tours embarcados y experiencias increíbles en Cancún y la Riviera Maya

A un costado de la pileta de borde infinito del hotel en el Caribe, con el mar de frente, alguien dispone una mesa con botellas, unos vasos shot de tequila y una bandeja con limones y sal. La cata explica paso a paso la fermentación, el destilado y las diferencias entre el blanco, el reposado y el añejo. Cuenta que hay más de 200 tipos de agave y las diferencias entre un tequila y un mezcal.
El guía termina la explicación de la cata con un brindis porque el día espléndido pide sol y playa. Todos hacemos caras extrañas cuando nos invade la sensación alcohólica en la boca, y al rato, todos nos vamos a la playa o la pileta.
La escena del tequila es apenas un botón de muestra en un viaje por Cancún y la Riviera Maya, una franja costera de más de 120 kilómetros en el sureste de la península de Yucatán, estado de Quintana Roo.
Recorrer este universo de playas, cenotes, ruinas arqueológicas y arrecifes de coral parece inabarcable.
Acá van entonces algunas postales y excursiones posibles de un viaje para disfrutar de este paraíso mexicano.
Un día de cenotes en Akumal
Los cenotes de la península de Yucatán. Foto Mayan AdventureEl tour comienza temprano. La combi pasa por los hoteles en dirección al pueblo costero de Akumal. El plan es pasar el día recorriendo una pequeña parte -ínfima quizá, pero representativa- de esa vasta y compleja red de ríos subterráneos que tiene la zona.
“Vamos a conocer tres ecosistemas diferentes en un día”, dice el guía Aldo. La primera parada, a sólo 3 km de la playa de Akumal, es en Yal-Kú, una laguna natural alimentada por agua subterránea de cenotes y ríos subterráneos, que se mezcla con el agua del Caribe.
Después de una pequeña charla introductoria, el plan es simplemente lanzarse para flotar y hacer snorkel tranquilo en las aguas turquesas. En las primeras brazadas, con la máscara puesta, sorprende la textura sedosa del agua, una suerte de “aceite” por la mezcla mineral y la vegetación acuática.
“Es que acá la densidad del agua es distinta a la del Caribe abierto. Por eso también la van a sentir por momentos más fría y en otras partes cálidas como en la playa”, apunta el guía sobre esas diferencias de temperatura y densidad. Después, en un descanso, se siente suavemente un picoteo de los restos de piel muerta en los pies. Spa de pies gratuito cortesía de los peces.
La segunda parada es en el cenote abierto Pakal Nah, una enorme pileta natural en medio de la selva. Acá el agua es muy clara, dulce y fresca, y el plan se vuelve más aventurero para quien se anime. Además del snorkel, hay una plataforma de cuatro metros para saltar y una tirolesa para tirarse a ese gran pozo de agua. Por momentos, somos todos niños saltando, gritando y, algunos, animándose a las alturas pese a los miedos.
Vista aérea de las playas del Caribe mexicano. Foto Palladium Hotel GroupEl tramo final del tour es quizá el que más llama la atención: una cueva inundada de agua dulce y transparente. Las indicaciones son precisas: no tocar las estalactitas ni las estalagmitas que cuelgan del techo y crecen desde el suelo. El ambiente es silencioso, con una luz tenue que entra filtrada por el goteo de miles de años a través de la roca caliza.
El nado es más suave, más lento. Se detiene en un cangrejo, en esas columnas -verdaderas raíces atravesando el techo- y en las paredes calcáreas erosionadas por el tiempo. “Para los mayas, estos espacios subterráneos estaban vinculados al inframundo, el Xibalbá, y tenían un carácter sagrado”, agrega el guía.
Speed boat en Costa Mujeres
A solo 15 km de Cancún, Costa Mujeres ofrece una cara más tranquila del Caribe mexicano, con playas amplias y menos movimiento que la concurrida zona hotelera cancunense.
