Jennifer Holmes, directora ejecutiva de London Internet Exchange, explora la resiliencia y preparación de la infraestructura digital de Europa.
La historia de la infraestructura digital de Europa se mide cada vez más por la velocidad móvil. La velocidad del despliegue de 5G, los picos y retrasos del mapa de cobertura, y el potencial y la promesa del despliegue de 6G son los indicadores más sólidos de innovación, pero esta historia móvil sólo toca la superficie.
Detrás de cada llamada exitosa, cada flujo y cada flujo de trabajo impulsado por IA se encuentra una capa de infraestructura menos visible pero mucho más importante: una malla de fibras, interconexiones de red e infraestructura troncal que transporta el tráfico digital a través de ciudades, fronteras y continentes.
La conectividad futura de Europa dependerá no sólo de ondas de radio más rápidas, sino también de qué tan bien funcione y pueda escalar esta infraestructura subyacente. Lo más importante es que se puede hacer de forma segura, resiliente y exhaustiva. A medida que la demanda de inteligencia artificial (IA), servicios en la nube, transmisión de medios, sistemas de ciudades inteligentes e infraestructura pública crítica continúa acelerándose, la resiliencia de estas redes se ha convertido en un imperativo estratégico.
Más allá del mástil móvil
Mientras Europa se prepara para el lanzamiento de 5G y el lanzamiento de 5G mejorado, así como de la nueva tecnología 6G, la atención del público se centra en los mapas de cobertura y las velocidades principales. Lograr la conectividad de red resiliente y de alta capacidad que requiere la economía digital actual requiere algo más que depender de un acceso inalámbrico más rápido.
La base del futuro digital de Europa reside en la infraestructura de Internet subyacente que transporta de forma fiable el tráfico entre ciudades, regiones y en alta mar. Estas redes son responsables de todo, desde la IA basada en la nube hasta la informática de punta, los servicios de streaming, la realidad virtual y los servicios remotos previstos por 6G.
El trabajo de estandarización para la transición 6G comenzó el año pasado, con el objetivo de implementar 6G cerca de 2030, pero esto sigue estando subestimado en las discusiones sobre políticas de conectividad. Para que los servicios digitales de alto rendimiento se conviertan en la norma, Europa debe garantizar que las redes bajo los pilares sean sólidas, escalables y capaces de manejar un crecimiento de tráfico sin precedentes.
Esto significa priorizar la infraestructura de interconexión que mantenga los flujos de datos lo más locales posible, mejorando la latencia y reduciendo la dependencia de rutas de transporte distantes. Esto es exactamente lo que garantizará que los usuarios obtengan un valor real de las tecnologías de acceso de próxima generación.
resiliencia a escala
Los mayores indicadores del éxito de la infraestructura digital de Europa provendrán de momentos de alta demanda digital que afectan a millones de personas en todo el mundo, no sólo a los patrones de tráfico cotidianos. Se espera que la red absorba los picos de demanda sin degradación del rendimiento ni riesgo sistémico, especialmente durante momentos de participación masiva en eventos en vivo o durante emergencias públicas.
La resiliencia de la red se ha convertido en una necesidad estratégica y ahora se considera esencial para la seguridad nacional, la continuidad económica y el bienestar público. Un informe reciente destaca que la conectividad segura sustenta hoy no solo la actividad económica sino también la preparación para la defensa y los servicios nacionales críticos, desde los sistemas de salud y energía hasta la respuesta de emergencia y la logística, y que una resiliencia inadecuada está poniendo a las poblaciones y a las instituciones en mayor riesgo.
La resiliencia del mundo real a escala depende de la diversidad y redundancia de su arquitectura de red. Una única ruta sobrecargada o un enlace insuficientemente aprovisionado pueden provocar fallos más amplios. Lo que está en juego no hace más que aumentar a medida que las aplicaciones exigen baja latencia, alta disponibilidad y experiencias de usuario perfectas.
