Los hermanos Omrzel toman LaVuelta, del ‘nuevo Pogacar’ al chófer del Bahrain: «Siempre fue mi ídolo»

Por Redacción THE FYMOUS • 31 agosto 2026

En Calar Alto, cuando Jakob Omrzel cruzó la meta y levantó los brazos, su hermano llevaba ya un buen rato esperando. No estaba en la zona de podio ni sujetando una bandera eslovena. Tampoco vestía de ciclista. Aljaž Omrzel estaba junto al autobús del Bahrain Victorious, el mismo que conduce cada día, preparado para recibir al pequeño de la familia después de la victoria más importante de su vida. La escena tiene algo de círculo perfecto. Durante años fue Jakob quien siguió a Aljaž. Le copiaba, quería hacer lo mismo que él, se subió a una bicicleta porque su hermano mayor lo había hecho antes. Ahora es Aljaž quien conduce detrás de Jakob por las carreteras del WorldTour. Uno vuela montaña arriba y el otro espera al final de la jornada con el motor apagado. Es otra de esas historias familiares que inundan el ciclismo.

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Jakob siempre lo ha contado sin demasiados rodeos. “Mi hermano siempre fue mi ídolo”. Antes de Pogacar, antes de Roglic y mucho antes de que alguien empezara a buscarle parecidos con los dos grandes fenómenos que Eslovenia ha producido en los últimos años, su referencia estaba dentro de casa. Aljaž corrió primero. Pasó por Adria Mobil, la cantera de Novo Mesto por la que después transitaría Jakob, fue campeón esloveno júnior de contrarreloj y llegó al profesionalismo antes de dejar relativamente pronto la competición. No abandonó, sin embargo, el ciclismo. Simplemente cambió de asiento. Acabó dentro del Bahrain Victorious como conductor de autobús, aunque reducir su trabajo al volante resulta casi injusto. Él mismo ha explicado que conducir ocupa apenas una pequeña parte de su jornada. Hay que limpiar, preparar comida, llenar neveras, gestionar ropa, poner el autobús a punto, llevar a los corredores a la salida y recogerlos después de meta. El conductor es también cocinero ocasional, encargado, hombre para todo y testigo silencioso de una gran vuelta. Ahora, además, uno de esos pasajeros es su hermano.

Omrzel celebra su triunfo en meta.

Omrzel celebra su triunfo en meta.A.S.O-Cxcling-ANTONIO BAIXAULI

La situación ha provocado bromas dentro del propio equipo. Matej Mohorič habla de una “gran familia feliz”, y en el caso de los Omrzel la frase tiene poco de exageración. Bahrain es para Jakob un equipo y también una prolongación de casa. Allí está su amigo de infancia Žak Eržen, con quien compartió años de formación, buena parte del personal procede del entorno esloveno y croata y, cuando termina la etapa, aparece Aljaž al volante. Lo curioso es que ni siquiera el salto al WorldTour ha modificado del todo la relación entre ambos. Aljaž ha contado que, pese a tratar diariamente con ciclistas profesionales, en Jakob sigue detectando ese respeto casi infantil hacia el hermano mayor. Podrá ganar una etapa de LaVuelta, ponerse entre los mejores de la general o empezar a escuchar comparaciones con Pogacar, pero cuando entra en el autobús vuelve a ser también el pequeño de los Omrzel.

La familia siempre ha vivido el ciclismo así, desde muy cerca. Su padre Uroš acudía con los niños a ver carreras cuando ninguno podía imaginar todavía dónde terminaría todo aquello. Los padres han seguido después a Jakob por las cunetas y en Eslovenia familiares y amigos han llegado a aparecer con maquinaria agrícola para pintar su nombre sobre el asfalto. JAKOB, enorme, escrito en las carreteras que lo vieron crecer. Hay algo muy local en esa historia, casi de pueblo, pese a que ahora transcurra dentro del WorldTour. Novo Mesto, Dolenjska, Adria Mobil, las mismas carreteras de entrenamiento, los mismos amigos. Jakob nació el 21 de marzo de 2006, creció dentro de aquella estructura y fue pasando por las manos de entrenadores como Sandi Papež, Srečko Glivar y Josip Radaković, al que todavía reconoce como uno de los hombres capaces de llevar a un corredor “al siguiente nivel”. Mientras empezaba a convertirse en una de las grandes promesas europeas seguía estudiando ingeniería mecánica. En 2025 podía estar compitiendo por el Giro Next Gen y al mismo tiempo pendiente de terminar sus estudios. Era todavía un estudiante con mochila y, a la vez, uno de los talentos más vigilados del continente.

Todo estuvo a punto de romperse unos meses antes. En septiembre de 2024, durante el Giro della Lunigiana, Jakob chocó contra un señalizador de carrera, sufrió una profunda herida en el cuello, entró en parada cardiaca y tuvo que ser reanimado. Él apenas recuerda lo ocurrido. Su familia sí. Sus padres y Aljaž cargaron con unas imágenes que Jakob, por fortuna, no conserva. Quizá por eso el accidente cambió más a quienes estaban alrededor que al propio corredor. Tres semanas después sólo pensaba en volver a montar. No hablaba de miedo, sino de impaciencia. Quería recuperar la bicicleta. Y ahí aparece uno de los detalles que más valora Mohorič cuando habla de él: Jakob no es uno de esos jóvenes que únicamente disfrutan de competir. Le gusta pedalear. Saldría aunque no hubiese dorsal, contratos ni público. Le gusta mirar el paisaje, recorrer sus carreteras y pasar horas sobre la bici. El ciclismo como profesión llegó después; antes estuvo el placer de montar.

Lo que siguió parece escrito para un documental. En 2025 ganó el Giro Next Gen, conquistó el campeonato absoluto de Eslovenia y terminó cuarto en el Tour de Eslovenia. En 2026 saltó al WorldTour y llegó a su primera LaVuelta con 20 años, apenas 62 kilos repartidos en 1,85 metros y una pregunta que Eslovenia dispara cada vez que aparece un talento nuevo: si estamos ante otro Pogacar. Jakob huye de esa comparación. “Tadej es Tadej. Yo soy Jakob”. Dice que compararse con él es absurdo, que Pogacar pertenece a otra categoría, aunque reconoce que le atrae su forma de correr. Jakob quiere subir, pero también moverse en el llano, disputar adoquines y estar donde pasan cosas. Ganó la París-Roubaix júnior en 2024. No quiere ser sólo un escalador.

Mirando al futuro

Calar Alto ha terminado de enseñarlo al mundo. Se metió en la escapada, atacó varias veces, insistió cuando no salía y finalmente consiguió marcharse en la subida final. Entró solo en meta, con casi dos minutos sobre Urko Berrade, ganó su primera etapa en una gran vuelta y saltó hasta el sexto puesto de la general. Después decía que todavía no terminaba de creérselo y que se sentía sorprendentemente fresco. En casa lo llaman Raketa, el cohete. Quizá no haya un apodo mejor.

Luego llegó el protocolo, las felicitaciones y esa sensación extraña de estar viviendo demasiado deprisa. Y, al final de todo, volvió la escena más sencilla. Jakob bajó de la bicicleta y buscó el autobús. Allí estaba Aljaž. Durante años Jakob pedaleó detrás de su hermano. Ahora es su hermano quien conduce detrás de Jakob.


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