La prensa afín a Mohamed VI celebra la cautela de Sánchez mientras inflama el nacionalismo para tapar la tragedia de Ceuta

La comparecencia especial del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante el Pleno del Congreso ha sido recibida con alivio y agrado al otro lado del Estrecho. Mientras la Casa Real alauí mantiene un hermético silencio oficial tras semanas de aguda crisis fronteriza en Ceuta -con un balance provisional de más de 141 muertos, en su mayoría de nacionalidad marroquí-, los medios más próximos al Palacio Real han reaccionado con satisfacción a las palabras de Sánchez al tiempo que alimentan las reivindicaciones nacionalistas sobre Ceuta y Melilla.
En las últimas horas se ha difundido un vídeo donde un tercer ministro del Ejecutivo reclama la soberanía de las ciudades autónomas, mientras en las redes sociales marroquíes se viraliza la indignación por las duras condiciones que sufren los migrantes y el trato fronterizo.
La maquinaria editorial cercana a Mohamed VI, encabezada por portales directamente vinculados al entorno del monarca, ha aprovechado las palabras del presidente del Gobierno español para proclamar que el «relato antimarroquí» ha sido derrotado y presentar la intervención de Sánchez como una ratificación del respaldo de España al plan de autonomía para el Sáhara Occidental.
Todo ello omitiendo deliberadamente o pasando a un segundo plano los tramos más gruesos de la intervención del presidente español, quien fijó la soberanía de Ceuta y Melilla como una «línea roja» infranqueable para España, calificó de «inaceptables» las declaraciones de los ministros alauíes y advirtió de que la cooperación bilateral debe regirse bajo parámetros muy diferentes a partir de ahora.
En el complejo mapa de medios de Marruecos, el diario digital Le360 ejerce de portavoz oficioso de la Corona. La propiedad del medio está directamente vinculada a Mounir Majidi, secretario personal de Mohamed VI, lo que convierte a sus editoriales en un termómetro preciso de la postura oficial de Palacio. El 3 de septiembre, tras la comparecencia especial de Pedro Sánchez ante el Pleno del Congreso para dar cuenta de la crisis migratoria, Le360 desplegó una cobertura monográfica diseñada para proyectar un supuesto triunfo diplomático de Rabat.
En su primer titular de portada, «Sebta -como escriben en Marruecos el nombre de la ciudad-. Sánchez desmonta una vez más el relato antimarroquí al que algunos medios siguen aferrándose», el diario situó como elemento central la declaración del presidente español de que ningún servicio gubernamental ni organismo internacional ha aportado «pruebas sólidas» de que Marruecos planificara u organizara la entrada masiva de personas a finales de julio.
El digital presentaba la intervención de Sánchez en el Congreso como una «victoria» sobre los sectores críticos con Rabat
Para el digital afín a Palacio, esta afirmación equivalía a una desautorización de los informes policiales filtrados que señalaban la total permisividad de la gendarmería marroquí en los espigones fronterizos, presentando la intervención de Sánchez como una «victoria» sobre los sectores críticos con Rabat. Sin embargo, el artículo de Le360 omitió por completo señalar que el propio Sánchez había admitido en la misma comparecencia la existencia de «indicios» de implicación que debían ser aclarados.
Una segunda pieza publicada el mismo día, bajo el título «Sin ceder a la presión de la derecha, Sánchez reafirma el apoyo a la autonomía marroquí para el Sáhara», fue aún más lejos al interpretar el discurso en clave saharaui. El medio sostuvo que el jefe del Ejecutivo español había ratificado el viraje histórico de 2022, cuando Sánchez defendió el plan de autonomía marroquí para la excolonia española como la opción «más seria, realista y creíble» para solucionar el conflicto.
Todo ello pese a que Sánchez no realizó ningún anuncio novedoso sobre el Sáhara Occidental ni formuló una nueva declaración formal sobre la materia durante su comparecencia; se limitó a defender la continuidad de la política de buena vecindad y la relación estratégica con Marruecos frente a los embates de la oposición. Para la prensa de Palacio, no obstante, esta defensa de la continuidad fue presentada como una «reafirmación», articulando la tesis editorial de que España no puede pretender una cooperación privilegiada mientras actúe contra la integridad territorial del Reino alauí.
