La universidad cerca de casa: cómo es el Centro Universitario de Innovación de La Matanza

Por Redacción THE FYMOUS • 8 octubre 2026

El Centro Universitario de la Innovación de La Matanza da una oferta educativa con cinco universidades nacionales

La distancia también puede decidir una trayectoria universitaria. Una recorrida por el Centro Universitario de Innovación (CUDI) puede demostrarlo. Aula a aula, se escucha la misma frase: “Elegí venir porque me queda cerca”. En un distrito atravesado por largos traslados, la cercanía es una oportunidad para estudiar: permite estudiar después del trabajo, volver a buscar a un hijo en la escuela, gastar menos en transporte.

La Matanza es un municipio enorme: su superficie equivale a 1,6 veces la de la Ciudad de Buenos Aires. Para quienes viven en González Catán, Virrey del Pino, Rafael Castillo y los demás barrios que se extienden a lo largo de la Ruta 3, sin el CUDI, la universidad, aunque pública y gratuita, podría resultar insostenible.

El CUDI está sobre la Ruta Nacional 3, a la altura del kilómetro 32,5. Es un edificio de 5.100 metros cuadrados distribuidos en tres pisos, con once aulas y cuatro laboratorios —Informática, Prototipado, Microbiología y Química— donde los estudiantes realizan distintas instancias de formación y prácticas preprofesionales. El CUDI tiene una estructura muy particular: en lugar de responder a una universidad, allí funcionan algunas trayectorias de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Quilmes, la Universidad Nacional de José C. Paz, la Universidad Nacional de Hurlingham y la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Desde su creación, el objetivo fue llevar la educación superior a la zona sur del distrito y concentrar una oferta vinculada con áreas que tienen demanda profesional: tecnología, innovación, biotecnología y salud.

El CUDI recibe a diez mil estudiantes. El dato, ya de por sí, permitiría dimensionar la importancia del Centro, aunque el impacto se presenta con mayor claridad al observar las distintas realidades que conviven en esas aulas: chicos que terminaron la secundaria, adultos que retomaron sus estudios, trabajadores que llegan después de una guardia nocturna, madres y padres que acomodan la cursada a los horarios de sus hijos. Muchos de ellos son los primeros de sus familias en llegar a la universidad.

—Soy la primera de mi familia —dice Agustina (23), que cursa Producción de Videojuegos—. La primera de diez hermanos en llegar a la facultad.

Una graduada de la carrera de Enfermería en el CUDI
Una graduada de la carrera de Enfermería en el CUDI

Esta mañana hay ansiedad y nervios: los estudiantes de Enfermería de la UBA están rindiendo el último final, con el que van a conseguir el título. Padres, madres, tíos, abuelos, novios, maridos, hijos: todos esperan afuera la salida de la flamante egresada. Hay fotos, flores, besos, mucha emoción.

Parte de esa exaltación se contagia en los estudiantes de primer año: hay un destino posible. Muchos de ellos insisten en la distancia como barrera y en el CUDI como oportunidad. La formación de enfermería exige, además, una relación continua con hospitales y centros de salud. Los estudiantes realizan prácticas comunitarias y hospitalarias, recorren diferentes servicios y cumplen guardias acompañados por profesores. Es una circulación que tiene un valor especial en una carrera donde los conocimientos teóricos necesitan ponerse muy pronto en relación con situaciones reales.

—Siempre quise estudiar en la UBA —dice Cynthia—, pero lo sentía fuera de mi alcance. El CUDI es un lugar que ayuda a realizar sueños.

Otra estudiante destaca que el horario le permite llegar al colegio a buscar a su hija de once años. Siempre había querido estudiar y ahora encontraba un efecto inesperado en esa decisión: su hija la veía preparar materias, rendir exámenes y organizarse para cursar. Para ella, entonces, estudiar es también una forma de educar. Hay muchos padres y madres en el curso. El desafío es conciliar estudio y crianza. Las redes familiares aparecen como parte silenciosa de muchas trayectorias universitarias: parejas, padres, hijos mayores y otros familiares hacen posible que alguien disponga durante algunas horas del tiempo necesario para ir a clase.

Para muchos estudiantes, el día se divide también en el tiempo del estudio y el trabajo.

—Hay que hacer malabares —dice Blanca entre risas. Trabaja en un geriátrico de Flores y esta mañana llegó a clase después de hacer una guardia nocturna—. Todavía no dormí. Termino y me voy a casa —dice y también dice que lo que aprende le sirve para mirar con más profundidad los problemas de los pacientes.

Edificio de varios niveles con letrero que dice CUDI Centro Universitario de Innovación de La Matanza y personas en el acceso principal
El Centro Universitario de Innovación de La Matanza

Los profesores son conscientes de lo que cada estudiante pone en juego para seguir cursando y están atentos al presentismo y a los materiales.

—Yo no tenía plata para las fotocopias —dijo una chica que no quiso decir su nombre— y la profe me las dio antes de entrar al aula.

