Los 10 restaurantes nuevos de Madrid que merece la pena probar este otoño

En Madrid siempre hay una puerta a punto de abrirse y una mesa nueva que merece la pena conocer. En este momento de la temporada, recien comenzado el otoño, hemos elegido 10 direcciones con algo que contar: cocinas personales, buen producto, guiños castizos y viajeros… pero sober todo muchas ganas de hacer las cosas bien y a su manera.
Hay un bar que pone los huevos en el centro y está llamado a tener colas y colas, una casa de comidas muy top con acento viajero y restaurantes donde mandan la temporada y la materia prima… propuestas singulares. Aquí vas a encontrar todos los motivos que necesitas para salir a comer o cenar y, con casi toda seguridad, alargar un poco la sobremesa. Son los nuevos restaurantes y bares de Madrid que tienes que conocer.
Caja de huevos
Después del éxito de Caja de Cerillas, Enrique Valentí ha abierto Caja de Huevos, su nuevo «bar de avituallamiento», como él mimso lo define. Es más que un bar, pero menos que un restaurante. Se trata de un lugar informal, con barra, comedor y cocina abierta, donde uno puede entrar a tomar algo, pedir unas bravas y acabar organizando la comida alrededor de un plato de huevos.
Las hueveras del techo ayudan a entender el concepto. El corazón del menú son los platos rotos, seis versiones de huevos y patatas que parten de una combinación tan familiar que casi todos creemos saber hacerla. Están los huevos con berenjena, tomate y albahaca; con chistorra; con guanciale, pecorino y pimienta; con jamón ibérico; con bogavante al ajillo; y con caviar imperial, por si apetece vivir a lo grande.
La inspiración viene de los huevos rotos con gambas al ajillo que triunfaron en Caja de Cerillas. Antes de llegar a los huevos, la carta invita al picoteo: mejillones en escabeche ahumado, gominolas de mojama con almendra frita, tostada de bonito con piparras, patatas bravas y ensaladilla de lubina. La despensa suma lacón de Móstoles, chicharrón aliñado y sobrasada Joselito; y, para seguir, hay rosbif de solomillo con bearnesa, «sobras de una pizza» y macarrones de Caja de Cerillas, un guiño a su hermano mayor. De postre, canutillos de crema o natillas quemadas con fresitas del bosque. El vino, el vermú y la cerveza hacen el resto.
Caja de Huevos tiene algo de bar de toda la vida y de nuevo concepto, un equilibrio difícil de conseguir. La barra ocupa el centro, la cocina queda a la vista y el comedor mantiene el tono desenfadado, con manteles de papel sujetos con una pinza con forma de huevo. Aquí se vienen a comer bien sin protocolos ni demasiada planificación.
Bar Mistela
Abrió el 1 de septiembre para traer a Madrid una costumbre muy valenciana: entender la barra como el principio -y a veces también el final- de cualquier plan. El espacio, diseñado junto a DStudio, supera los 400 metros cuadrados y tiene capacidad para cerca de 200 comensales. Hay una gran barra, vitrina de aperitivos, brasas y una carta hecha para compartir, desde las gildas y los boquerones en vinagre hasta las bravas de la casa, los buñuelos cremosos de bacalao o la sepia encebollada. También hay arroces con grano de Molino Roca, cultivado en l’Albufera: paella valenciana, arroz del senyoret y uno de cocochas de bacalao y coliflor. Para el final, torrija de fartón a la brasa con crema pastelera de horchata; cuesta encontrar una razón para levantarse deprisa.
La hora del almuerzo merece capítulo propio. El esmorzaret -ese ritual de media mañana que reúne bocadillo, aceitunas, cacahuetes, bebida y café- llega con clásicos como el Chivito y el Serranito, además del Copa del Mundo, con tortilla de patata, longaniza y alioli, y el Top Mussafes, de sobrasada, queso y cebolla pochada. Una buena noticia para quienes consideran que llamar «tentempié» a un bocadillo contundente es quedarse muy corto.
Es el primer proyecto de Gastroadictos fuera de Valencia.
