024 titulado El nacionalismo étnico y el cristianismo son incompatibles».
«Estamos esperando —concluye— un documento de la jerarquía católica similar de distanciamiento y condena de la extrema derecha en nuestro país apelando a criterios evangélicos y a principios democráticos. ¿Por qué no lo hacen? Quizá porque hay puntos en el programa de Vox y de HazteOír que coinciden con los de la CEE. Por ejemplo, el rechazo a las personas LGTBIQ+, al feminismo, a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, al matrimonio igualitario, a la interrupción voluntaria del embarazo, a la educación afectivo sexual en las escuelas, etc».
La visita del papa, claroscuro
«Mi balance es claroscuro —afirma Tamayo—. En la visita hubo signos de nacionalcatolicismo y de Iglesia de cristiandad. En algunos momentos me pareció que predominaba la visita de un jefe de Estado de épocas anteriores sobre la de un líder religioso del siglo XXI. Por ejemplo, los diferentes encuentros con los reyes, el lugar privilegiado ocupado por estos en las Eucaristías de Cibeles y de la Sagrada Familia, la visita de Pedro Sánchez al papa en la Nunciatura, la procesión del día del Corpus Christi por las calles céntricas de Madrid en un acto de confesionalización del espacio público».
¿La presencia de las autoridades del Estado en los actos papales rompía la neutralidad del Estado? «Por supuesto», responde Tamayo. «Y también el principio de laicidad. Sobre todo, cuando ocupan un lugar tan destacado, que los convierte casi en con-celebrantes de un acto religioso, como fue el caso de la presencia de los reyes en los actos litúrgicos».
«A todas estas manifestaciones —añade Tamayo— que nos retrotraen a épocas que creíamos superadas cabe añadir otra de especial relevancia: la desmesurada cobertura completa de los seis días de visita del papa, desde el momento de su llegada hasta el de su despedida, por parte de Televisión Española. Fue una expresión del culto a la personalidad y una muestra de confesionalización de un medio público de comunicación, que debes ser neutral en materia religiosa. No entiendo qué motivó a los directivos de televisión a tal despliegue en un Estado laico. ¿O no es tan laico como creemos?».
Así remacha el teólogo su análisis de la parte «oscura» de la visita: «A lo largo de todo el viaje no vi un solo gesto de incorporación de las mujeres a los espacios de responsabilidad y de cercanía con el papa. En todos los actos se mantuvo la estructura jerárquico-piramidal patriarcal y clerical. Solo vi a las mujeres laicas y a las religiosas en la procesión del Corpus Christi, no en el altar, espacio de la visibilidad eclesial y del poder sagrado. Pude confirmar de nuevo que la Iglesia institucional funciona como una perfecta patriarquía».
Sobre el discurso del papa en el Congreso, empero, Tamayo ha virado su posición inicial: «Fue el mismo papa el que pidió dirigirse a Parlamento. La verdad es que al principio me pareció una injerencia en la vida política española de un dirigente religioso y un acto que no respetaba la autonomía del poder legislativo. Pero fueron amigos parlamentarios de partidos de izquierdas, laicos por supuesto, quienes me hicieron ver la importancia de la intervención del papa ante el pleno del Congreso y el Senado. Incluso me pidieron textos de apoyo a dicha presencia. Y, a decir verdad, creo que fue un acierto por la relevancia política del discurso, que escuché de principio a fin sin pestañear».
«Ciertamente —añade—, si se hubiera tratado de un discurso de Juan Pablo II o de Benedicto XVI me hubiera opuesto por sus enfoques contrarios a la laicidad del Estado y a favor de la confesionalidad de la política. El caso de León XIV era muy distinto: se había convertido en una autoridad moral mundial indiscutible por su enfrentamiento con Trump, a quien criticó severamente por no respetar el orden internacional, por su política anti-migratoria y por su apoyo al genocidio de Gaza».
Entre los aspectos positivos de la visita, Tamayo enumera: «En el ámbito social, hizo una crítica indirecta a la prioridad nacional y a la segregación de inmigrantes que defienden la derecha y la extrema derecha, cuando proclamó solemnemente la dignidad inviolable de las personas migrantes, sin discriminación por su origen, cultura o procedencia social. Dijo también que los migrantes no son números, ni expedientes: son personas. Pidió, asimismo, que no nos acostumbráramos a contar muertos, ni a convertir en costumbre las muertes en el mar. En el terreno político, se mostró crítico con la polarización. Hizo una llamada a ‘abandonar las narrativas que dividen y polarizan’, criticó el lenguaje agresivo de los políticos que se traduce en violencia y defendió el multilateralismo frente al multipolarismo. Criticó los discursos identitarios ‘que pueblan el mundo de fantasmas y de enemigos'».
El cristoneofascismo
En él libro, Tamayo desarrolla el concepto de cristoneofascismo, que acuñó hace más de un lustro y al que observa con preocupación. Así lo describe: «Es la alianza y la complicidad entre la extrema derecha política, social y cultural y una parte de la derecha y los movimientos cristianos fundamentalistas en las iglesias evangélicas y los colectivos integristas dentro del catolicismo».
«Cuenta —prosigue el teólogo— con el apoyo económico del neoliberalismo y de los discursos políticos tradicioanalistas, por una parte, y con el de dirigentes religiosos de las mega-iglesias evangélicas y de algunos obispos, arzobispos y cardenales de la Iglesia católica. Es una nueva religión, cada vez con más seguidores en todo el mundo a la vista de los exitosos resultados electorales de políticos de la extrema derecha apoyados por dirigentes religiosos y electores y electoras pertenecientes a organizaciones religiosas ultraconservadoras. Por ejemplo, Donald Trump en Estados Unidos, Jair Messias Bolsonaro en Brasil, Nayyib Bukele en El Salvador, Abelardo de la Espriella en Colombia, Kast en Chile…»
En la esfera política, el cristoneofascismo «constituye un atentado grave contra la democracia dentro de la propia democracia». Así lo describe Tamayo: «Tiene rasgos fascistas y socava los cimientos de las sociedades democráticas. En la esfera religiosa, por ejemplo, en el cristianismo, erosiona los valores originarios y los cambia por sus contrarios: sustituye el amor por el odio, el perdón por la venganza, la amistad por la dialéctica amigo-enemigo, la hospitalidad por la xenofobia y el racismo aporofóbico, el respeto a la diversidad por la intolerancia con las personas, los colectivos y las culturas diferentes».
El cristoneofascismo, agrega, tiene su traducción en España «en la alianza entre Vox y grupos cristianos ultraconservadores como Hazteoír, Asociación de Abogados Cristianos y asociaciones dentro de la estructura institucional de la iglesia católica». «Unos y otros coinciden en sus programas y propuestas políticas y religiosas. Cuentan, además, con el apoyo de algunos pastores evangélicos y de algunos obispos y arzobispos católicos, que se han convertido en sus portavoces desde los púlpitos catedralicios y desde sus pastorales», considera Tamayo.
Sobre la Iglesia en España y este movimiento, puntualiza el teólogo: «Hay, con todo, algunos obispos y arzobispos que se desvinculan de dichos planteamientos políticos y religiosos explícitamente y defienden la autonomía de la política de toda tutela religiosa, reconocen el fenómeno de la secularización, rechazan el cristoneofascismo y respetan la separación entre política y religión de forma que la religión no sea cogobernante, colegisladora, ni guíe la ética pública laica, que es la ética común a toda la ciudadanía».
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