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Moda y belleza

Entrevista a Nerea Pérez de las Heras, autora de ‘Fantasma’

corp@blsindustriaytecnologia.comBy corp@blsindustriaytecnologia.comseptiembre 5, 2026No hay comentarios12 minutos de lectura

Menorca te puede esperar de muchas maneras. De forma tranquila entre sus aguas cristalinas, angustiosamente abarrotada, con menús en alemán aunque procedas de Murcia, con sabor a caldereta de langosta… A Nerea Pérez de las Heras, en el verano de 2023, la isla la recibió «con las fauces abiertas» cuando, a finales de julio, sufrió un accidente con la hélice de un barco.

La noticia se extendió entre las redacciones de todos los medios, donde quienes conocemos a la periodista y copresentadora de los podcasts Saldremos mejores y Lo Normal no supimos lo que realmente había sucedido hasta que ella misma subió a sus redes un texto con una imagen en la que posaba sonriente desde la cama del hospital con quien ahora es su mujer, Ana Garriga, creadora, junto a Carmen Urbita, del popular podcast Las hijas de Felipe.

“Tres cirugías de urgencia y un bypass fallido después, me amputaron parte de la pierna derecha”, explicaba. “Salgo de esta aullando que viva la sanidad pública, que viva la vida, que viva mi novia espartana, valkiria de hospital, mis hermanos y hermanas, que bendito mi instinto de supervivencia de cucaracha indestructible, que bendita mi suerte por tener una red que esta vez no está a mi alrededor sino justo debajo de mí, floreciendo, brillando, sosteniendo mi cuerpo machacado. Que pies para que os quiero si tengo alas para volar”.

Como indica la también escritora Mar García Puig, lo “fácil” habría sido que Fantasma (Alfaguara, 2026) fuera un libro de superación, pero Nerea nos regala una oda a la sanidad pública, a los cuidados, a la familia, a las amigas (que también son familia, por supuesto) y cómo no, al feminismo. Un feminismo aderezado con humor.

'Fantasma'

¿Cómo te ha ayudado el feminismo a quererte después de lo ocurrido?

Pensaba que el feminismo era una especie de torre de control desde la que lo veo todo política y socialmente, pero no había comprobado que también es una manera de protegerte emocional e intelectualmente. El feminismo te fortalece el criterio y la autoestima. Gracias a mi familia, siempre he tenido una buena relación con mi cuerpo, pero este cambio es fuerte. En ningún momento me vi monstruosa: sencillamente me vi superviviente. Y eso nos lo ha enseñado el feminismo: que nuestro cuerpo es mucho más que una cosa que responde a unos cánones.

¿Recuerdas la primera vez que ya te miraste al espejo de nuevo y dijiste, ‘qué sexy y qué guapa soy y estoy’?

Me vi guapa la primera vez que me miré al espejo, que fue cuando me subieron a planta. Iba con la bata del hospital, sentada en una silla de ruedas y con el pelo sucio. Pero claro, ¡llevaba una semana en la Buchinger, a base de líquidos, sin contaminación, sin tóxicos y sin beberme una cerveza! Tuve un pensamiento intrusivo: ¡qué piel! Fue uno de esos momentos extraños en los que te olvidas de dónde estás y te ves mona, pero luego ya recopilas y dices: ‘ Ah, claro, es por el suero, porque llevo una semana con morfina y he dormido bastantes horas’. Después recuerdas que si has dormido tanto es por el fentanilo.

nerea pérez de las heras.

Europa Press Entertainment//Getty Images

Nerea Pérez de las Heras.

Pero a lo que tú llamas pelo sucio, con semejante melenón, nosotras lo llamamos ‘moldado de ensueño’…

No está en su mejor momento porque he pasado por muchísimo estrés. A lo largo del proceso del libro he mantenido todos mis trabajos, porque soy autónoma y no trabajo por gusto. Yo no me hago la misteriosa: necesito trabajar. Cuando por fin estuve relajada, se me empezó a caer el pelo. ¡Pero ya he vuelto a ser un jabalí!

Cuando se va una parte de ti, ¿qué cambia en la Nerea que se queda?

No creo mucho en el relato de las versiones de una misma. Creo que todo el rato estamos incorporando fragilidades y agujeros. Tampoco creo en el relato de lo que no te mata te hace más fuerte. Lo que no te mata muchas veces te hace más cutre, más mezquina y más miedosa.

En general, no creo en relatos de mejora personal, porque mejoras por un lado y empeoras por otro. Todo eso hay que mirarlo con más honestidad. Ahora me componen muchas ausencias y muchas pérdidas, como a todo el mundo. Nos vamos construyendo con cachitos dañados y con cachitos alegres. El relato de ‘la mejor versión de ti mismo’ nos tiene en una carrera imposible en la que se aspira a una especie de versión definitiva que en realidad, ni existe y ni va a llegar.