Dirección: Manuel de Falla, 5. Madrid
Teléfono: 910 28 00 89
Web: https://barmistela.com/chamartin
Ultramarinos Marín
Todavía no ha abierto -lo hace este 15 de octubre- y Ultramarinos Marín ya tiene más de 400 reservas para sus primeros quince días de servicio, lo que confirma las ganas que ya hay en la capital de probarlo. Es el proyecto de Borja García Ordoño, que desembarca en Malasaña.
Este nuevo bar nace de una conversación durante una comida en el barrio. «Un día de Pascua en Madrid, comiendo un pincho de tortilla con Borja en Malasaña, surgió la pregunta: ¿y si Ultramarinos Marín Barcelona tuviera un hermano en Madrid?». Meses después, la idea se convierte en barra, plancha y cocina a la vista. No será una copia del local de Barcelona, sino, como dice el equipo, «su hermano bastardo»: comparte el ADN, pero tendrá personalidad propia.
La fórmula sigue siendo la que hizo célebre a Ultramarinos Marín desde su apertura en Barcelona, en 2021: comer muy bien en un bar, con el producto y el oficio por delante de cualquier artificio. La plancha estará siempre encendida y la carta seguirá el ritmo del mercado y de las temporadas, con pescados y mariscos de los principales puertos españoles, embutidos y chacinas elaborados en casa, conservas, escabeches y otras preparaciones propias. Para beber, vinos de pequeños productores y cerveza bien tirada. Una propuesta directa, con técnica, pero sin necesidad de explicarle al comensal cómo tiene que disfrutarla.
La trayectoria de García Ordoño ayuda a entender esa mezcla de rigor y desenfado. Nacido en Vitoria y afincado en Barcelona, pasó por cocinas como Etxebarri, Alain Ducasse, Noma y Dos Pebrots antes de abrir Ultramarinos Marín en un antiguo bar de los setenta. Después llegaron un asador y Ultrapaninos Marín, el obrador y bocadillería del grupo, desde donde salen panes, embutidos, salazones y conservas. Ahora, junto al equipo fundador, Grupo Confitería y Starter Culture/Picnic OPS -con Patricia Mateo al frente del desarrollo de la sede madrileña-, lleva esa manera de entender la hostelería a una nueva ciudad.
El local también tiene su propia memoria. Antes de Ultramarinos Marín fue bar de tapas y vinos, La Templá y, durante décadas, Casa Maravillas. La reforma conserva los suelos hidráulicos y la barra de madera y mármol. En este mismo espacio se tomó la fotografía de Annie Leibovitz para una campaña de Louis Vuitton en la que Pelé, Maradona y Zidane jugaban al futbolín.
Dirección: San Andrés 31 esquina Manuela Malasaña
Web: https://www.ultramarinosmarin.com/es/madrid-2
Horario: Martes a sábado, de 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 23:00 horas.
Hipocampo
Abierto por los cocineros venezolanos Manuel Araya y Daniel Cegarra, el restaurante Hipocampo es un proyecto que toma como punto de partida la cocina de las abuelas, los guisos icónicos y los sabores que uno recuerda «de toda la vida». Pero con un punto diferente: lleva estas recetas a otro lugar, con técnica actual y guiños a Venezuela que aparecen sin forzar la conversación.
Su carta está pensada para compartir y cambia y se actualiza con el producto y la temporada, buscando su mejor momento. Entre los platos que merece la pena probar están la sopa de cebolla, la oreja guisada, el mejillón tigre y el txangurro a la donostiarra. Como ves, todos te suenan y seguramente ya los has probado en casa o en tus salidas gastronómicas. También merecen la pena el el puerro confitado con escabeche de pollo, una combinación que da una vuelta sabrosa a un ingrediente humilde, y la tortilla, fina como una crêpe y rellena de pisto.
Para los platos principales, el pollo braseado, inspirado en las polleras de Caracas, pone el fuego y la memoria venezolana en el centro de la mesa. Y quien quiera asomarse más a los orígenes de sus cocineros puede fijarse en la arepa, el asado negro o la torta de auyama. Hay además un menú de mediodía de martes a jueves y un carrito de postres para alargar la sobremesa, que aquí parece parte natural del plan.
Hipocampo llega con el gran atractivo de hacer convivir las raíces castellanas con el respeto gallego por el producto y sutiles toques venezolanos en una mesa cercana, de platos reconocibles con algún giro inesperado.
