Una nueva investigación de la Universidad de Adelaida ha descubierto que incluso niveles bajos de sustancias químicas PFAS en el agua del grifo (niveles actualmente considerados seguros) pueden inhibir gravemente el desarrollo embrionario.
El estudio, realizado en ratones hembra, sugiere que la exposición rutinaria puede causar daños reproductivos permanentes y que los efectos potenciales pueden extenderse de generación en generación.
Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, comúnmente conocidas como PFAS, son sustancias químicas sintéticas ampliamente utilizadas y valoradas por su resistencia al calor, el agua y el aceite.
Sin embargo, su persistencia en el medio ambiente provoca una contaminación generalizada, incluso en el suministro de agua potable.
El estudio, financiado por la Fundación de Investigación Infantil Channel 7 y publicado en la revista Environment Research, representa una contribución significativa para comprender cómo los contaminantes ambientales afectan el desarrollo embrionario.
Sustancias químicas comunes, exposición extensa
Este estudio se centró en los tres compuestos de PFAS detectados con mayor frecuencia en los suministros de agua: PFOS, PFOA y PFHxS.
Se recogieron muestras de agua del distrito comercial central de Adelaida y de varias residencias urbanas y se calibraron para reflejar concentraciones urbanas típicas.
Dada la prevalencia global de PFAS y su presencia actual en el agua, los alimentos y el suelo, este descubrimiento tiene relevancia mucho más allá de una sola región. Estos químicos no se descomponen fácilmente, por lo que la exposición es continua y acumulativa.
Daños mensurables en tan solo unas semanas
Los investigadores observaron los efectos de la exposición a PFAS alimentando a ratones con agua del grifo que contenía trazas de estos químicos durante cuatro semanas y seis meses.
Los hallazgos fueron consistentes y preocupantes, ya que incluso las exposiciones a corto plazo perjudican el desarrollo embrionario.
La autora principal del estudio, la Dra. Yasmin Winstanley, informó que después de sólo cuatro semanas, los embriones habían reducido el número de células y la función celular. El daño al ADN también fue evidente y tuvo un impacto directo en la viabilidad del embrión.
Las alteraciones en estas primeras etapas representan vulnerabilidades importantes durante el desarrollo embrionario, e incluso la más mínima interferencia química puede tener profundas consecuencias biológicas.
El riesgo se ve amplificado por la exposición a largo plazo
Los efectos se volvieron más pronunciados con períodos de exposición más prolongados. Después de seis meses, el peso fetal de las crías de ratón expuestas se redujo significativamente.
Este no es un descubrimiento trivial. El bajo peso al nacer está fuertemente asociado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas en el futuro, incluidas la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
El estudio también reveló un patrón más preocupante. En otras palabras, el daño asociado con la exposición a las PFAS no se limitó a la generación directamente expuesta.
Las anomalías del desarrollo parecieron persistir en la siguiente generación, afectando incluso a su hija y a su nieta.
Esto sugiere que los cambios genéticos pueden estar involucrados en los efectos sobre el desarrollo embrionario, lo que genera preocupaciones generalizadas sobre la salud de la población con el tiempo.
Los efectos persisten a pesar de la intervención
Uno de los aspectos más impresionantes del estudio es que el daño observado fue irreversible.
Incluso después de que se detuvo la exposición a las PFAS o se introdujeron tratamientos antioxidantes, los efectos negativos sobre el desarrollo embrionario persistieron.
La profesora Rebecca Lobker, autora principal del estudio, destacó las implicaciones. Este estudio modeló la exposición a PFAS en concentraciones consistentes con los estándares regulatorios de seguridad actuales, pero aún así encontró un daño biológico claro.
Esta desconexión entre los umbrales regulatorios y los resultados observados resalta posibles brechas en cómo se definen y monitorean los niveles de exposición «seguros».
La filtración proporciona protección parcial.
Sin embargo, había una vía de mitigación notable. El estudio incluyó pruebas con agua filtrada y descubrió que la filtración con carbón eliminó eficazmente los PFAS de las muestras. Esto evitó la contaminación del modelo animal y protegió el desarrollo embrionario.
Aunque no es una solución completa, representa pasos prácticos que pueden reducir la exposición individual y al mismo tiempo abordar medidas regulatorias y ambientales más amplias.
Se necesitan normas más estrictas y más investigación
Los autores del estudio afirman que sus hallazgos resaltan la necesidad de estándares de calidad del agua más estrictos y una mayor conciencia pública sobre la exposición a PFAS.
También enfatizan la importancia de continuar la investigación sobre tecnologías que puedan eliminar más eficazmente estas sustancias de los suministros de agua.
La siguiente etapa de la investigación se centrará en mejorar los métodos de tratamiento del agua para prevenir los daños reproductivos y generacionales identificados en este estudio.
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