«A veces hace falta no ser graciosa, sino mirar a las cosas de frente, llorar un rato y ser un aburrimiento»

Un momento hilarante es cuando tu mujer te dice: “Has estado a punto de morir en el sitio más heterosexual de España”.

Con el humor hay que tener cuidado, porque a medida que vas creciendo, te vas dando cuenta de que es un mecanismo de defensa. A veces hace falta no ser graciosa, sino mirar a las cosas de frente, llorar un rato y ser un aburrimiento. Hay que abrazar que hay momentos en los que no puedes estar simpática. Todos esos momentos de humor aparecieron desde un principio como inercia natural por un lado y como mecanismo de defensa por otro. Y por eso, hay que tenerlos vigilados. Tengo muchísimo cuidado con caricaturizarme porque a lo mejor hay una chavala de diez años amputada que me está viendo y por ello, estoy siempre con ella en la cabeza.

“Se había olvidado muy pronto de que las heridas están pegadas a las personas”, dices de una doctora. La situación de los sanitarios es extenuante y precaria pero, ¿crees que en muchas ocasiones algunos pecan de falta de empatía?

Nos hemos zampado el discurso de que los sanitarios se tienen que poner una coraza porque si empatizaran con la persona que tratan, se derrumbarían. Pero, ¿por qué no pensamos en las enfermeras? Ellas no tuvieron ningún fallo de empatía. Esa coraza que justificamos en cierta parte de la profesión médica no la vemos en otra parte de la misma. Las enfermeras sí tuvieron en cuenta en todo momento que yo estaba escuchando y por eso, tenían bastante cuidado con lo que decían, supongo que porque tienen más costumbre de tratar con las pacientes durante más tiempo. Defiendo mucho la sanidad pública y por lo tanto, que la gente que la trabaja son trabajadores y trabajadoras normales, pero no hay que mitificarlos. Y parte de no mitificarlos es poder decir que aunque algunos harán su trabajo muy bien, en el trato con las personas son una mierda. Esa ha sido mi experiencia.

En un momento especialmente sanguinolento cambias la forma de narrar y adoptas una óptica cinematográfica. ¿Lo viviste así en el momento, para de alguna manera, verlo desde fuera y protegerte?

Justo en ese momento que mencionas, me parecía que era demasiado emplear la primera persona, porque iba a expulsar a quien estaba leyendo y decidí ponerme a su lado para que estuviéramos ahí las dos viendo lo que estaba sucediendo en mi cuerpo. En ese momento, lo viví así. Aunque me dolía todo el tiempo, lo vivía con distancia, porque supongo que la cabeza te protege. Lo he intentado relatar como una película porque realmente lo viví como espectadora. La disociación natural me ha ayudado a hacer un truco narrativo que funcionaba.

nerea pérez de las heras.

Aldara Zarraoa//Getty Images

Nerea Pérez de las Heras.

Otro asunto peliagudo es que las personas con discapacidad tengáis que fingir no tener miedo para que el resto no lo tenga…

Se habla muy poquito de que los dependientes también hacen una parte de los cuidados. Los dependientes cuidan a sus cuidadores de una forma bastante camuflada al fingir que les duele menos de lo que les duele, al tener un buen humor que no les apetece, resultando comunicativas cuando no tienen ganas… Hay ciertos trucos e imposturas que están relacionados con la culpabilidad que muchas veces sentimos la gente discapacitada, los enfermos crónicas, la gente dependiente o vieja. Deberíamos estar un poco más en contacto con las voces de la gente que necesita más cuidados de lo normal.

“Nos confundimos en un plural superviviente”, escribes. En realidad el libro es también una carta de amor.

Me di cuenta de todo el amor que sentía y que me rodeaba y he querido reflejarlo en el libro. Conocí una versión de mis amigas, de mi mujer y de mi familia que no había visto. Las vi muy fuertes y me gustaron mucho en esta situación me gustaron mucho, sobre todo Ana. Me enamoré de ella muchísimo más porque yo no había conocido a esta mujer tan heavy y no habría tenido la oportunidad de conocerla si no nos hubiera pasado esto, me la habría perdido.

¿Cómo te enfrentas a las miradas de curiosidad o a las de lástima?

Me gusta mucho presumir de la prótesis: molesta tanto como parece que molesta, pero estéticamente me parece un 10. A mí no me cala la mirada de desagrado y no soy permeable a esa mirada de desagrado porque yo me veo ideal. Es un poco como las Gen Zetas con las cejas afeitadas: ‘Sé que a ti no te gusta pero yo me veo espectacular’. Me jode la mirada tan atenta sobre la discapacidad desde el foco equivocado. El foco está en el cuerpo discapacitado pero no está en todo lo que le hace la vida difícil, que es la burocracia, la sanidad pública saturada, los bordillos, el transporte público, la escasez de servicios para atender la dependencia… Déjate mirarnos a nosotras como pobres desgraciaditas o con el discurso de ‘qué admiración te tengo’ o ‘qué pena me das’.