Lo más revelador de la cobertura de Le360 y de otros portales como Hespress o Médias24 radica en lo que prefirieron ocultar. Ninguno de estos medios informó a sus lectores de que Sánchez informó de que el Ministerio de Asuntos Exteriores había convocado el 21 de agosto al encargado de negocios de la embajada marroquí -en ausencia de la embajadora Karima Benyaich- para protestar formalmente por las declaraciones «inaceptables» de ministros alauíes sobre Ceuta y Melilla. La prensa oficialista marroquí tampoco recogió el anuncio del presidente español sobre una próxima visita «en cuestión de semanas» del rey Felipe VI a ambas ciudades autónomas; un suceso que la propia prensa marroquí ha advertido que tendría «consecuencias».
Pirotecnia irredentista y cálculo electoral
Mientras los medios próximos al Trono celebraban la intervención de Sánchez, la clase política marroquí elevaba la presión sobre las ciudades españolas, sumando a un nuevo ministro a la lista de altos cargos marroquíes que reclaman la «liberación» de Ceuta y Melilla. Todo ello en vísperas de las trascendentales elecciones legislativas del 23 de septiembre.
La secuencia se inició el 21 de agosto con el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien defendió públicamente que las dos ciudades autónomas representan un «derecho histórico y geográfico» inalienable de Marruecos y reclamó abrir negociaciones bilaterales para su devolución.
Días después, durante la festividad del Mawlid celebrada en el Palacio Real de Rabat y ante la presencia del propio Mohamed VI, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, introdujo explícitamente la cuestión territorial. Toufiq, que ocupa la cartera de Habous por designación real directa desde 2002, rememoró el pasado de Ceuta y elogió la gesta de los marroquíes movilizados para «liberar las ciudades ocupadas».
El último ministro en pronunciarse sobre Ceuta y Melilla: «No retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional»
El cierre de esta ofensiva verbal lo protagonizó Nizar Baraka, ministro de Equipamiento y Agua y secretario general del partido nacionalista Istiqlal. Nieto del histórico ideólogo del «Gran Marruecos», Allal al-Fassi, Baraka proclamó en un mitin electoral: «España es un socio esencial para nosotros, pero no retrocederemos ni un solo palmo de nuestro territorio nacional». Acto seguido, desafió abiertamente al Ejecutivo español: «¿Qué debemos decirle a nuestra vecina España después de lo ocurrido en Ceuta?».
A tres semanas de los comicios legislativos, agitar la bandera nacionalista permite a las distintas familias políticas del régimen competir por el voto patriótico y desviar la atención de los severos problemas socioeconómicos que alimentan la emigración juvenil.
Desde las filas de la oposición marroquí en el exilio y analistas independientes se coincide en que este estallido verbal busca tapar el hecho de que la maniobra de presión en la frontera terminó resultando contraproducente. Así lo sintetiza el reputado periodista de investigación marroquí en el exilio Omar Radi -refugiado en Alemania tras sufrir la represión del régimen alauí-, quien sostiene que la repentina reactivación de la soberanía sobre las ciudades españolas persigue «desviar el foco público de una crisis de gestión gravísima que ha dejado al descubierto las vergüenzas del régimen».
En la misma línea se expresan portavoces del opositor Bloque Democrático en el exilio, quienes resumen la situación con contundencia: «En Rabat quieren pasar página apresuradamente porque en Ceuta la jugada les salió completamente por la culata».
Agitación mediática, sátira y narrativa de la victimización
Junto a la reclamación territorial, los medios afines al poder alauí han articulado una meditada narrativa de victimización para aglutinar a la opinión pública interna. El mismo 3 de septiembre, Le360 publicó una pieza titulada «Ceuta: la bandera marroquí profanada y dos marroquíes muertos en pocas horas», donde aglutinó tres hechos de muy diversa naturaleza: el rasgado de una bandera marroquí por activistas de extrema derecha ante el Congreso de los Diputados, el deceso de un menor de 17 años por una descompensación diabética en un centro de acogida y el homicidio de un joven marroquí acuchillado en una vivienda en Ceuta.