Dirección: Manuela Malasaña, 28. Madrid
Teléfono: 606 75 79 18
Web: https://www.hipocamporestaurante.es
BAS
A un paso del Retiro, Juan Patricio Campbell y Gastón Dahir han abierto una casa pequeña y cálida que no necesita grandes presentaciones: basta con sentarse a la mesa. Se llama BAS y en ella come muy bien, a un precio razonable, y la hospitalidad -esa palabra que se usa tanto y se practica menos- aquí se nota de verdad.
En un barrio de tabernas con parroquia y memoria, BAS ha encontrado su sitio sin disfrazarse de clásico ni empeñarse en ser una rareza. La idea es más sencilla y bastante ambiciosa: abrir un restaurante nuevo con vocación de convertirse en uno de siempre. Quizá por eso se siente tan a gusto desde el primer momento. No hay campaña que pueda sustituir a esa mezcla de buena cocina, atención cercana y ganas de quedarse un rato más.
La carta, corta y cambiante, viaja por Argentina, Italia, España y Francia, con alguna parada inesperada en Asia. Hay platos reconocibles, cocinados con oficio y sin demasiadas vueltas: una croqueta de asado argentino; lengua a la brasa con gastrique y torta frita, que uno pide para compartir y luego defiende como si estuviera en un juicio; tagliolini fatti a mano con salsa de chilto, carabinero y vermut bianco; corvina a la brasa con satay de anacardos y verduras al wok; y molleja a la brasa con escabeche de limón quemado y navajas. La temporada también va dejando sus huellas, como en el espárrago blanco con bearnesa y guanciale o las pochas con almejas y boletus.
Hay un plato que cuenta mejor que ningún otro qué significa BAS para sus cocineros: la berenjena en escabeche con la que la madre de Gastón lo recibía cuando volvía a casa. De ese recuerdo nace una cocina viajera, sí, pero también muy personal. La trayectoria de los dos explica esa amplitud: Juan Patricio dejó el comercio internacional para trabajar en cocinas de Australia y en Bros, en Lecce; después fundó Natif, sus cafés madrileños de especialidad. Gastón estudió Psicología antes de descubrir que su lugar estaba entre fogones, y pasó por El Baqueano, Santerra y Le Bistroman. En BAS, todo ese recorrido se traduce en platos con método y sin corbata.
El nombre viene de bass, el bajo del jazz: el instrumento que sostiene la melodía sin reclamar el solo. La música también tiene su papel en el restaurante, cuidadosamente elegida para acompañar la comida, mientras Juan, Gastón y el sumiller Juan Pablo Nievas observan la mesa, aconsejan y ajustan el ritmo. La bodega se mueve entre regiones europeas, pequeños productores españoles y botellas singulares, con referencias biológicas y biodinámicas. Y la sobremesa cuenta con café de especialidad preparado en una Marzocco: Campbell sabe del asunto por su etapa en Natif, así que aquí el café no es ese trámite que aparece cuando ya se ha apagado la conversación.
Dirección: Lope de Rueda, 41. Madrid
Teléfono: 676 66 43 72
Web: https://basrestaurante.es
5 Gallos
En la calle Diego de León, 24, en pleno barrio de Salamanca, 5 Gallos acaba de abrir sus puertas en un local que propone una carta breve donde el producto español y la tradición vasca se unen a los sabores de México. Detrás de este proyecto están cinco amigos, de raíces familiares vascas y mexicanas, que se conocieron en la Universidad de Deusto y han querido llevar a Madrid una cocina que les resulta familiar por partida doble.
Al frente de los fogones está Andoni Alzugaray, formado en la escuela de Luis Irizar. Su propuesta respeta la temporada y el producto de pequeños productores, con platos para compartir que cruzan ambos repertorios sin perderles la pista: el Taco Baja, inspirado en La Paz y servido con salsa de la casa; la pluma ibérica para taquear, con aguacate y pico de gallo; o una txuleta de vaca vieja con piquillos confitados. La Gilda, claro, también tiene aquí su propia versión.