«El estado de bienestar es que mires a tu alrededor y veas a la gente pudiendo vivir»

¿Cómo crees que podemos hacer que las ciudades no estén adaptadas solo para unos pocos? Porque cuando hablas del ‘creep time’, pienso también por ejemplo en la gente mayor, que se enfrenta a una ciudad hostil.

No debemos mirar la ciudad por si acaso en algún momento nos va a tocar. A ti te tocará porque eres diabética, tú también vas a envejecer, te va a tocar mover el carrito de tu amiga… Y aunque no te toque, es como cuando en el feminismo decimos ‘tienes una madre y una hermana’. Aunque no las tengas, socialmente esto es lo que está bien y punto. Y lo que está bien es que el mayor número de gente viva de la manera más cómoda posible. Ese es el centro del estado de bienestar: tener recursos para que el mayor número de gente viva de la manera más digna y cómoda posible. Hay que volcarse en mantener el estado de bienestar. La civilización no es que tú tengas la oportunidad de tener un chalet: el estado de bienestar es que mires a tu alrededor y veas a la gente pudiendo vivir.

Háblanos del símil entre las divas y los “tullidos”, como dices en un momento del libro.

Esto salió en la conversación con Costa, cuando salió el ‘creep time’ que ella ha abrazado desde la identidad diva. Porque el ‘creep time’ es también el tiempo de las divas. A ti te empiezan a llamar diva cuando además de artista, tardas demasiado o necesitas un séquito. ¿Por qué hemos naturalizado y glamourizado la asistencia en algunos contextos y en otros, nos da muchísimo repelús? Esa distorsión rara me hacía gracia.

Ídolo awards 2025

Juan Naharro Gimenez//Getty Images

¿Crees que la discapacidad te impulsa de forma casi inmediata de la feminidad?

No debería ser así, pero sí. La feminidad tradicional es un marco estrechísimo que no lo cumplen ni las tradwives. Básicamente porque están forradas y tienen fondos de inversión. O ampliamos ese margen o directamente lo rechazamos y vivimos al margen. La discapacidad te expulsa de los roles tradicionales de género, pero si ponemos una lupa en ellos, es fácil darse cuenta de que poca gente vive dentro de sus márgenes.

¿Por qué a las mujeres sáficas nos gusta tanto una buena prótesis, una buena bomba de insulina…?

Tenemos el ojo más entrenado para disfrutar de la belleza de lo extraño. No solamente el feminismo me ha pertrechado para enfrentar esto, sino ser lesbiana y rodearme de lesbianas y bisexuales. Ese es el mejor contexto para un montón de cosas: para que te vean guapa, para que te cuiden, para que se organicen entre ellas. No he hablado de ello, pero había un grupo de WhatsApp con Excel para cuidarme los gatos, hacerme los papeles de la baja, llevarme cosas y hacer rondas de visitas. ¿Cómo no voy a estar alucinada y agradecida?

Cuando dices «el destino vino a reclamar su prenda en el mar», ¿de verdad crees que te iba demasiado bien y ‘el destino’ dijo: «hay que quitarle algo»?

Me apetecía en un capítulo jugar al pensamiento mágico del karma, a la casuística a la que juegas cuando eres pequeña para rendirme a ella y explorarla. Hay muchas partes del libro que no son un ‘statement’, sino cosas en las que divertía recrearme y poder masajear. Y claro, llegó esta idea del pensamiento mágico. Tienes una mujer estupenda, un trabajo fantástico, te ha salido bien lo tuyo y tienes unas colegas increíbles… ¡Te va a tocar algo malo para equilibrar! Aunque es una estupidez, una cosa mística y chorra, narrativamente me ha funcionado.

Headshot of Marita Alonso

Marita Alonso es experta en cultura pop y estilo de vida. Escribe acerca de fenómenos culturales desde una mirada feminista en la que la reflexión está siempre presente. No tiene miedo de darle una pincelada de humor a las tendencias que nos rodean e intenta que el lector ría y reflexione a partes iguales. Cuando escribe sobre relaciones, su objetivo es que la toxicidad desaparezca y que las parejas sean tan saludables como las recetas que intenta cocinar… Con dramáticos resultados, claro. Los fogones no son lo suyo.

Ha publicado dos libros («Antimanual de autodestrucción amorosa» y «Si echas de menos el principio, vuelve a empezar») y colabora en diversos medios y programas de radio y televisión luchando por ver las cosas siempre de una manera diferente. Cree que la normalidad está sobrevalorada y por eso no teme buscar reacciones de sorpresa/shock mediante sus textos y/o declaraciones.

Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense, imparte master classes de cultura pop, estilo de vida y moda en diversas universidades. En Cosmopolitan, analiza tendencias, noticias y fenómenos desde un prisma empoderador.


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