las increíbles fotos tomadas bajo las estrellas

El Valle de la Luna de San Juan es, sin dudas, uno de los paisajes más reconocibles de la Argentina. Las formaciones rojizas, los senderos y las excursiones forman parte de una postal que miles de visitantes recorren cada año.
Pero cuando cae la noche, el escenario cambia por completo. Sin grupos de turistas ni vehículos, quedan las geoformas, la oscuridad, el silencio y un cielo cargado de estrellas.
Gonzalo Santile conoce bien esa otra versión del valle, como la de otros famosos paisajes argentinos. Es astrofotógrafo y desde hace una década recorre el país para registrar una combinación que todavía tiene pocos cultores en la Argentina: el paisaje terrestre junto con el cielo estrellado que se despliega sobre él.
Una increíble vista nocturna de la Quebrada la Troya en Vinchina, La Rioja. Foto Gonzalo GentileUna pasión que empezó de cero
Santile es porteño, de Villa Urquiza, aunque vive en Córdoba desde los 11 años y hoy está radicado en Villa Carlos Paz. Es licenciado en Administración de Empresas y trabaja en el área comercial de una compañía de envases para la industria. La fotografía comenzó como un hobby y, asegura, “terminó convirtiéndose casi en una obsesión”.
Cuando empezó, hace unos diez años, prácticamente no sabía manejar una cámara. Aprendió de manera autodidacta, a través de tutoriales y foros, y poco a poco fue incorporando técnicas hasta especializarse en astrofotografía de paisajes.
La flor del desierto, Valle de la Luna de San Juan. Foto Gonzalo GentileLa disciplina consiste en combinar el cielo nocturno con escenarios reconocibles de la Tierra. El resultado puede ser una formación rocosa atravesada por el arco de la Vía Láctea, una salina que refleja las estrellas o una montaña recortada contra una nebulosa, imágenes que el ojo humano no es capaz de captar.
Su trabajo obtuvo reconocimiento internacional cuando una fotografía tomada en Cafayate, Salta, consiguió el segundo puesto en la categoría Open de los Sony World Photography Awards. La imagen mostraba un arco de la Vía Láctea sobre una geoforma de obelisco.
“La verdad es que me presenté pero no pensé que me fueran a elegir en ese concurso, que es muy prestigioso”, admite Gonzalo (@gonzalo_santile_astrofoto).
La Vía Láctea sobre Talampaya, La Rioja. Foto Gonzalo GentileEsperar que el cielo haga su parte
El trabajo comienza mucho antes de que aparezca la primera estrella. Santile suele visitar los lugares durante el día para reconocer el terreno, saber por dónde caminar con seguridad y cuál es el sitio más conveniente para montar el equipo.
“En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques”, cuenta.
Entonces empieza la espera. Para conseguir imágenes llenas de color, la clave son las exposiciones prolongadas. Una sola toma demanda varios minutos de exposición, y hay imágenes panorámicas que se componen de muchas fotos, tomadas a lo largo de varias noches.
“Pero claro -avisa- no todo depende de la técnica. El viento es uno de los grandes enemigos, al igual que las nubes. Una sesión completa se puede arruinar por el estado del tiempo y, pese a revisar los pronósticos antes de viajar, más de una vez tuve que regresar a casa después de recorrer cientos de kilómetros sin conseguir una buena imagen”.
A lo largo de estos años Gonzalo pasó por el Valle de la Luna, Talampaya y otros sectores de La Rioja, el Cordón del Plata en Mendoza, las Altas Cumbres de Córdoba, Cafayate, San Luis, San José de las Salinas y las Salinas Grandes de Jujuy, entre otros stios.
También tiene una larga lista de pendientes. En octubre viajará a La Rioja para fotografiar Laguna Brava y el cráter Corona del Inca, ubicado a unos 5.600 metros sobre el nivel del mar. “Eso es más que la altura del campamento base del Everest”, se ataja.
Laguna Mar Chiquita en el Parque Nacional Ansenuza, Córdoba. Foto Gonzalo GentileHistorias de una noche en el salar
Las salidas nocturnas también le dejaron algunas de sus mejores anécdotas. Una de ellas ocurrió en San José de las Salinas, en el norte de Córdoba, cuando buscaba conseguir un reflejo similar al que suele verse en el salar de Uyuni de Bolivia después de una lluvia.
“Caminé más de dos kilómetros por las Salinas Grandes hasta encontrar un sector donde se había acumulado agua. Entonces volví al auto para buscar el equipo y emprendí nuevamente el camino, cargado con cámaras y accesorios. Pero cuando finalmente llegué para instalar todo, comenzó a soplar viento y el cielo se cubrió de nubes”, cuenta.