Más allá de esta publicación concreta, el ardor nacionalista se ha encauzado a través de una agresiva campaña mediática y de agitación digital. Diversos diarios afines han difundido encendidos artículos de opinión -como el firmado por el exministro Mohamed Benabdelkader mofándose de los dirigentes españoles que califican a Ceuta y Melilla de ciudades «españolísimas»- y viñetas satíricas de impacto visual, entre las que destaca una que muestra a niños marroquíes retenidos tras las vallas ceutíes bajo la custodia de Guardias Civiles armados frente a un autobús escolar vacío al otro lado del perímetro.
Esta artillería mediática se ha combinado con una ola de indignación coordinada en redes sociales marroquíes, donde conviven vídeos sobre el trato fronterizo que reciben los migrantes en España y reivindicaciones sobre ambas ciudades.
Abismo en las cifras y cadáveres retenidos en la frontera
El ardor nacionalista de la prensa y los mítines choca frontalmente con la realidad de una tragedia humana cuyas dimensiones reales el régimen alauí intenta minimizar. Los balances presentados por Rabat difieren sustancialmente de las verificaciones sobre el terreno realizadas por organismos independientes de derechos humanos y por las propias autoridades españolas.
El órgano oficial de Marruecos cifra los muertos en tan solo 14 personas, mientras que asociaciones hablan de al menos 141 fallecidos
Mientras el estatal Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos (CNDH), órgano oficial, sitúa las víctimas mortales en tan solo 14 personas, la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) eleva la cifra a al menos 141 fallecidos a ambos lados de la frontera, una brecha abismal que expone el intento del régimen por ocultar la escala real del desastre. Por su parte, los registros institucionales españoles contabilizan 82 muertes.
A esta disparidad en el cómputo de vidas se suma la negativa de las autoridades marroquíes a repatriar los cadáveres de sus propios ciudadanos. Periodistas sobre el terreno, activistas de la AMDH en Tetuán y organizaciones sociales han documentado cómo Rabat ha rechazado la devolución y el traslado a suelo marroquí de varios cuerpos de jóvenes plenamente identificados por sus familias en la morgue de Ceuta. Como consecuencia de este bloqueo burocrático y político impuesto desde Rabat, desde el pasado 21 de agosto numerosos migrantes marroquíes han tenido que ser sepultados en el cementerio islámico de Sidi Embarek, en la propia ciudad autónoma de Ceuta.
Said Flisat, padre de Marouane Flisat -un joven de 22 años ahogado frente a las costas de Ceuta-, manifestaba entre lágrimas a la agencia EFE su dolor tras ser informado de que no le autorizaban repatriar el cuerpo de su hijo para enterrarlo en su tierra natal: «Es una vergüenza insoportable que se deje a las familias ardiendo de dolor; mucha gente joven se ha ido para siempre y sus nombres ni siquiera aparecen en los informativos de Marruecos». Portavoces de la AMDH en la zona norte declaran que existen decenas de familias en Tetuán y Fnideq en idéntica situación, a las que Rabat deniega los salvoconductos funerarios para no dejar constancia oficial del goteo de fallecidos.
El comportamiento de la prensa y la clase política marroquí tras la comparecencia de Pedro Sánchez deja entrever la dualidad estratégica con la que Rabat gestiona sus relaciones con Madrid. De puertas afuera, Rabat aprovecha cualquier gesto o discurso contenido del Gobierno español para proclamar la validez de la alianza estratégica y reforzar su posición sobre el Sáhara Occidental, silenciando las quejas diplomáticas y las líneas rojas trazadas por España. De puertas adentro, el Palacio Real permite e incentiva que sus ministros y medios afines inflamen la retórica irredentista sobre Ceuta y Melilla. A tres semanas de unas elecciones legislativas clave, esta exaltación patriótica sirve de bálsamo para cohesionar al electorado y ocultar el coste de una presión fronteriza que se ha cobrado más de un centenar de vidas.
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