La sobremesa puede alargarse con una copa: la bodega reúne referencias de Rioja, Ribera del Duero, Toro y Aragón, además de txakolís y un tempranillo propio elaborado para el restaurante por un pequeño productor de Rioja Alavesa. En la barra, Amaia Fernández firma cócteles como la Mezcalita Tío Teddy, con guayaba y mezcal ahumado, o el Mexican Slipper. También hay Paloma, michelada y agua de Jamaica para quienes prefieran brindar sin alcohol.
Con solo 33 plazas, 5 Gallos propone una sala cercana, diseñada por Alicia Agosti con nogal, mármol, latón y tonos tierra, rojos y burdeos. Un mural geométrico de Teddy Kelly pone la nota más atrevida. Y cuando la cena cede paso a los cócteles, la música —con éxitos de los ochenta— cambia el compás de la velada. Hay noches que empiezan en la mesa y tardan bastante en decidirse a terminar.
Dirección: Diego de León, 24. Madrid
Web: https://5gallos.com
Chalaco
Es lo nuevo de Grupo Quispe en la capital, y llega con una propuesta inspirada en el Callao, la ciudad portuaria donde el recetario peruano se ha ido enriqueciendo con ingredientes, costumbres y sabores llegados de muchos lugares.
El mar marca el rumbo. En el centro del restaurante, una gran barra marina pone el producto fresco de lonja en primer plano; lo que llega a la mesa cambia con la temporada, la disponibilidad y el carácter de cada pieza. Alrededor, la cocina criolla y marinera se interpreta con una mirada contemporánea y desenfadada, sin perder de vista la mezcla de culturas que define la identidad chalaca.
La barra, el fuego, el producto y el ambiente forman parte de una misma escena, evocadora de los antiguos mercados y cocinas del Callao. Con Chalaco, Grupo Quispe amplía su recorrido por la gastronomía peruana y propone una mesa para dejarse llevar por el mar, el mestizaje y ese apetito que, a veces, necesita poco más que un buen puerto.
Dirección: Salustiano Olózaga, 12. Madrid.
Web: https://www.chalaco.es/es
Teléfono: 91 331 6279
Bértigo Bites
Ubicado en el madrieño barrio de Hispanoamérica, este restaurante propone un recorrido que va de Bangkok a Bombay, pasa por Corea y Berlín y hace una parada en los recuerdos de infancia de Calin Nicula, su chef y fundador. Junto a Palmira Jaye Sedano, ha cambiado más de una década en las cocinas de alta gastronomía por un proyecto propio, informal y con una idea muy sencilla detrás: comer también puede ser una forma de ser feliz.
La carta, breve y pensada para compartir, abre con mini pastelas marroquíes de pollo, frutos secos y canela, y tostadas de masa madre con vinete, una crema rumana de berenjena asada. Después llegan los platos que dan nombre a esta pequeña vuelta al mundo: un cruasán relleno de curry rojo de langostinos; brioche con pollo frito, kimchi y col lombarda; y un bagel hecho allí mismo con codillo ahumado, chucrut y salsa de rábano picante. La geografía, por una vez, se resuelve sin hacer la maleta.
También hay un roll hojaldrado de rabo de toro y boletus, terminado con queso de tres leches de Pría, y un cheese naan recién hecho con butter chicken. Las masas tienen aquí bastante que decir: el naan, el bagel, las salsas y los rellenos se preparan en el propio restaurante. El pan no acompaña sin más; participa en la historia y, en algunos casos, hace de cubierto.
Para el final, una rosquilla de brioche rellena de ricota, crema agria y mermelada de guindas o arándanos remite a la infancia rumana de Calin. El último bocado tiene forma de bocadillo de chocolate, con praliné de avellanas, pan carasatu, aceite de oliva y escamas de sal.
Dirección: Puerto Rico, 7. Madrid
Teléfono: 910428723
Instagram: @bertigobites
Casa Lista
Una casa puede ser un sitio al que volver, una mesa siempre dispuesta o ese plato que sabe a raíces. Casa Lista toma la idea al pie de la letra y estrena nombre y lugar donde hasta ahora estaba Casa Vega. El guiño mira a la antigua calle de Lista -hoy José Ortega y Gasset- y ancla el restaurante en el barrio que lo rodea.