En el primer piso hay una cafetería donde estudiantes de un centro de formación integral realizan, desde hace más de tres años, sus prácticas formativas. Los chicos llegan a las 8.30, preparan el lugar, ponen en marcha la cafetera, acomodan los productos y esperan a que lleguen alumnos y profesores. Algunos manejan la caja; otros atienden los pedidos. Con el tiempo, rotan las tareas.

—Puedo hacer algo que antes no sabía hacer —dice Daniel, y la profesora que los acompaña no puede evitar la emoción—. Me siento muy feliz, muy orgulloso —dice.

Orgullo. Esa palabra la dicen todos: los chicos de la cafetería, los profesores, los estudiantes. La mayoría habla del deseo de que haya más estudiantes, más carreras, más posibilidades. Por eso también la otra palabra que se escucha tantas veces es cerca. El CUDI no es sólo cercano por su ubicación: los estudiantes hablan de él como de un lugar que les pertenece.

Un aula de primer año de la carrera de Enfermería
Un aula de primer año de la carrera de Enfermería

Silvina Gvirtz es la secretaria de Políticas Educativas de La Matanza y es una de las responsables del desarrollo del CUDI, que no está exento de desafíos —especialmente financieros—. Es otra de las personas que no puede ocultar el orgullo por el Centro.

—La elección de la zona fue del intendente, Fernando Espinoza —dice en diálogo con TICMAS—. En 2014 decidió que iba a construir un centro universitario con una visión muy clara: era una zona con una carencia de ofertas universitarias cercanas. La Matanza tiene la UNLaM, que es una universidad de gran prestigio, pero para los chicos de esta zona llegar hasta allí queda lejos. Hoy tenemos cinco universidades en el CUDI.

—¿Por qué comenzaron por las áreas de tecnología y salud?

—Por un lado, porque estamos en una revolución tecnológica y sabemos que cada vez se necesitan más especialistas. Era importante fomentar el desarrollo tecnológico entre los estudiantes, especialmente entre los jóvenes. La segunda área fue salud porque también había una fuerte demanda de profesionales: enfermeros, enfermeras, licenciados en Obstetricia. Hoy la oferta es bastante amplia. Algunas carreras terminan acá; en otras los estudiantes completan la tecnicatura y después continúan la licenciatura en las universidades de origen. La idea es avanzar para que puedan licenciarse acá y seguir abriendo oferta, porque hay muchísima demanda. Por supuesto, para eso necesitamos financiamiento. Las universidades están en una situación muy compleja y se necesitan recursos para que los profesores puedan venir, para sostener las carreras y abrir otras. Nosotros no vamos a dejar de trabajar para que el CUDI siga creciendo. También quiero señalar el acompañamiento de la provincia de Buenos Aires, porque actualmente colabora con el financiamiento de gran parte de las carreras y eso es muy importante para que el centro pueda sostenerse.

—¿Cómo es la articulación con las escuelas de la zona?

—Trabajamos mucho con las escuelas porque el CUDI tenía que instalarse. Si abrís un centro universitario y los chicos no saben que existe, falta una parte importante. Desde el comienzo trabajamos con el sistema educativo y con las inspectoras. Una vez por año hacemos la Feria del CUDI: cada carrera tiene un stand y hay charlas para explicar de qué se trata y por qué vale la pena estudiarla. También durante el año vienen escuelas a visitar el Centro. Cada vez es más conocido entre las escuelas secundarias.

—¿Cómo trabajan para que los chicos de estas zonas, alejadas o más vulnerables, puedan imaginar que el estudio es una posibilidad real?

—Yo creo que las ganas están. Lo ves cuando vas a las escuelas secundarias: están las ganas de tener oportunidades, esa idea de que mi hijo pueda estudiar, puede progresar. Llevás una oferta educativa y aparece algo muy fuerte: “Voy a poder estudiar”. En este caso, además, hay una oportunidad concreta: el municipio hizo este edificio, la provincia de Buenos Aires y las universidades nacionales trabajan juntas para que las carreras existan. Las ganas de seguir estudiando están. El problema es que, si un chico tiene que trabajar y viajar dos horas para estudiar, se hace realmente muy difícil.

Silvina Gvirtz junto a Fernando Espinoza
Silvina Gvirtz junto a Fernando Espinoza

—Durante la recorrida apareció muchas veces el sentimiento de pertenencia, que es algo natural en las universidades. En este caso, ¿cómo se construye?

—Hay un muy buen equipo de trabajo acá, y mucha gente es de la zona: quienes trabajan en Bedelía, en administración, los coordinadores. Hay mucho cuidado, en el buen sentido de la palabra. Cuidado para que el estudiante se sienta bien recibido, para que el lugar esté limpio, para que los profesores lleguen a horario. Son cosas cotidianas, que hacen que la gente se sienta parte. Vos entrás y siempre hay alguien que te recibe y te indica adónde tenés que ir. Hay espacios preparados para recibir a las familias cuando los estudiantes se gradúan. Todos esos cuidados van formando una comunidad. Y después está el cuerpo de profesores, que es realmente extraordinario y sabe lo que significa para muchos chicos tener esta oportunidad.


Enlace de la fuente

La nueva era del periodismo interactivo