Stella Tzani, profesora asociada de economía en la Universidad Kapodistrian de Atenas, Grecia, explora la necesidad de cooperación e igualdad en la transición hacia la energía limpia.
La transición a la energía limpia en Europa se está acelerando. En 2025, la energía eólica y solar alcanzarán el 30% de la electricidad de la UE, superando por primera vez a la energía fósil (29%). Sin embargo, los beneficios y costos de la descarbonización siguen distribuidos de manera desigual entre regiones y comunidades.
En 2025, 92,7 millones de personas (20,9% de la población) en la UE estarán en riesgo de pobreza o exclusión social. La transición energética de Europa sólo tendrá éxito si fortalece la cohesión social, la competitividad industrial y la gobernanza inclusiva.
Políticas e inversiones que enfatizan la equidad y la cohesión para una transición energética exitosa
La Unión Europea ha logrado avances significativos hacia la transición hacia la energía limpia. La adopción de energías renovables se está acelerando, la dependencia de los combustibles fósiles está disminuyendo y las tecnologías limpias están remodelando los sistemas industriales. Sin embargo, la transición sigue siendo muy desigual en toda la región europea. Las regiones dependientes del carbón, los grupos industriales intensivos en carbono y las zonas rurales siguen enfrentando presiones económicas y sociales desproporcionadas relacionadas con la descarbonización.
Los desafíos de la transición energética en la UE van más allá de las meras cuestiones técnicas y medioambientales. Surgen cada vez más como sociales, territoriales e institucionales. Sin un apoyo específico, la transición hacia la energía limpia corre el riesgo de profundizar las desigualdades regionales, aumentar la pobreza energética y alimentar la desconfianza política.
Una transición justa está en el centro de la política energética y climática y es una condición previa para el éxito a largo plazo. Las políticas e inversiones orientadas a la cohesión, cuando se combinan con el apoyo institucional y la participación local, pueden generar importantes beneficios para el desarrollo regional. Sin embargo, el impacto no se produce automáticamente. Los beneficios varían ampliamente según la región, dependiendo de la calidad de la gobernanza, la capacidad de absorción y los planes de desarrollo a largo plazo.
La importancia de una gobernanza inclusiva
Una transición justa no puede diseñarse únicamente desde arriba hacia abajo. Los ciudadanos, los gobiernos locales, los trabajadores, las empresas, las universidades y las organizaciones de la sociedad civil deben participar en la configuración del camino de la transición energética. La gobernanza inclusiva aumenta la legitimidad de las políticas, fortalece la confianza pública y aumenta la eficacia de la implementación.
Esto es particularmente importante en regiones donde las políticas energéticas y climáticas se imponen desde afuera o se perciben como socialmente desiguales. Las comunidades que experimentan desindustrialización a menudo asocian la regulación ambiental con la pérdida de empleo y la inestabilidad económica. La gobernanza participativa puede ayudar a abordar estas preocupaciones estableciendo la apropiación local de las estrategias de transición y garantizando que las inversiones respondan a las necesidades locales.
Las universidades y los institutos de investigación desempeñan un papel importante en este proceso. Más allá de la innovación tecnológica, contribuimos a los ecosistemas de conocimiento locales, la formulación de políticas basadas en evidencia y el desarrollo de capacidades. La investigación interdisciplinaria que conecta la política climática, la economía, los sistemas energéticos y la justicia social es esencial para diseñar políticas ambientalmente efectivas y socialmente justas.
Prioridades para una transición justa como camino para la transformación de Europa
Una transición justa en Europa podría servir como una estrategia de desarrollo innovadora que fortalezca la resiliencia regional, la competitividad industrial y la inclusión social. Varias prioridades ayudarán con este objetivo final. En primer lugar, las inversiones deben estar geográficamente equilibradas y alineadas con las necesidades de desarrollo local. Además, la inversión social debe ir acompañada de cambios tecnológicos, en particular a través de la educación, las capacidades y los servicios públicos. Finalmente, el marco de gobernanza debe fortalecer la participación, la transparencia y la coordinación institucional en los niveles europeo, nacional y regional.
Este editorial de opinión se produjo en colaboración con la Semana Europea de la Energía Sostenible (EUSEW), el mayor evento anual dedicado a las energías renovables y el uso eficiente de la energía en Europa. #EUSW2026 cumple 20 años y una vez más reúne a una comunidad de personas interesadas en construir un futuro energético seguro y limpio para las generaciones venideras.
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