Y dice que su primera reacción fue “insultar y maldecir”. Pero decidió esperar, y al rato, cuando la tormenta pasó y paró el viento, el cielo volvió a despejarse, y de pronto apareció ese reflejo que estaba buscando: las estrellas multiplicadas sobre el agua y la sensación de que el paisaje se había convertido en algo casi irreal. “Fue una sensación inolvidable, como de estar flotando en el cielo estrellado”, cuenta.
La espera valió la pena: lluvia de estrellas en las Salinas Grandes de Córdoba. Foto Gonzalo Santile.El problema llegó después. La demora hizo que se quedara sin batería en el celular. Cuando regresó a su casa descubrió que su esposa había avisado a la Policía y a familiares para que salieran a buscarlo. Tuvo que llamar a todos nuevamente para avisar que estaba bien.
En las Salinas Grandes de Jujuy vivió otra situación inesperada. Había ingresado acompañado por un artesano de la zona para encontrar el lugar adecuado, pero al regresar, el hombre se desorientó y ambos terminaron perdidos durante un rato en la oscuridad.
“Por suerte logramos salir por un camino que estaba a apenas un kilómetro del lugar por donde habíamos entrado. Es muy fácil perderse en las montañas de noche”, advierte.
En el Valle de la Luna también consiguió registrar dos arcos de la Vía Láctea durante una misma noche, un fenómeno que considera el primer registro de este tipo realizado en Latinoamérica. Para lograrlo permaneció en el lugar desde las siete de la tarde hasta las cinco de la mañana, esperando que el cielo cambiara.
Los dos arcos de la Vía Láctea sobre un paisaje de Cafayate. Es la primera captura de este fenómeno en Latinoamérica. Foto Gonzalo GentileEl cielo fue cambiando mientras avanzaban las horas: un arco de la Vía Láctea apareció primero, como suele hacerlo aproximadamente entre las 21 y las 23 y, horas después de desaparecer, otro sector del cielo comenzó a mostrar sus propios protagonistas, y surgió el otro arco de la Vía Láctea, alrededor de las 4 am.
“Cansa mucho estar parado tanto tiempo”, reconoce. Pero las largas esperas, dice, suelen terminar compensando el esfuerzo.
A diez años de comenzar su “obsesión”, lo que sigue llevando a Santile a los escenarios naturales del país es la posibilidad de verlos sin gente, sin ruido y bajo cielos increíbles, que durante el día quedan en segundo plano.
Para él, la Argentina tiene una ventaja que todavía no se aprovecha bien: grandes extensiones con poca contaminación lumínica, paisajes extraordinarios y baja concentración de gente. “Hay lugares en Europa en los que hay que hacer cola para fotografiar los cielos”, dice. Y considera que eso es una oportunidad para desarrollar más el astroturismo.
Pero más allá de las fotografías, hay otra razón que explica su insistencia en pasar tantas horas en la oscuridad. “Estar en esos lugares de noche, solo, es una sensación tremenda, de soledad y tranquilidad al mismo tiempo”, define.
Aunque al principio, reconoce, la oscuridad puede generar cierto temor. Aparecen ruidos de animales y sonidos cuyo origen es difícil identificar. Pero después de unos minutos el cuerpo se acostumbra.
Laguna Brava, en la cordillera riojana. Foto Gonzalo Gentile“A los 10 minutos de estar en la oscuridad empezás a ver mucho más; formas, tonos y detalles que antes pasaban desapercibidos. Y cuando te acostumbrás, la sensación es increíble, muy especial, de conexión con el universo”.
Cuando termina una sesión, suele hacer algo tan sencillo como placentero: se acuesta en el suelo, deja el equipo a un lado y se queda contemplando el cielo.
Tal vez por eso continúa viajando muchas veces de improviso, por su cuenta y sin patrocinadores. Y aunque cada vez más personas le piden que dé cursos, todavía duda de convertir la fotografía en un trabajo.
Santile es licenciado en Administración de Empresas, pero la astrofotografía, dice, es «su pasión». Foto Gonzalo Gentile“Al ser un hobby lo disfruto; pero si pasara a ser un trabajo no sé si lo disfrutaría tanto”, define.
Por ahora, prefiere seguir esperando la noche. Cuando los turistas se van, el paisaje queda en silencio y las estrellas empiezan a ocupar su lugar. Entonces aparece esa otra Argentina.
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