La estufa del líder Enric Mas y el aviso premonitorio en MARCA: «Que las pongan»

Por Redacción THE FYMOUS • 31 agosto 2026

El verano se ha quedado a vivir en LaVuelta y Enric Mas parece encantado de correr dentro de él. Hoy, cuando la carrera se retuerza por Jaén buscando La Pandera, el termómetro volverá a ser un adversario para casi todos. Para casi todos menos para el hombre vestido de rojo. “Me gustaría correr todos los días con 40 grados”, decía en MARCA al inicio de la carrera. 

El tiempo, como siempre, da y quita razones. Mas lleva semanas pidiendo calor con una broma convertida en liturgia popular. “Que pongan estufas”, respondió cuando le preguntaron qué podía hacer la afición ante otra jornada abrasadora. La frase prendió rápido. En las redes y en las cunetas, las estufas forman ya parte del vocabulario de esta Vuelta. Como si el líder necesitara que España entera subiera el termostato para acercarle a Granada.

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Puede parecer una anécdota, pero resume el momento. Mas está cómodo donde otros empiezan a sufrir. Con el calor, con la montaña, con el peso del maillot y con una responsabilidad que durante años pareció quedarle demasiado grande. Esta vez no se protege del foco: vive dentro de él. “Voy a intentar ganar la carrera”, dice. Y la carretera le está dando argumentos. Tiene 1:45 sobre Primoz Roglic y 2:06 sobre Felix Gall. Son diferencias importantes, aunque todavía no definitivas por la contrarreloj de Jerez, territorio natural del esloveno y uno de los pocos lugares que siguen produciendo escalofríos en Movistar. Mas lo sabe. “Tenemos que ser conscientes de que Primoz es campeón olímpico”, recordó. Por eso cada segundo ganado ahora es una moneda guardada para la semana de la verdad. En Calar Alto metió 27 más después de atacar cuando todavía quedaban kilómetros para arrepentirse. No lo hizo.

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Aquello fue también una fotografía del nuevo Movistar. Iván Romeo endureció, Pablo Castrillo se sacrificó y Raúl García Pierna esperó por delante para convertirse en la estación de servicio del líder. Ayer, camino de Loja, el equipo volvió a responder a las mil maravillas. Pero con mucha menos exigencia. Durante años se discutió si Mas atacaba suficiente y ahora son sus compañeros quienes casi tienen dificultades para acompañarle. “Va como una moto”, dice García Pierna. “Es un placer trabajar para él”, apunta Romeo.

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También desde el coche perciben el cambio. Chente García Acosta lo deja claro: “Estamos felices de verle feliz”. Mas parece reconciliado con el corredor que siempre se esperaba que fuera. El podio dejó de funcionar como refugio. Tres segundos puestos y otro tercero en LaVuelta pesan mucho, pero pesan todavía más cuando uno empieza a sospechar que puede existir algo por encima. Movistar corre ahora con esa sospecha convertida en plan.

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Con todo de cara

A su alrededor, además, el paisaje se desordena. Pogacar, el gran favorito inicial, ya está en casa después de su caída camino de Xeraco. Kuss también se fue al suelo y perdió terreno. Onley cayó en Calar Alto cuando era una amenaza creciente. Gall acaba de quedarse sin Gregor Mühlberger, su mejor apoyo para la montaña. Y Roglic, el único hombre todavía relativamente cerca, llegó a esta Vuelta después de una preparación accidentada. Mas también perdió pronto a Cian Uijtdebroeks. La diferencia es que él continúa pasando entre las balas sin recibir el disparo.

Enric Mas, en la salida de la etapa.

Enric Mas, en la salida de la etapa.IRAIA CALVO

Ahora aparece La Pandera, una montaña con mala memoria. Allí perdió Valverde buena parte de una Vuelta en 2006 y allí Mas ya atacó en 2022. Le llega en un mejor momento. Queda la crono. Quedan Peñas Blancas y el Collado del Alguacil. Queda mucho ciclismo y una caída puede convertir en ceniza cualquier cálculo. Pero también empieza a quedar menos miedo. La gente pide estufas como si pudiera empujar desde casa el termómetro hacia arriba, que ya de por sí no para de crecer.

Romeo, con Enric Mas.

Romeo, con Enric Mas.Movistar Team

Movistar juega para ganar. Los rivales buscan grietas. Y Enric Mas pedalea en medio del incendio con una tranquilidad desconocida. Durante años pareció que siempre llegaba tarde a la oportunidad. Esta vez la oportunidad va sentada sobre sus hombros, vestida de rojo. Y cuanto más calor hace, mejor le queda.


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