Las inundaciones, las sequías, las olas de calor y los incendios forestales ya drenan decenas de miles de millones de euros de la economía europea cada año.
Una nueva conferencia de prensa de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) deja claro que acelerar la inversión en adaptación climática en la agricultura, la energía y el transporte ya no es una opción, sino que es esencial para salvaguardar la prosperidad y la competitividad de Europa.
¿Qué significa realmente la adaptación climática?
La adaptación climática se refiere al ajuste de sistemas, infraestructura y prácticas para reducir la vulnerabilidad a los impactos del cambio climático y hacer frente a sus inevitables consecuencias.
A diferencia de la mitigación, que se centra en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la adaptación climática acepta que cierto grado de cambio climático ya está presente y pretende limitar sus daños.
La adaptación en la agricultura incluye pasar a cultivos más tolerantes a la sequía, mejorar la salud del suelo para retener el agua y modernizar los sistemas de riego para utilizar el agua de manera más eficiente.
En el sector energético, estas incluyen fortalecer la red eléctrica contra el calor y las tormentas, diversificar las fuentes de energía renovables y proteger la infraestructura energética costera del aumento del nivel del mar.
En el caso del transporte, la adaptación climática puede significar rediseñar carreteras y ferrocarriles para soportar temperaturas más altas, fortalecer la infraestructura en áreas propensas a inundaciones y fortalecer los puertos contra las marejadas ciclónicas.
Estas medidas no son sólo medidas defensivas. Cuando se diseñan adecuadamente, los sistemas pueden modernizarse, mejorar la eficiencia y respaldar la resiliencia económica a largo plazo.
Se está convirtiendo en norma que los fenómenos meteorológicos extremos generen costes elevados.
Solo entre 2021 y 2024, los fenómenos meteorológicos extremos le costarán a Europa entre 40.000 y 50.000 millones de euros al año. Durante el largo período comprendido entre 1980 y 2024, las pérdidas económicas directas ascendieron a aproximadamente 822 mil millones de euros, las pérdidas anuales más altas de los últimos años.
Estas cifras solo reflejan pérdidas directas, como infraestructura destruida, cultivos dañados y redes de transporte interrumpidas. Los impactos económicos más amplios, como las interrupciones de la cadena de suministro y las pérdidas de productividad a largo plazo, aumentarán aún más los costos reales.
La explicación de la AEMA enfatiza que la agricultura, la energía y el transporte están a la vanguardia de los impactos climáticos.
Los cultivos están cada vez más expuestos a la sequía y al estrés por calor, y los sistemas eléctricos enfrentan mayores demandas de enfriamiento y riesgos para la generación de energía y la red.
Al mismo tiempo, la infraestructura de transporte es vulnerable a las inundaciones, los daños causados por el calor y la erosión costera. A medida que los fenómenos meteorológicos extremos se intensifican, también lo hacen los riesgos financieros para estos sectores críticos.
Brecha de inversión en adaptación climática
Según la AEMA, será necesario aumentar significativamente el gasto para que estos sectores sean resilientes al clima.
Para 2050, se necesitarán inversiones de entre 53.000 y 137.000 millones de euros al año, dependiendo de si el calentamiento global se mantiene entre 1,5 y 2°C o aumenta a 3°C por encima de los niveles preindustriales. Para 2100, estas cifras anuales podrían aumentar de 59 000 millones de euros a 173 000 millones de euros.
Sin embargo, se estima que actualmente sólo se gastan entre 15.000 y 16.000 millones de euros al año en adaptación al cambio climático en agricultura, energía y transporte. La mayor parte proviene de fondos públicos a nivel de la UE, nacional y regional, lo que pone de relieve el desafío de movilizar suficiente capital privado.
Si no se cierra esta brecha, Europa corre el riesgo de aumentar las pérdidas futuras que superan con creces los costos de actuar ahora.
Por qué la adaptación al cambio climático es económicamente beneficiosa
Uno de los argumentos más fuertes a favor de la adaptación climática es el retorno de la inversión. Una investigación realizada por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea muestra que adaptarse al creciente riesgo de inundaciones costeras en la UE puede generar beneficios de alrededor de 6 euros por cada 1 euro gastado.
El Instituto de Recursos Mundiales descubrió que a nivel mundial, cada dólar invertido en adaptación genera un retorno de más de 10,50 dólares en 10 años, con un retorno promedio del proyecto del 27%.
La EEE también apunta a un marco económico más amplio que ayuda a explicar estos beneficios. La adaptación a menudo genera un “doble dividendo” al mitigar los riesgos climáticos y al mismo tiempo apoyar la sostenibilidad y la reducción de emisiones.
Las soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de humedales, son un excelente ejemplo, ya que protegen contra las inundaciones y al mismo tiempo almacenan carbono. En algunos casos, la adaptación no sólo evita pérdidas, sino que también estimula el crecimiento económico y proporciona un “triple dividendo” con beneficios sociales y ambientales.


Prueba de competitividad para Europa
El mensaje de la AEMA es claro. Retrasar la adaptación climática le costará a Europa mucho más que actuar con decisión ahora.
Invertir en agricultura, energía y transporte resilientes al clima no solo reducirá las crecientes pérdidas causadas por fenómenos climáticos extremos, sino que también fortalecerá la seguridad alimentaria, protegerá los sistemas energéticos y mejorará la confiabilidad de las redes de transporte.
A medida que aumentan los riesgos climáticos, la capacidad de adaptación de Europa determinará cada vez más su desempeño económico. La adaptación al clima, que alguna vez fue considerada un objetivo político secundario, se está convirtiendo rápidamente en la base de la futura competitividad de Europa.
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