Los efectos en el medioambiente de que las tendencias duren poco

Uno de los momentos con mayor impacto y de cambio de la industria de la moda fue la pandemia: el panorama mundial hizo a diseñadores y firmas de todo el mundo replantearse si el modelo de presentaciones infinitas de colecciones era coherente y sostenible, no solo con el medioambiente, sino también en el tiempo. La respuesta parecía vaticinar un cambio de paradigma.
Sin embargo, seis años después de una de las grandes sacudidas que hizo tambalearse al sector retail, todo sigue igual: las firmas de lujo siguen presentando dos veces al año en las grandes pasarelas internacionales; además de otras dos ocasiones con las colecciones crucero; y otras dos para las que también apuestan por la alta costura. En total, seis colecciones anuales o más, que en el fast fashion se traducen en cientos de nuevas referencias a nivel semanal, incentivadas por las redes sociales.
Los ritmos de una industria muy contaminante
Lo que esta semana es tendencia en TikTok y todo el mundo quiere y se lanza a comprar, la semana que viene no interesa a nadie. Las firmas que deciden subirse al carro de estas microtendencias y producir en masa a la mayor velocidad posible, sin tener en cuenta calidades ni impacto sobre el planeta que habitamos, ponen en jaque al medioambiente.
Frente a una crisis real de identidad y medioambiental – la industria de la moda es la segunda más contaminante del plantea, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), y solo por detrás del sector energético y los combustibles fósiles – la solución pasa por apostar por firmas conscientes y responsables con lo que producen y con la forma en que lo hacen.
Uno de los factores principales a los que debemos atender es a la coherencia, tal y como ilustra Tomás Sánchez Martínez, CEO de Bryan Stepwise, la firma de calzado made in Spain que integra la sostenibilidad en su día a día. “El equilibrio pasa por la coherencia. Una marca puede ser creativa, desarrollar nuevas propuestas y seguir innovando, sin perder su compromiso con la sostenibilidad”, explica el directivo.
La importancia de hacer bien las cosas
Ellos han encontrado la forma de no quedarse atrás, y a la vez no dejarse llevar por las tendencias. Un equilibrio muy difícil: “tomamos referencias puntuales, como colores o matices de pasarela, y las incorporamos en diseños base. Así conseguimos propuestas actuales sin renunciar a la atemporalidad, algo que forma parte de nuestra identidad”, continúa. Además de trabajar con lanzamientos de producción limitada, que les permiten ajustar sus existencias y evitar la sobreproducción; o las ventas de muestras, donde dan salida a excedentes de temporada, para cerrar el círculo del producto y reducir el impacto del exceso de inventario.
Además, existe un público bien informado y consciente del impacto que tiene lo que consume que, según identifican desde Lodi, “valora cada vez más los productos pensados para perdurar en el tiempo: piezas de calidad, versátiles y atemporales”. Este público es el que no se deja llevar por las tendencias y el gran ejemplo reside en las alfombras rojas. “Cada vez vemos más celebridades que apuestan por piezas de archivo. Un gesto que demuestra al gran público que un producto atemporal puede trascender el paso del tiempo”, analizan desde la gran casa española de calzado.
Aunque la velocidad, la generación de nuevas tendencias y piezas de deseo, y los cambios en los gustos del consumidor siempre van a formar parte de la industria, la autenticidad y durabilidad son dos valores con mayor relevancia cada día. “En calzado, esto se traduce en diseños con personalidad que permanecen siempre en nuestro armario como una opción fiable”, continúan desde Lodi. Así, sus colecciones son reducidas, coherentes y con sentido, para durar en el tiempo más allá de las tendencias.
Sostenibilidad que traspasa fronteras
Si nos salimos del panorama nacional, encontramos con infinidad de firmas que abogan por la durabilidad de las prendas. La parisina Ba&sh identifica a sus consumidoras más leales de una forma muy peculiar: “son quienes vuelven pidiendo que reeditemos piezas de hace diez años. Prendas que adoran y que aún se ponen. Ningún algoritmo puede crear ese nivel de cariño hacia una prenda de ropa”, observan. Y continúan: “La mujer que compra una prenda de Ba&sh y la lleva durante años es nuestra mejor embajadora. Diseñar una pieza que no caduca por sí sola en 8 meses es mucho más difícil que seguir una tendencia”.
