«Madrid es una ciudad pujante, dinámica, acogedora y próspera, una ciudad referente en el mundo». José Luis Martínez-Almeida se pronunció en estos términos durante el debate sobre el Estado de la Ciudad de 2026, la habitual sesión de fin de curso que celebran casi todos los ayuntamientos antes de las vacaciones de verano. El popular situó la capital como una suerte de faro para el resto del planeta. Lo hizo sin reparar en las deficiencias de los servicios de limpieza o guarderías públicas que denuncian sistemáticamente los vecinos, ignorando la existencia de un mercado de la vivienda enloquecido y las protestas por el ruido o los problemas de movilidad que generan los macroeventos que vienen promoviendo desde hace meses el Consistorio y la Comunidad.
Almeida, sin embargo, tiene razón en una cosa: Madrid es -prácticamente- una excepción en el mapa europeo, un feudo en el que las derechas apenas han soltado el bastón de mando durante el último medio siglo. La ciudad sí puede definirse -por tanto- como una «referencia», al menos, para las fuerzas conservadoras de Londres, París o Roma, unas fuerzas que no terminan de consolidarse pese a la ola reaccionaria que recorre Occidente, unas fuerzas que son -sistemáticamente- derrotadas en las urnas por partidos de izquierdas y con políticas verdes o contra la gentrificación. El contraste es llamativo. Las recetas son radicalmente opuestas. Londres, París o Roma impulsan medidas progresistas y en defensa de los servicios públicos. ¿El resultado? Los alcaldes y alcaldesas salen reelegidos, tienen el respaldo de la ciudadanía. Madrid camina en la dirección contraria, pero -sorprendentemente- la estrategia también funciona. Los populares encadenan victorias a golpe de mayoría absoluta. ¿Cuáles son las singularidades de Madrid? ¿Qué factores explican esta rareza?
«A diferencia de otras capitales donde las clases medias urbanas han impulsado agendas verdes y postmaterialistas, Madrid presenta una sociología y un modelo socioeconómico un tanto particulares desde los años 90. La derecha ha consolidado una amplia y transversal base electoral ligada a las clases medias, la propiedad y la baja fiscalidad», desliza Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa (Tirant). «A ello se suma una exitosa hegemonía cultural: el conservadurismo madrileño ha sabido disputar la batalla del estilo de vida, convirtiendo la libertad de consumo, la hostelería o la desregulación en señas de identidad colectivas frente al intervencionismo público», continúa la también profesora. Esto hace que, mientras las grandes urbes se asocian a consensos progresistas y ecologistas en casi todo el continente, la capital española funcione como el «gran laboratorio del liberalismo», una suerte de escuela para la derecha radicalizada.
El otro elemento que explica -en parte- la excepción madrileña está en la confrontación con Catalunya, tal y como sugieren los expertos consultados por Público. «La identidad madrileña se ha ido configurando cada vez más en torno a una oposición fuerte contra la identidad catalana. Madrid se presenta como la salvaguarda de la españolidad y esto no colisiona con la identidad de la España Vaciada, como sí ocurre en otros países como Francia o Reino Unido», recalca Guillermo Fernández Vázquez, sociólogo y profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid. «Lo que ocurre aquí no es un accidente sino el resultado de una confluencia de factores culturales, sociológicos y políticos que distinguen Madrid de París, Roma o Londres. La derecha ha logrado articular un discurso de éxito económico y gestión que resuena profundamente en una parte muy amplia del electorado, presentándose como la única garantía de prosperidad», defiende María José Vicente, socióloga y profesora de Ciencia Política en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Madrid y el contraste con el mapa europeo
José Luis Martínez-Almeida revalidó la alcaldía con una mayoría absoluta tras las elecciones municipales de 2023. Los tres únicos regidores progresistas que tuvo la capital en los últimos 50 años fueron Enrique Tierno Galván, Juan Barranco y Manuela Carmena. Los tres suman un total de 14 años con el Consistorio en manos del PSOE o de Más Madrid. La excepción madrileña no encuentra parangón en casi ningún país de la Unión Europea. «Carmena fue la última alcaldesa de izquierdas y por un paréntesis de cuatro años. Las aguas enseguida volvieron a su cauce. Los partidos progresistas solo consiguieron romper la hegemonía de las derechas durante una legislatura y esto no ha ocurrido en otras capitales del continente», señala Guillermo Fernández Vázquez.
Sadiq Khan gobierna Londres desde 2016, tras ser reelegido en 2020 y 2024, superando en más de diez puntos a los conservadores. Los laboristas gobernaron la capital británica en cinco ocasiones durante las dos últimas décadas, frente a los dos mandatos que tuvo el partido de centroderecha. Khan tiene en su currículum el hito de haber creado la zona de bajas emisiones más grande de todo el mundo. El Ayuntamiento de Madrid, mientras tanto, trabajaba para ampliar de forma indefinida la moratoria que permite circular y aparcar por toda la ciudad a los vehículos más contaminantes de los residentes, los que no tienen etiqueta ambiental o tipo A.