Tanto los formuladores de políticas como los operadores deben pensar más allá de las actualizaciones individuales de las radios móviles y considerar cómo todo el ecosistema, incluidas las redes troncales submarinas y transfronterizas, los centros de interconexión y los acuerdos regionales de peering, contribuye a una infraestructura resiliente que pueda resistir tanto el crecimiento predecible como los aumentos repentinos.
Brecha digital en toda Europa
A pesar de los avances significativos, el panorama digital de Europa está lejos de ser homogéneo, con indicadores de conectividad como las velocidades de banda ancha, la cobertura de fibra y la penetración de 5G que varían ampliamente entre países y regiones, lo que pone de relieve las brechas digitales persistentes que corren el riesgo de afianzar las desigualdades económicas y sociales.
Aunque algunos Estados miembros han logrado un despliegue casi universal de redes avanzadas, las zonas rurales y remotas en particular van a la zaga de los centros metropolitanos tanto en acceso como en calidad de conectividad. Estas disparidades no son sólo tecnológicas; impactan dónde están ubicadas las empresas, cómo se prestan los servicios públicos y si las comunidades pueden participar plenamente en la economía digital.
Abordar estas brechas está en el centro de los objetivos de la Década Digital de la Unión Europea para 2030, que apuntan a la conectividad gigabit universal y una cobertura 5G integral en áreas densamente pobladas. Sin embargo, las autoridades reconocen que los marcos existentes están fragmentados, y que los mercados internos y los sistemas regulatorios crean barreras a la inversión y la ampliación transfronterizas. La Ley de Redes Digitales (DNA, por sus siglas en inglés) propuesta recientemente es el intento más ambicioso de Europa en años para modernizar las reglas que rigen la infraestructura digital, haciéndolas más simples y armonizadas entre los estados miembros, facilitando así la inversión en redes avanzadas de fibra y móviles.
Sin una acción concertada, la inversión desigual en infraestructura corre el riesgo de reforzar las divisiones existentes, dejando atrás a partes de Europa mientras otras regiones luchan por liderar la conectividad, la innovación y el crecimiento económico. No se trata sólo de una cuestión de justicia, sino que va directamente al meollo de si el mercado único digital puede funcionar de manera eficiente y justa tanto para las personas como para las empresas.
Perspectiva paneuropea
La capacidad de Europa para competir en la economía digital global dependerá cada vez más de las decisiones que se tomen hoy en materia de infraestructura, regulación y cooperación. Para seguir siendo un actor global confiable, los formuladores de políticas y los líderes de la industria deben centrarse en algunas prioridades estrechamente relacionadas.
La armonización regulatoria y la previsibilidad son esenciales. Las normas nacionales fragmentadas siguen ralentizando el despliegue transfronterizo de redes críticas, aumentando los costes y la complejidad para los operadores que buscan expandirse por toda la UE. La Ley de Redes Digitales tiene como objetivo abordar esta cuestión simplificando el marco regulatorio y fortaleciendo el mercado único de conectividad, permitiendo a las empresas operar en toda la UE a través de un registro único y reduciendo las cargas administrativas.
Las inversiones también deben ir más allá de la tecnología de acceso para incluir los sistemas subyacentes que mantienen la red en funcionamiento. Los estándares de seguridad comunes y los planes de preparación más sólidos ya son parte de esfuerzos más amplios de resiliencia digital y son esenciales para garantizar que las redes puedan resistir los ataques cibernéticos, los desastres naturales y la agitación geopolítica sin una interrupción significativa del servicio.
Por último, cerrar la brecha digital debe seguir siendo un objetivo político fundamental. Herramientas de financiación específicas, como el Fondo Europeo para la Conectividad (MCE), han desempeñado un papel importante a la hora de garantizar la seguridad de la infraestructura digital transfronteriza de alta capacidad. Un enfoque paneuropeo reconoce la conectividad como una infraestructura estratégica a la par de la energía y el transporte, esencial para mantener a Europa competitiva, conectada y segura durante la próxima década.
Este artículo también se publicará en el número 25 de la revista trimestral.
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