En este sentido, además, la artesanía juega un papel clave: la durabilidad está en prendas confeccionadas por manos expertas que trabajan con tejidos de calidad y acabados dignos de alta costura. Valores que en firmas como Maksu son innegociables. “Las marcas tenemos la responsabilidad de comunicar mejor qué hay detrás de cada prenda: el trabajo de diseño, la calidad de los materiales, la confección y las decisiones que hacen que una pieza pueda acompañarte durante años. Cuando ayudamos al cliente a entender ese valor, también le ayudamos a elegir mejor”, consideran.
El mejor ejemplo: muchas de las prendas más vendidas de Maksu no han tenido nada que ver con lo que marcaba la tendencia del momento. “Simplemente destacaban por un diseño con personalidad, la calidad de sus tejidos y una confección cuidada”, resumen. Un ejemplo que puede trasladarse a firmas como Sézane. De parisina es inevitable hablar porque se encuentra en boca de todos, precisamente por esa impasividad ante el tiempo: blusas boradadas, jerseys de calidad y unas cazadoras de cuero que cualquier firma de lujo exhibiría en pasarela; además de una marroquinería digna de coleccionista. Ahora, la enseña fundada por Morgane Sézalory renueva su identidad para acercarse aún más a la mujer contemporánea, sin dejar de lado su esencia clásica que no se deja llevar por las tendencias. Otra nueva lección de sostenibilidad.
La transparencia en la cadena de producción es otra de las grandes cualidades que ponen en valor firmas como Ba&sh o Bryan Stepwise: de nada sirve tener la etiqueta del made in Spain si no existe una trazabilidad que pueda demostrar que eso es verdad. Y es que, mas allá de lo que hay detrás del producto en sí mismo, la forma en la que llega al consumidor también es relevante y puede poner en riesgo al medioambiente.
Así lo desarrolla Adrien Cassegrain, Director de RSE y Transformación de Longchamp, que asegura que la casa atiende a las necesidades del público en cuanto a diseño y demanda, pero incide en otros detalles: “La logística y el transporte son dos focos clave. Hemos reducido significativamente los transportes aéreos, en favor de los marítimos, y regionalizado la producción para minimizar las emisiones derivadas del transporte una vez que los productos salen de los talleres”.
Frente a las microtendencias y la sobreproducción en masa, Cassegrain lo tiene claro: “más allá del atractivo estético y el valor simbólico, una pieza atemporal es, sobre todas las cosas, el resultado de técnicas artesanales transmitidas de generación en generación”. Ese es uno de los grandes valores que defienden las firmas de lujo, pero que podemos encontrar en marcas premium con precios mucho más asumibles por la población en general, como las que hemos mencionado a lo largo de este artículo. Seguir las tendencias no es obligatorio, hacer compras conscientes, sí debería serlo.
Paula Peña es experta decoración y una apasionada del diseño de interiores. Siempre está pendiente de las últimas tendencias y le encanta la estética mid-century y californiana, un estilo que su propio algoritmo de Instagram se encarga de reafirmar a diario.
Estudió un doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid e inició su trayectoria profesional escribiendo para Vanity Fair. Allí abordó todo tipo de temas, aunque siempre encontró especial afinidad con aquellos vinculados a la arquitectura, los espacios y el diseño de interiores.
Continuó su trayectoria en Mujerhoy, donde se especializó también en moda y lujo, dos temáticas que tienen mucho más que ver con la decoración y el arte de lo que cualquiera podría imaginar.
Hoy, colabora con medios como Elle, Elle Decor y Nuevo Estilo; y su mirada combina sensibilidad estética y la narrativa. Entiende el diseño de interiores no solo como un ejercicio visual, sino como una extensión de la identidad y el estilo de vida de cada persona.
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