Salud mental adolescente: 6 de cada 10 estudiantes secundarios dicen sentir tristeza o dificultades para disfrutar


Seis de cada diez estudiantes secundarios de Argentina manifiestan haber experimentado tristeza o dificultades para disfrutar de manera sostenida. Alrededor de la mitad también reporta problemas de concentración, nerviosismo o ansiedad y sentimientos persistentes de soledad.
Los datos surgen del primer informe del Observatorio de Convivencia, Conflictividades y Violencias en Entornos Escolares de la Fundación La Salle Argentina, presentado en vísperas del Día Mundial y Nacional de la Salud Mental, que se conmemora el 10 de octubre. El estudio analiza información producida por el operativo Aprender.
El 60,6% de los estudiantes secundarios reportó tristeza o dificultades para disfrutar de manera sostenida durante los últimos tres meses, según muestra el informe. El 54,7% señaló dificultades para concentrarse, el 48,7% manifestó nerviosismo o ansiedad y el 46,6% dijo experimentar sentimientos persistentes de soledad.
“Son datos que alertan, que preocupan y que nos interpelan para tomar acciones que favorezcan la detección precoz y el abordaje de las condiciones individuales o del entorno socioafectivo que pueden propiciar esa situación”, señaló Patricia Marchitto, directora ejecutiva de Fundación La Salle Argentina.

El informe se elaboró a partir del procesamiento de microdatos del operativo Aprender correspondientes al período 2021-2024, con información de estudiantes y directivos de primaria y secundaria. En el caso del nivel secundario, se analizaron los relevamientos de 2022 y 2024, aunque las preguntas específicas sobre malestar emocional fueron incorporadas recién en 2024.
El documento describe los resultados como un cuadro de “alta vulnerabilidad psicoemocional”. A la vez, aclara que estos indicadores conviven con vínculos mayoritariamente positivos de los adolescentes con docentes y compañeros. Para los autores, eso sugiere que el malestar detectado no puede explicarse únicamente por las relaciones dentro de la escuela, sino que incluye también una dimensión subjetiva más amplia.
Los porcentajes surgen de las respuestas de los estudiantes a preguntas sobre su bienestar y sus experiencias emocionales (no expresan la prevalencia de trastornos específicos de salud mental).
Para Ana Campelo, coordinadora del Observatorio, los resultados muestran “un estudiantado secundario con elevados niveles de malestar psicoemocional”. El informe plantea además que ese escenario puede funcionar como correlato y como factor de riesgo de las situaciones de conflictividad escolar.

El informe del Observatorio de la Fundación La Salle pone el foco en la capacidad de las instituciones educativas para generar espacios sostenidos de escucha y acompañamiento, aunque advierte que la respuesta no puede recaer exclusivamente sobre las escuelas.
“La pregunta es qué condiciones puede construir la escuela para que cada estudiante pueda ser escuchado y acompañado. Qué espacios preventivos y sostenidos hay en la escucha, la contención y la participación que se puede generar. Mirar, escuchar, alojar, acompañar. Son verbos sencillos, pero piden tiempo, adultos disponibles, formación y una comunidad que los sostenga”, afirmó Silvia Vaisman, coordinadora del Proyecto Escuelas Promotoras de la Fundación La Salle.
Vaisman remarcó que la intervención debe exceder los límites de la institución educativa: “Nada de lo que pueda hacerse alcanza si la escuela lo hace sola”. Según explicó, el acompañamiento requiere articulación entre las familias, las organizaciones barriales, los servicios de salud, las escuelas y los programas específicos de prevención.
Otro dato que el informe señala entre los más preocupantes es la participación adolescente en apuestas online. En 2024, el 20,4% de los estudiantes secundarios declaró participar en juegos de apuestas por Internet. La proporción ascendía al 31% entre los varones, frente al 11% entre las mujeres.
Los investigadores consideran que la posible intersección entre las apuestas, el malestar emocional y las dinámicas de los entornos digitales constituye una agenda que requiere investigación y políticas de intervención que involucren a distintos sectores.
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