El recorrido no termina en Londres. Los socialistas llevan 25 años gobernando París. Emmanuel Grégoire salió elegido alcalde en marzo de 2026 con el 50,52% de los votos. Anne Hidalgo fue su predecesora, destacando sobre todo por sus políticas urbanísticas verdes y por fomentar el uso de la bicicleta. Las derechas no han vuelto a tocar poder en la ciudad de los Campos Elíseos desde 2001. En Roma, las últimas municipales las ganó la centroizquierda de Roberto Gualtieri. El regidor tomó el relevo en la Alcaldía de Virginia Raggi, anticapitalista del Movimento 5 Stelle. Gualtieri ha liderado -junto a otros regidores- la creación de una red de ciudades progresistas europeas para presionar en las instituciones comunitarias y garantizar el acceso a la vivienda de la población o regular los alquileres turísticos de corta duración. Almeida, paralelamente, ha diseñado un plan urbanístico que permite edificios enteros de pisos turísticos en el centro de la ciudad, tal y como denunció en su momento Más Madrid.
El Partido Socialista también gobierna en Bruselas, con el Consistorio en manos de Philippe Close desde 2017. Las derechas no han ganado en la capital belga desde el cambio de siglo. El centroizquierda tiene además la Alcaldía de Viena desde los años 90. Michael Ludwig salió reelegido en las elecciones municipales de 2025 y pronto cumplirá una década con el bastón de mando. Los socialistas encadenaron más de un siglo de mandatos ininterrumpidos en Copenhague, hasta que en 2026 llegó al poder Sisse Marie Welling, de la Izquierda Verde. La regidora selló un pacto con el resto de las fuerzas progresistas de la ciudad y lidera la lucha contra la crisis climática, mientras legisla a favor de la vivienda pública y asequible en la capital danesa.
En Ámsterdam, la fotografía es bastante similar. Femke Halsema llegó a la Alcaldía en julio de 2018 y fue reelegida para un segundo mandato en 2024. La dirigente forma parte de la Izquierda Verde y tomó el relevo de los sucesivos gobiernos del Partido del Trabajo, ubicado en el centroizquierda. Halsema lidera los debates sobre la regulación de las drogas y se ha posicionado en contra del turismo masivo, además, tiene el cargo de presidenta del Pact of Free Cities, una alianza internacional de alcaldes y alcaldesas dedicada a defender los valores democráticos y el pluralismo frente al auge de los populismos autoritarios y de la extrema derecha. Almeida, mientras tanto, concedió la Medalla de Honor de Madrid a la Comunidad Judía en pleno genocidio de Gaza y volvió a coronarse este año al entregar la misma condecoración a los Estados Unidos de Donald Trump en plena campaña de agresiones ilegales a Irán o Venezuela.
Las dos únicas excepciones -además de Madrid- las configuran Berlín y Lisboa. Y ambos casos tienen sus matices. Kai Wegner se convirtió hace cuatro años en el primer alcalde conservador de la capital alemana y puso fin a 22 años de las izquierdas en el Rotes Rathaus. Las próximas elecciones se celebran a finales de septiembre. Los sondeos están bastante ajustados con la CDU y Die Linke en torno al 20%. La formación de izquierdas duplica en cualquier caso sus expectativas con respecto a la última convocatoria electoral. Los Verdes y la extrema derecha de AfD también se mueven en porcentajes similares (18%). En Lisboa, el centroderecha de Carlos Moedas gobierna desde 2021, pero el paso de las izquierdas por el Consistorio no fue circunstancial, como ocurrió en Madrid con Manuela Carmena. Los predecesores del actual regidor fueron los socialistas Fernando Medina (2015-2021) y António Costa (2007-2015).
¿Cuál es la solución para recuperar Madrid?
Las fuentes consultadas por este medio coinciden al poner sobre la mesa las dificultades para terminar con la hegemonía de los populares en Madrid y, al mismo tiempo, con la condición de «referente» para las derechas de toda Europa. La solución pasa en cualquier caso por construir una alternativa sólida y crítica con la gestión de Almeida que consiga conectar con el grueso de los votantes de la capital, una alternativa que ahora mismo, insisten los expertos, no parece germinar ni en el PSOE ni en Más Madrid. «La alternancia no es imposible, pero a corto plazo resulta complicada. La izquierda necesita liderazgos estables y transversales que eviten la volatilidad de candidaturas, resulta imprescindible formular un proyecto deseable de ciudad centrado en las necesidades materiales de los vecinos (vivienda, sanidad, zonas verdes y cuidados), presentado no desde la restricción o la superioridad moral, sino como una propuesta positiva de calidad de vida», desliza Anna López Ortega.
«El PP ha conseguido que tanto el alcalde como la presidenta Ayuso confronten directamente con Moncloa en lugar de hablar de cuestiones autonómicas. Y la izquierda necesita romper esa lógica, ser, quizá, un poco más madrileñocentrista, para neutralizar los intentos por desviar la atención y conseguir que se hable de los problemas de los madrileños», continúa Guillermo Fernández Vázquez. «La izquierda no puede limitarse a criticar la prepotencia o el absolutismo de Almeida, necesita construir un relato propio que conecte con los problemas reales de los madrileños y no sólo señalando, sino también definiendo y confrontando los dos grandes males que azotan a la ciudad que son el acceso a la vivienda y el deterioro de los servicios públicos», sentencia María José Vicente. Los sondeos, de momento, vuelven a darle la victoria a Almeida y sitúan a Rita Maestre y Reyes Maroto entre seis y siete puntos por debajo de la suma que necesitarían para alcanzar Cibeles. La batalla definitiva se dará en la primavera de 2027.
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