Todas las parejas que se quieren se darían la vida, pero son incapaces de dar la razón al otro

Todas las parejas que se quieren se darían la vida, pero son incapaces de dar la razón al otro en el momento apropiado.
Vuelve septiembre, vuelven los agotados realities. Límites del espectro humano, naturaleza hormonal en estado puro, todos los derechos y ningún deber («yo es que soy así», «esta es mi verdad»). Enamoramientos, gente en mallas, tabaco a escondidas, café con leche, pestañas postizas medio despegadas y almohadas con rímel, poliéster, maqueo con objetos de disfraz de la tienda de cien.
A propósito del estreno de ‘La Isla de las Tentaciones’ me viene a la cabeza aquello que dijo una vieja duquesa: los jóvenes hacen el amor como desatascadores.
De los diarios de Miguel Torga (1907-1995), un médico que siempre quiso ser escritor: «Empecé mal y tarde. Cuando otros partían del saber, yo partí del sufrimiento. Ninguna puerta se me abrió sin que tuviera que echarla abajo. Luché contra mí mismo. Tuve una infancia rodada, como una pelota a merced de los puntapiés del mundo. En cuanto a Salazar, se me ocurre pensar que un tirano es lo mismo que el agricultor que planta un árbol seco y se obstina en creer que va a dar ramas».
En todo aquello que nos atrae se equilibra lo bueno y lo verdadero. Uno no se enamora de una mirada culta si no tiene detrás un corazón educado y amable.
Susan Suleiman: «Las madres no escriben, están escritas».
En el avión soy la única menor de sesenta años que se persigna antes de despegar.
Lo que el 15.º Duque de Norfolk respondió a su familia cuando le dijeron que dónde iba con esa ropa gastada y cómoda, que para pasear por el pueblo ya era inadecuada, pero para la capital ni hablar. «¿Por qué no? En Londres no me conoce nadie, y aquí ya me conocen todos».
Un vestigio lingüístico que me encanta: hablar de usted a los padres. Durante la posguerra y el franquismo, el tuteo a un padre se consideraba una falta grave de educación y disciplina. El éxodo rural, la apertura social y la democratización de las relaciones familiares imponen el tuteo de forma masiva. En Canarias y la Andalucía occidental se mantiene el histórico ‘ustedes’ en lugar de vosotros («¿Ustedes vais a salir?»).
Christian Bobin: «En el jarrón, los tulipanes tienen una manera radiante de mostrarse indefensos». También de Bobin: «Los bebés son los grandes sabios. Un bebé es una estaca de poesía clavada en la cuna».
Para los de Barcelona: All Those abre un nuevo espacio en la Fábrica Lehman, en la céntrica Consell de Cent, y se inaugura este septiembre con cursos gastronómicos en grupos reducidos: vinos naturales, pan artesano, fermentación natural, cocina de aprovechamiento… El sello riguroso de All Those garantiza que en estas clases se toma en serio a la naturaleza y sus recursos, así que podemos estar tranquilos; de tutores no encontraremos (como sí ocurre en otros talleres de esta ciudad mía tan moderna) a fantasmones guiados por un excel de beneficios o un hype monín. Aquí solo hay chicha buena.
Jorge de Cascante: «Los perros caminando dignos por la calle son heroicos y cómicos a la vez».
Las familias ricas tienen una capacidad de inventar conceptos similar a las de un periodista de tendencias presionado por su jefe. Ahora están contratando como locos ‘house doulas’, cuidadores/as que se encargan de facilitar la vida a sus habitantes. Están a medio camino entre asistente, jefe de producción y niñera. Algunas de las tareas de estos arquitectos del bienestar doméstico: auditoría sensorial (niveles de ruido, luz y temperatura), floricultura (plantas y arreglos florales no alérgenos para purificar el aire), compras hiperespecializadas, cocina de recuperación e hidratación (para deporte y malestares), gestión de la privacidad digital (qué compartir y qué no), límites sociales de invitados (reglas de higiene y tiempos de estancia), instrucción del personal doméstico y proveedores. Y también: arreglo de armarios y maletas, organización de historial médico, ejercicios de respiración muscular y masajes, registro de agradecimientos (listar personas a las que los dueños de la casa deben notas personales), asignación de zonas restringidas para los hijos (zonas de descanso de los padres), administración de la pausa profesional (intercepción de llamadas y mensajes durante el tiempo fuera del trabajo), acompañamiento en salidas de imagen pública. La lista sigue. Yo lo resumiría en una palabra: mimar. ¿Son útiles estas ‘house doulas’? Sin duda. ¿Pueden convertirte en alguien neurótico, delirante y surrealista? Creo que sí.
Marta D. Riezu es periodista especializada en comunicación de moda y ha publicado dos libros: Agua y jabón (Terranova, 2021) y La moda justa (Anagrama, 2021).
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