La reseña del desfile Fendi Primavera-Verano 2027

El espejo, como metáfora, superficie artística, montaje escenográfico, entre el teatro off, la galería de arte, el probador de los ateliers o las discotecas italianas (o mejor dicho romanas) de los años setenta y ochenta. En el desfile de Fendi, para la segunda prueba (lograda) de Maria Grazia Chiuri al frente de la maison, los espejos se convierten en un largo pasillo que las modelos (y también algún modelo) recorren multiplicando los puntos de vista, llevando en paralelo a los espectadores a reflexionar sobre la moda y sobre el valor de los cuerpos.
En este juego del doble (triple o incluso cuádruple) se tiene casi la sensación visual de llevar puestos los vestidos que pasan a toda velocidad ante ti. Un efecto trompe l’oeil que confunde un poco, pero que, una vez enfocado, enmarca la colección en el marco vanguardista, experimental (pero también divertido) de la Roma de los años setenta, del Piper, de Celentano, de la Carrà (superdivertido el remix de la banda sonora), pero también de Jacques de Bascher o Talitha Getty.
Siguiendo ese espíritu suyo un poco hippy entre el Pleasure Palace de Marrakech, via del Governo Vecchio y el Panteón. Entre vestidos lenceros, chalecos muy cortos o largos y rectos, vestiditos de encaje y abrigos patchwork, en un juego de superposiciones glam pero al mismo tiempo con un aire muy libre. Pero consciente. Sobre una paleta de tonos delicados animados por toques decididos en los bolsos, como en las numerosas Baguette con detalles Pantone.
Una nota especial para el Hombre, que estamos deseando que vuelva a desfilar en la #mfw masculina de enero.
Visionary fashion director Hearst Digital – web dandy – Instagram lover – Hermes addict –
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