Desde Marina Punta Cocos parte Jungle Safari Cancún, una excursión que combina el manejo de lanchas rápidas biplaza por parte de los turistas con un nado tranquilo en las aguas de Isla Blanca. La explicación es simple:palanca hacia adelante para avanzar, al centro para frenar y hacia atrás para retroceder. Fácil (al menos eso parece). Vamos dos por lancha y para que no haya peleas, uno maneja a la ida y el otro al regreso.
Speedboat hacia Costa Mujeres, en México. Foto Jungle Safari CancúnEl inicio es lento, a través de un manglar espeso y en dirección a la Laguna Chacmuchuc, en la zona de Costa Mujeres. Una vez en la laguna, comenzamos a hacer lo que los guías llaman “acrobacias”. No es otra cosa que acelerar, frenar y andar en círculos. Por suerte, la que no tuvimos que usar: brazos cruzados delante de la cara para pedir ayuda.
Después de unos 20 minutos de navegación, llegamos a Isla Blanca, una zona de playas casi vírgenes que quizá represente la imagen más icónica que uno tiene del Caribe. Dejamos las lanchas a un costado, recorremos la isla con ánimo explorador y, por supuesto, nos metemos en un mar al que sería injusto encontrarle algún defecto: turquesa, transparente, con poca profundidad en varios sectores y una arena blanca y fina. Sin grandes hoteles ni edificios frente al agua.
En los sectores más bajos aparece el cuerpo ancho y plano de una raya. Todos nos quedamos maravillados con ese desplazamiento elegante y con la arena que levanta cuando pasa.
Navegación y tortugas marinas en Puerto Morelos
La combi avanza hacia Puerto Morelos, que pese al desarrollo turístico todavía conserva el aire de un antiguo pueblo de pescadores del Caribe mexicano. Desde Marina El Cid parten excursiones de snorkel, paseos en catamarán y salidas de pesca deportiva.
La piscina infinita del hotel TRS Yucatan. Foto Palladium Hotel GroupAllí también comienza Puerto Morelos Luxury Sailing, un recorrido de cuatro horas que incluye snorkel sobre un arrecife coralino frente a Punta Maroma.
El guía reparte tragos mientras pregunta quién quiere hacer snorkel y quién prefiere quedarse arriba del catamarán disfrutando del sol y del paisaje. Después de una hora de trayecto, llegamos al arrecife. Máscaras para cada uno, patas de rana y al agua en búsqueda de otras especies.
Con un salvadidas rojo en el hombro, los guías van señalando. Y uno se queda mudo ante la elegancia azulada del pez cirujano; el crujido del pez loro mordiendo un coral y todos locos de contentos cuando vemos una tortuga a la que le seguimos el trayecto. Después seguimos viaje hacia la costa de Punta Maroma. Saltamos desde la lancha, nadamos y algunos intentamos hacer equilibrio sobre el paddle surf.
La tabla flota como si fuera estable, pero en realidad está viva; se mueve con cada variación del cuerpo, con el agua que se mueve abajo, con el viento que empuja sin aviso. El equilibrio no es una postura fija, sino una negociación constante. El cuerpo deja de buscar firmeza y empieza a acompañar el movimiento. Eso que algunos llaman “el aquí y ahora” acá no es una idea sino carne viva.
Sabores regionales en la selva de Tulum. Foto ARCA TulumEl viaje puede continuar en Isla Mujeres con la visita a la Hacienda Mundaca, donde vivió el pirata que, según la leyenda, se enamoró perdidamente de una mujer local conocida como “La Trigueña”. O seguir con una cata de chocolates, dulces y vinos mexicanos en el hotel TRS Riviera Maya, entre Playa del Carmen y Tulum.
Como broche de oro, una cena de pasos en el premiado restaurante Arca, en plena selva de Tulum, donde la cocina se deja guiar por el fuego, la estacionalidad y los sabores del entorno.
Al final del día quedará el recuerdo del pelo al viento arriba de una lancha rápida, el primer shot de tequila y el chapuzón bautismal en ese mar de turquesa imposible. Y ese conjunto de sol, sal y mar que no termina de irse, incluso cuando ya estamos de regreso en casa.
MINIGUÍA
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