Como Casa Salesas, sigue una manera de entender la gastronomía como punto de encuentro, aunque aquí la vida transcurre al ritmo del barrio de Salamanca: desayunos, comidas, sobremesas, cenas y copas. El espacio, diseñado por Lázaro Rosa-Violán, está pensado para acompañar el día entero; al caer la noche, Barrio Beats pone música a las sesiones de DJ. Casa Lista funcionará como restaurante abierto a la ciudad, mientras que Vega Members Club continuará como club privado independiente.
La cocina, a cargo del equipo de Mabel Hospitality que dirige el chef ejecutivo Juan Antonio Medina, se mueve entre los sabores españoles y algunos guiños viajeros. Hay gilda especial y tortilla de patatas jugosa, flores de alcachofa a la parrilla y puerro con sobrasada, queso de cabra y miel. También rigatoni al vodka, un bikini de pastrami ibérico y trufa, lobster roll y katsu-sando de solomillo: una carta para pedir al centro y comprobar cuántos platos caben en la mesa.
La sobremesa tiene argumentos propios, desde la tarta de queso de TATEL y el flan de la abuela Cándida hasta una torrija en pan de flor dulce. A los postres se suma una bodega con 400 referencias, seleccionadas por la sumiller Rocío Yagüe, y una carta de cócteles de autor con nombres como Garcilaso o Lope’s Secret. También hay café de especialidad desde primera hora y gelatos italianos de vainilla y pistacho.
Dirección: Lagasca 88, Madrid.
Web: www.bistrocasalista.com
Bresa
Sus ideólogos son los hermanos Javier y Paco Aparicio, quienes hace 15 años abrieron el primer Cachivache en la capital y, desde entonces, han ido afinando su manera de entender el restaurante madrileño: culminado con locales de moda como La Raquetista y Salino. Ahora llega Bresa, con el que abren un capítulo distinto. Comenzará su andadura este 12 de octubre. Aquí no hay barra ni vocación de taberna: la mesa, el servicio y, sobre todo, el producto llevan la voz cantante. Es su restaurante gastronómico.
La carta es libre, personal y cambia con las estaciones. El producto decide qué se cocina y cómo; las recetas españolas ponen el punto de partida y la cocina evita los rodeos. Javier comparte los fogones con Alejandro Cano, su mano derecha desde hace siete años, que empezó muy joven y se formó junto a cocineros como Dabiz Muñoz y Víctor Infantes. El resultado busca la elegancia con pocos elementos en cada plato y espacio para que la materia prima se explique por sí sola.
Hay una croqueta de jamón ibérico -elegida la mejor de España en 2026- que conviene pedir. Después, la carta también invita a seguir la pista del mar: merluza de Burela, quisquilla de Motril, concha gallega, escórpora de roca o una ostra de la bahía de Donegal afinada en Francia. Para los carnívoros, habrá presa ibérica de bellota de Cinco Jotas, solomillo gallego y una cecina que Javier describe sin falsa modestia: espectacular. El pescado, el marisco y el caviar se muestran en una vitrina, como quien presenta a los protagonistas antes de que salgan a escena.
También los postres miran a la tradición, con bandas de fruta, pavlova de melocotón y hojaldre de mantequilla. La sala acompaña esa misma idea: madera, piedra y materiales naturales, sin estridencias; una bodega de menos de 200 referencias, con vinos españoles, franceses, italianos y portugueses, champanes y generosos que se sirven por copas. Estos últimos tienen un lugar especial para Javier, que los considera “otro gran lujo”.
Dirección: Villanueva, 21. Madrid
José Manuel Rodríguez es el redactor jefe de ELLE Gourmet y ELLE Travel. Ha trabajado durante 8 años en Onda Cero, en proyectos digitales y en la redacción de informativos, y pertenece al grupo Hearst desde 2004, en el que ha trabajado en proyectos de papel y durante 11 años ha sido coordinador web de Diez Minutos. Estudió Periodismo en la Universidad San Pablo CEU, y es Máster en Gestión de Medios Audiovisuales por la misma Universidad. Conquense de pro, le gusta comer bien, compartir entre buenas conversaciones, descubrir todo lo nuevo que tiene que ver con la gastronomía, regresar una y otra vez a los clásicos de la cocina de siempre, los chistes malos y el concepto light no lo maneja.
Enlace de la fuente
